El Tourmalet

Superman y las sabias palabras de Induráin

A veces hay persecuciones que no merecen la pena porque la captura se hace imposible y es mejor levantar el pie

Miguel Ángel López, en la etapa de la Vuelta que rodó por Extremadura.

Miguel Ángel López, en la etapa de la Vuelta que rodó por Extremadura. / MOVISTAR TEAM

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Ya hace muchos años, casi como si formase parte de una galaxia muy lejana, los periodistas catalanes que nos dedicamos al ciclismo organizábamos un critérium, es decir una carrera entre amigos, eso sí con dorsal a la espalda, a la que invitábamos tanto a exciclistas profesionales como a corredores catalanes que en aquella época, a finales de la década de los 90 del siglo pasado -qué lejos suena- formaban parte del pelotón internacional.

Primero se celebró en la pequeña localidad de Olost, cercana a Vic, y después se disputó en Torrelavit donde están las bodegas de Segura Viudas, que patrocinaba el evento. Corrieron profesionales de la época, hoy ya lógicamente retirados como Melcior Mauri, Juan Antonio Flecha, Ángel Edo, Israel Núñez y un Isaac Gálvez que siempre tendrá un hueco en nuestros corazones. Y hasta conseguimos que Andrés Jiménez, que se acababa de retirar como estrella del básquet azulgrana, se subiera a una bici con lo alto que era.

Nunca falló Pedro Delgado, también vinieron Ángel Arroyo, Pedro Muñoz, Miguel Ángel Iglesias y José Luis Laguía. Hasta en una ocasión dejó su Mancha natal Pepe del Ramo, al que todos llamamos ‘El Gato’, y que fue el gran artífice con su ataque en la victoria que Perico consiguió en Luz Ardiden durante el Tour de 1985.

Cámaras y artistas

En una ocasión una pequeña gestión, muy pequeñita la verdad, sirvió para animar a Miguel Induráin. Vino con su familia y aprovechó el viaje para hacer un poco de turismo por Barcelona. Se acercó hast Olost con su Pinarello. Los vecinos del pueblo alucinaban. Todos nos cambiábamos en los vestuarios del campo de fútbol. Vinieron las cámaras de TVE y de TV3. ¡Hasta tuvimos mossos d’esquadra regulando el tráfico! Esos mismos vecinos se situaron en puntos estratégicos del circuito por el que se daban dos vueltas. Parecía una etapa del Tour. O eso nos creímos todos, sobre todo porque era una fiesta y un honor poder compartir pelotón con Induráin y Delgado.

Se dio la salida. Como lo quisimos hacer tan bien, decidimos que hubiese recorrido neutralizado y todo; salir del pueblo, coger la carretera buena e irnos hacia el pico de montaña que servía para calentar las piernas. Pepe del Ramo, en el neutralizado, animaba a este periodista a que atacase, algo que por supuesto no se debe hacer. Pero como la carrera terminaba con una barbacoa y quien escribe estas líneas se calentó enseguida, demarró en el neutralizado que, por cierto, era el único sitio donde podía hacerlo.

La sorpresa

Pero, ¿cuál fue la sorpresa? La sorpresa fue que quien respondió al ataque, y en el neutralizado, fue nada menos que Induráin, que solo necesito un pequeño suspiro para capturar a este periodista. Miguel hizo un gesto con la mano, indicando que siguiera su rueda. “¡Miguel, como en Lieja con Bruyneel!”, (*) fue casi un grito de desesperación, entre la asfixia y la emoción. “Calla y sigue”, respondió Induráin. El sigue, contaré a mis nietos, fueron 500 metros, pero la realidad que explico a los lectores de este blog a los que no se puede engañar es que si llegó a 50 metros fue todo un éxito.

Ya no había neutralizado que valiera la pena. Todos se lanzaron tras Induráin. Todos pasaron a este periodista que se quedó más solo que la una. Solo se veía asfalto de por medio y de Induráin y su grupo en el que iban Delgado, Muñoz e Iglesias, entre otros pocos, ni la sombra.

Este periodista se esforzó. Bebía del botellín, se levantaba de la bici y al cabo de unos pocos kilómetros, alucina vecina, parado junto al arcén, apareció Induráin, que ya se había divertido un poco y que vio a este periodista extenuando y tirando, según sus fuerzas, muchas para él y pocas para los demás, intentando lo imposible de capturar a los fugados.

La frase

Induráin se montó a la bici y se puso al lado. “Deja de tirar, que no vale la pena. No los vas a pillar. O sea que levanta el pie y disfruta”. Le faltó añadir, “disfruta de la compañía” del tremendísimo placer de compartir unos kilómetros en bici junto al más grande ciclista español de la historia.

Hoy me ha venido a la memoria esta historia, pero no para presumir de haber compartido una jornada ciclista con Miguel o con Perico, sino por las sabias palabras de Induráin. “Deja de tirar, que no vale la pena”.

La comparación

Por supuesto, que este periodista no se bajó de la bici y lo tiró todo por la borda. Tampoco es que nunca se haya ganado la vida pedaleando sino escribiendo de quienes sí lo han hecho subiendo y bajando puertos por el Tour, la Vuelta o el Giro.

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Pero el “deja de tirar, que no vale la pena”, o de forma parecida, fue el mensaje que el sábado recibió Miguel Ángel López, con la capa de Superman agujereada, por parte de Eusebio Unzué sabedor, salvando las tremendas y absolutas diferencias, que no merecía el esfuerzo, ni en una etapa de la Vuelta, ni como dijo Induráin hace unos cuantos años en una carrera más estilo romería, porque el sábado en la Vuelta todos sabían, posiblemente salvo un Superman salido de sus casillas, que la captura con los fugados era misión imposible, incluso para Primoz Roglic si se hubiese encontrado cortado en su misma situación.

(*) En 1995 Miguel Induráin atacó en un repecho durante la etapa del Tour que acababa en Lieja, el día antes de la primera gran contrarreloj. Se llevó a rueda al ciclista belga Johan Bruyneel, años más tarde director de Lance Armstrong, que consiguió el triunfo. Fue una de los movimientos más famosos del campeón navarro camino de su quinta y última victoria en París.