El Tourmalet

Un ciclismo español sin clase media

Faltan corredores para tirar del pelotón y sobre todo para conseguir triunfos de etapa

El pelotón de la Vuelta, en los primeros kilómetros de la etapa reina.

El pelotón de la Vuelta, en los primeros kilómetros de la etapa reina. / LA VUELTA / PHOTOGOMEZ SPORT

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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¿Qué es la clase media en el ciclismo? Son aquellos corredores imprescindibles porque tiran, como dicen los ciclistas, del carro. Los que son capaces también, si es necesario, de bajar a los coches auxiliares a por bidones. Son los corredores que se ponen 25 kilómetros como locos, con todos los corredores en fila india a su estela. Y son, sobre todo, los que dejan a los líderes en una etapa de alta montaña a pocos kilómetros de la cima, justo cuando les dicen los jefes que van a lanzar el ataque.

Durante muchos años el ciclismo español se había identificado por tener una clase media magnífica, de las mejores del mundo. Eran corredores que brillaban en el principal equipo español. Eran ciclistas admirados, fichados por los grandes conjuntos de la competencia. Y eran, sobre todo, especialistas en ganar etapas, en colarse en una escapada y hasta, si se daba el caso, liderar al equipo en una clásica y en una pequeña ronda por etapas.

Algunos ejemplos

Hay magníficos ciclistas retirados estos últimos años, admirados miembros de la clase media mundial. Vienen enseguida los nombres de Juan Antonio Flecha, ya retirado, o Mikel Nieve, que aunque sigue en activo, corre lejos de ese esplendor que lo llevó a ser fichado por el Sky. Y en la clase media actual están Jonathan Castroviejo, en el Ineos, o Pello Bilbao, en el Bahrein y los hermanos Izagirre, Ion y Gorka. Pero, en general, el ciclismo español se está quedando sin esa clase media. Y, en particular, el Movistar, ha perdido buena parte de esa clase media que necesitan ciclistas como Enric Mas, Superman López y evidentemente Alejandro Valverde.

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Y es aquí donde extraña que Marc Soler, que se reconvertirá en gregario al fichar por el UEA y ponerse a las órdenes de Tadej Pogacar en el afán del prodigio esloveno para ganar un tercer Tour consecutivo, haya preferido irse de doméstico a otro equipo que quedarse en idéntica función en el Movistar, sabedor que seguiría teniendo oportunidades en muchas carreras y hasta el permiso de buscar el triunfo de etapa, como el que consiguió el año pasado en la Vuelta, la última victoria del conjunto de Telefónica en una carrera de tres semanas, al margen de lo que ocurra hasta el final de la ronda española.

Muchas veces para tirar del carro es necesario disponer de esa gran clase media que, en líneas generales, ha perdido el ciclismo español. Por eso, no se consiguen tampoco triunfos de etapa; ninguno, hasta ahora en las tres grandes. Y, en particular, apenas se llena de victorias el casillero del Movistar cuando bloques potentes como el Deceuninck, el UEA, el Ineos, el Jumbo y el Bahrein se salen de la lista.