El Turó de la Font de la Guatlla sigue a la espera de su regeneración urbanística tras más de 40 años de abandono

El barrio se salvó de la piqueta en 2019 y el ayuntamiento pactó un plan de reforma integral que, tras cuatro décadas sin inversiones, aún no ha cumplido 

Los vecinos reclaman un espacio digno mientras el consistorio culpa a la pandemia del retraso y asegura que las mejoras llegarán en el próximo mandato

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Tras años de abandonó municipal, el urbanismo del Turó de la Font de la Guatlla presenta numerosas deficiencias

Tras años de abandonó municipal, el urbanismo del Turó de la Font de la Guatlla presenta numerosas deficiencias / Ferran Nadeu

Natàlia Farré

Natàlia Farré

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El Turó, nombre por el que se conoce la parte más alta del barrio de la Font de la Guatlla, la que se encarama por la ladera de Montjuïc desde la calle de Chopin hasta la entrada del Poble Espanyol, es un enclave tan bonito como poco cuidado, por no decir abandonado, urbanísticamente hablando. Lo primero se lo da su ubicación privilegiada –las vistas sobre la ciudad son de aúpa- y su formación: la mayoría, casas unifamiliares con un pequeño jardín construidas para alojar a los trabajadores llegados a principios del XX de toda España para trabajar en las fábricas de la zona -Casaramona (actual CaixaForum) y Butsems-, amén de participar en las obras de la Exposició Internacional de 1929. Lo segundo, la dejadez, tiene como razón la espada de Democles que pendió sobre el barrio desde 1976 hasta 2019.  

El Turó de la Font de la Guatlla se extiende por la ladera de Montjuïc, desde la calle de Chopin hasta la puerta del Poble Espanyol.

El Turó de la Font de la Guatlla se extiende por la ladera de Montjuïc, desde la calle de Chopin hasta la puerta del Poble Espanyol. / Ferran Nadeu

El Turó estaba condenado a desaparecer. El Plan General Metropolitano (PGM) de 1976, y los tres documentos urbanísticos aprobados posteriormente, preveían el derribo de una parte de las casas de la zona para crear una nueva área verde y abrir un vial de tráfico que uniera la Gran Via con Montjuïc sin pasar por la plaza de Espanya. Esto fue así hasta que tras años de lucha por parte de los vecinos se consiguió una modificación del PGM y la desafección de las casas aprobada por el ayuntamiento por unanimidad y definitivamente en diciembre de 2019. “Era un plan heredado del franquismo y con una lógica de ciudad muy diferente a la actual. Nosotros pedíamos que si se tenían que derribar las casas, se hiciera, pero que el plan respondiera a los tiempos actuales, no a épocas predemocráticas”, explica Alex Casero, portavoz de la Plataforma Salvem el Turó.  

Una larga lista de deficiencias

De hecho, en los años 2000 y 2010 ya hubo algunos derribos y expropiaciones. Ahí luce aún como recuerdo del despropósito vivido las ruinas del número 36 de la calle de la Guatlla: la casa sucumbió pero la piqueta dejó en pie algunos restos. Vestigios que se mezclan con los solares nacidos de otras viviendas arrasadas. Todos, los unos y los otros, convertidos en herbazales, en el mejor de los casos. En el peor, en pequeños vertederos de difícil acceso para los coches de la limpieza que circulan poco por la zona. No son los únicos problemas que denuncian los vecinos: “El Turó es Barcelona pero no es ciudad. Aquí no lucen los mismos estándares de seguridad y accesibilidad que en el resto de barrios”, explica Casero al tiempo que resalta “la injusticia cometida por el ayuntamiento con el barrio durante los últimos 40 años”.  

Restos de una de las casas expropiadas y derribadas en el Turó de la Font de la Guatlla.

Restos de una de las casas expropiadas y derribadas en el Turó de la Font de la Guatlla. / Ferran Nadeu

Ello significa calles sin aceras; escaleras no aptas para personas con problemas de movilidad, carros de la compra o cochecitos de bebé; falta de mobiliario urbano y vías encementadas en lugar de asfaltadas. Por no hablar de que los postes de la luz aún son de madera, que la llegada de las ambulancias es imposible, y que la uralita está aún presente en muchos lados. Tampoco hay papeleras. La lista de deficiencias es larga y la incomodidad de los vecinos, grande. El problema deriva del largo periodo en que la zona vivió bajo la afectación: “El consistorio no hizo nada porque el barrio estaba condenado a desaparecer” y los vecinos solo podían hacer obras básicas, “ni se daban permisos para más ni había ganas de hacerlo con un no-futuro por delante”. 

Plan para evitar la gentrificación y la especulación

En 2019, con la modificación del PGM y la desafectación de la zona se aprobó un plan para evitar la gentrificación y la especulación, y para promover la regeneración urbana que animó a los residentes y les llevó a vislumbrar una mejora notable del espacio público. El proyecto prevé, también, dos edificios nuevos para equipamientos y vivienda social. De momento, lo único realizado es la obligación de los propietarios de amoldar toda reforma a los estándares de la vivienda de protección oficial porque el ayuntamiento tiene derecho de tanteo y retracto en caso de venta. Del resto, ni rastro. “Queremos resaltar la falta de mantenimiento público”, se queja Casero, a la vez que reconoce el “esfuerzo” hecho por el consistorio actual para la desafectación de las casas. 

Una de las calles con poco mantenimiento del Turó de la Font de la Guatlla.

Una de las calles con poco mantenimiento del Turó de la Font de la Guatlla. / Ferran Nadeu

Lo cierto es que en cuatro años no se ha hecho nada que no fuera una cuestión vital, como poner barandillas en tramos de calle elevados y peligrosos. Ante la evidencia el ayuntamiento se excusa en la irrupción del covid-19: “La llegada de la pandemia frenó el proceso asociado a la regeneración urbana. Posteriormente a la pandemia, se ha impulsado un proceso participativo con responsables de diferentes áreas del ayuntamiento y de la mano de asociaciones vecinales para hacer mejoras en todo el barrio en materia de movilidad”. En el barrio niegan la mayor: “No nos consta. Sí hubo un proceso participativo hace cuatro años, antes de la desafectación, pero ahora no hemos sido convocados”. 

El tiempo pasa y las elecciones están a la vuelta de la esquina: “En estos momentos estamos trabajando para hacer un plan de regeneración urbana de cara al próximo mandato”, aseguran desde el consistorio. Así, el Turó puede sumar algún año más a su espera y llegar al medio siglo de abandonó en 2026, con el próximo gobierno municipal.