Movilidad

El carril bici de Via Augusta estrangula la entrada de coches a Barcelona desde el Vallès

El ayuntamiento aspira a que el tráfico caiga entre un 3% y un 5% para que la circulación sea la de antes de perder un vial para tráfico privado

via augusta

via augusta / Laura Guerrero

Carlos Márquez Daniel

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El título podría ser otro, sin duda. Algo así como 'la bici gana un carril en Via Augusta, fundamental para muscular la red ciclista de Barcelona'. Y ambas visiones tendrían razón. Esta infraestructura es una buena metáfora de la dicotomía en la que se encuentra la ciudad, entre planificar de puertas adentro o priorizar los intereses de los que a diario vienen de fuera, muchos de los cuales lo hacen en vehículo privado. No hay duda de que los gestores de la cosa pública tratan de maridar ambos asuntos (aunque los votos salen de donde salen, eso también es cierto), pero hay ocasiones en las que el equilibrio es casi imposible. Es un hecho que la eliminación de un carril para coches entre la salida del túnel de Vallvidrera y la Ronda del Mig -también hasta la plaza de Molina, pero resulta menos sangrante- ha elevado la congestión de este tramo, ya de por sí abultada en las horas punta. El problema es que ahora los atascos, o la sensación de atasco, se percibe durante buena parte del día. Al fin y al cabo, los coche y el bus tienen un 33% menos de espacio (también en sentido montaña) sin que el paso de vehículos haya decrecido. El ayuntamiento, sin embargo, aspira a que decaiga entre un 3% y un 5% para que, junto con algunos cambios semafóricos, las cosas vuelvan a ser como antes.

Via Augusta, a la altura de Vergós. Aquí se ve con claridad cómo a la altura de Mitre, al fondo, la cosa ya se aclara porque muchos giran a la izquierda. En construcción, el carril bici

Via Augusta, a la altura de Vergós. Aquí se ve con claridad cómo a la altura de Mitre, al fondo, la cosa ya se aclara porque muchos giran a la izquierda. En construcción, el carril bici / Laura Guerrero

La decena de personas consultadas, habituales de la zona en vehículo privado, coinciden en que las cosas están mucho más complicadas que antes. Vaya por delante que esto no tiene vocación de encuesta, sino este diario preguntaría también a peatones, que son la mayoría, y a ciclistas, por supuesto. El estrangulamiento de carriles afecta a la Via Augusta, pero también a los coches que desembocan en esta arteria. Señala Adrià Gomila, director de Movilidad del Ayuntamiento de Barcelona, que ahora la situación "puede ser peor también por culpa de las obras del propio carril bici". Siempre que se trabaja en la vía pública, señala, "el tráfico lo sufre y crece la congestión".

Las quejas

Escuchemos a los damnificados. "Vengo cada día desde Vergós para incorporarme a Via Augusta porque tengo que ir a buscar Mitre. Si antes tardaba 10 minutos en recorrer ese tramo, ahora me puedo tirar 20". "Subo por Cardenal Sentmenat para cruzar Via Augusta, pero ahora siempre hay coches que vienen de los túneles de Vallvidrera que se quedan en mitad del paso y no hay manera de ir al otro lado para subir a la Bonanova". "Pagamos una pasta para ir por el túnel y evitarnos la autopista, pero empiezo a pensar que ya no vale la pena. Siempre con esa sensación de que Barcelona no quiere que vengamos en coche a trabajar. Que yo sepa, no está prohibido". Y un último: "Estoy de acuerdo en facilitarle las cosas a la bici, pero no a costa de los demás, y menos en un punto de acceso a la ciudad tan importante". Todos giran en torno a lo mismo: se les ha complicado la movilidad. Su tipo de movilidad.

Futura parada de TMB, a la altura de la estación de FGC de Sarrià. El suelo de ajedrez es el carril bici, que comparte espacio con el apeadero de bus.

Futura parada de TMB, a la altura de la estación de FGC de Sarrià. El suelo de ajedrez es el carril bici, que comparte espacio con el apeadero de bus. / Laura Guerrero

Estas quejas habría que compensarlas con la larga lucha del colectivo ciclista, que lleva casi dos décadas leyendo noticias sobre este prometido carril bici en la Via Augusta, que antes de las elecciones del 28 de mayo ya será una realidad entre la Diagonal y la calle de Dolors Monserdà, con dos pasillos segregados en los extremos de la calzada. Para el siguiente mandato se deja el tramo más alpino, hasta la plaza de Borràs. Se desencalló, en parte, gracias al proyecto de presupuesto participativo impulsado por el Gobierno de Ada Colau, y dispone de un montante de 1,1 millones de euros. Es, sin lugar a dudas, un itinerario fundamental para conectar estos barrios de montaña con la extensa red de carriles bici del Eixample. Lástima, se quejan los ciclistas, que el resultado sea un corredor tan estrecho, por el que de ninguna manera se sentirá a gusto pedaleando un niño o una persona inexperta. Hasta ahora, la única alternativa era mezclarse con los coches o callejear por Tres Torres trazando rutas poco eficientes. Porque sí, los ciclistas también quieren llegar con rapidez a su destino.

Sobre todo, paciencia

Gomila se defiende de las críticas. Primero insiste en el efecto obras y apela a la paciencia y la esperanza de que las cosas vayan a mejor cuando el carril bici segregado se ponga en funcionamiento. Un vial, por cierto, que queda cortado por las paradas de TMB, de manera que los usuarios del transporte público tendrán que ir con mucho cuidado a la hora de subirse al bus desde la marquesina, porque puede venir por la izquierda una bici que, en cualquier caso, no tiene preferencia. Son los problemas de tener una ciudad tan densa y con tantas necesidades por cubrir.

El carril bici, cuando estaba en construcción, en el cruce de la Via Augusta con Mitre. Uno de los puntos más delicados de la arteria

El carril bici, en construcción, en el cruce de la Via Augusta con Mitre. Uno de los puntos más delicados de la arteria / Laura Guerrero

El director de Movilidad se apoya también en las medidas previstas para suavizar la congestión con la pérdida de uno de los tres carriles en sentido Besòs, sobre todo en el tramo más complicado, de Hort de la Vila a Mitre. El ayuntamiento tiene previsto realizar cambios en la semaforización, de manera que el corredor goce de más prioridad. También se ha movido una parada de bus a la altura de Anglí. El tema del bus merecería un artículo a parte, puesto que las paradas de los vehículos de TMB (las líneas V9 y 68), dejan un solo carril de fluidez. Al tener un apeadero justo antes de Mitre, la situación todavía se complica más.

Hay que sumarle la previsión municipal de que el tráfico disminuya entre un 3% y un 5%. ¿Cómo se conseguirá que haya menos coches? Gomila pronostica que habrá conductores que, a la vista de que este itinerario se ha complicado, buscarán otras alternativas para eludir la Via Augusta. Es decir, que los que lleguen por el túnel de Vallvidrera, quizás se desviarán por la salida de Sarrià para ir a buscar Muntaner por la Bonanova. Con todo esto, la conjetura es que la circulación sea exactamente la misma que antes de la supresión de un vial para el tráfico privado.

Nuevos hábitos

Según cifras municipales, entre Vergós y Hort de la Vila pasan a diario (en laborable) 34.500 vehículos de subida (que aún tienen tres carriles porque las obras no han alcanzado este punto de la Via Augusta y unos 32.000 de bajada (ahora, ya, con un vial menos). A la altura de Doctor Roux son unos 30.000 por costado, y una vez pasada la Ronda del Mig, la cosa baja a 25.000 hacia plaza Molina y 28.000 en sentido montaña. Otro de los factores a los que se agarra el consistorio es el cambio de hábitos. Esto es, que no solo haya un cambio de itinerarios, sino que también los conductores modifiquen sus horarios de manera que la hora punta quede más repartida y esponjada, y por ende, el problema sea más elástico. Por último, la esperanza de que haya gente que ahora va en coche y, ante las incomodidades, se pase a la movilidad sostenible o activa. Es decir, que cojan el metro, el bus, que anden o que apuesten por el ciclismo urbano. Lo que sea menos el vehículo privado.

La empresa concesionaria de los túneles de Vallvidrera, que es la misma que explota la galería que atraviesa el Cadí, tiene previsto analizar cómo les afecta el carril bici una vez hayan terminado las obras. A día de hoy pasan por los peajes unos 30.000 vehículos. Por ahora, señala un portavoz, no se ha notado bajón de usuarios. Si se cumple la previsión municipal, algo debería moverse.