Arquitectura

¿Cómo será la Barcelona del futuro? Rehabilitada, sostenible y eficiente

La primera casa rehabilitada en Barcelona con el sello de casa pasiva, la acreditación de casa energéticamente eficiente.

La primera casa rehabilitada en Barcelona con el sello de casa pasiva, la acreditación de casa energéticamente eficiente. / Ricard Cugat

  • El futuro social y ecológico de Barcelona pasa mejorar su vetusto parque de viviendas, con una media de construcción del año 1947, a partir de criterios de sostenibilidad ambiental y eficiencia energética

  • En Poblenou luce el primer piso reformado como casa pasiva, un concepto que aboga por adaptar las construcciones a las condiciones climáticas y así minimizar el gasto energético y las emisiones de CO2

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

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¿Cómo será la ciudad del futuro? Cuenta el arquitecto Josep Bohigas que la pregunta es recurrente por parte de los visitantes de Barcelona Regional, el ‘think-tank’ que dirige y se dedica a repensar el devenir urbano, y la respuesta que ofrecen es siempre la misma: llevar al personaje que interroga a la ventana y contestar que posiblemente será igual que lo que se ve pero mejorado, ya que la idea de una ciudad perfecta diseñada desde cero ni siquiera alcanza el grado de utopía. Un mejorado que significa trabajar sobre lo existente para hacerlo más eficiente. Barcelona, como la mayoría de las capitales europeas, ya están construidas, poco queda por levantar de nuevo, y más por estos lares, donde el espacio vacío es casi inexistente. 

Rehabilitar lo construido

Así que lo suyo es coger lo ya construido y rehabilitarlo siguiendo los parámetros de máxima sostenibilidad y mínima huella ecológica. El futuro, pues, tanto urbano como planetario pasa por frenar la emergencia climática también desde la arquitectura. Lo dicho vale para todas las escalas del urbanismo, viviendas incluidas o, mejor, sobre todo para las viviendas. Los datos avalan la afirmación: la energía necesaria para la construcción, mantenimiento y uso de los edificios, sean públicos o privados, escuelas, hospitales, oficinas o pisos suponen el 40% del consumo energético de la Unión Europea y lo edificios están, además, entre los principales emisores de dióxido de carbono (CO2): en concreto, el sector doméstico es el responsable del 20,4% del total, muy por delante de la industria (7%) y solo un poco por debajo del transporte (27,41%). 

Parque de viviendas envejecido

Más cifras, estas centradas en Barcelona, una ciudad con un parque de viviendas muy envejecido y muy poco eficiente, que implora la apuesta por la rehabilitación: 1947 es el año promedio de construcción de las fincas y el 80% de estas están fuera de la normativa energética (la que obliga al aislamiento térmico), de hecho la clasificación energética de la mayoría de las casas de Barcelona es pésima (categoría E). Todo ello lleva a una factura energética mensual media de 200 euros en las viviendas de los barceloneses. Un gasto económico y ecológico tan insostenible como mejorable. Y que sume a muchos hogares en la pobreza energética.

Entre el 80% y 90% de ahorro

De todo esto y mucho más se habló el miércoles pasado en la presentación de ShowPass, la primera vivienda rehabilitada en Barcelona con el sello Passivhaus que la acredita como casa pasiva. Viviendas que se agencian esta denominación hay más pero la que nos ocupa, y ocupaba la semana pasada a un buen número de arquitectos, es la única que ha sido auditada y luce el sello creado en Alemania en los 90 para mitigar la pobreza energética. En este caso, la sostenibilidad ecológica y la social van de la mano pero para entenderlo se antoja necesario explicar el concepto de casa pasiva, que no es otro que la vivienda que se adapta a las condiciones climáticas de su entorno y que a través de diferentes estrategias arquitectónicas mantienen un óptimo nivel de confort (fresco en verano y cálido en invierno) sin apenas aportes energéticos (calefacción o refrigeración). El resultado es una drástica reducción de la factura energética, entre el 80 y el 90%, y de las emisiones de CO2. 

La primera casa rehabilitada en Barcelona con el sello de casa pasiva, la acreditación de casa energéticamente eficiente.

/ Ricard Cugat

Mirar al pasado

El resultado es también una mirada al pasado, cuando el concepto pasivo formaba parte de la construcción de forma natural. Así, el arquitecto Micheel Wassouf, autor y propietario de la ShowPass, recordaba como Sócrates (V a.C.) rediseñó el megaron (el gran salón principal de las construcciones de la Grecia clásica) dándole una forma trapezoidal para conseguir captar más energía solar en invierno y en verano mantener el sol a raya y el confort gracias a los voladizos del porche. Aunque no hace falta remontarse a la antigüedad para constatar que no hace mucho la arquitectura seguía siendo pasiva. Lo recordaba Sandra Bestraten, presidenta de la demarcación de Barcelona del Col·legi d’Arquitectes: “Lo es la arquitectura mediterránea tradicional: protección solar, paredes gruesas, ventilaciones cruzadas y ventanas abiertas cuando no da el sol y cerradas cuando pega fuerte. Confort sin necesidad de máquinas”. Y lo recordaba, también, la arquitecta Beth Galí: “Las generaciones anteriores sin saberlo hacían casas pasivas. Entonces los estudios de orientación, las ventilaciones cruzadas y las protecciones solares era tan o más importantes en la construcción de una casa que la forma de la casa en sí”. 

En el Poblenou

La cosa empezó a torcerse cuando se dejaron los materiales naturales (de ahí el capítulo brutal dedicado a las condensaciones en el Código Técnico), los edificios se hicieron impermeables y se impuso, por sobre de todo, la estética. “Quizá lo más innovador es ir hacia el pasado y recuperar las cosas que se hacían con la ventaja de que ahora se pueden cuantificar y medir, se pueden certificar y probar para ver qué funciona mejor”, según el arquitecto Miquel Àngel Julià. Y esto es, ni más ni menos, lo que ha hecho Wassouf en ShowPass, la casa centenaria de Poblenou, que no solo la ha convertido en pasiva y en habitable (ahí vive con su familia) sino que la ha transformado también en un laboratorio (está totalmente monitorizada para comprobar qué funciona y qué no) y en un ‘showroom’ abierto a todos los interesados en ver cómo cambiar una vivienda para hacerla sostenible. 

Para todas las rentas

Lo hecho se resume en un buen aislamiento térmico, la ausencia total de infiltraciones de aire, una gran protección solar, la colocación de ventanas eficientes y una ventilación controlada que consiguen mantener una temperatura de confort durante todo el año, que solo en momentos puntuales necesita refrigeración o ventilación suplementaria que se consigue con bombas de calor que funcionan con placas fotovoltaicas. Y todo con materiales de bajo impacto ecológico y de proximidad (cal, madera, tierra, corcho, lana de oveja…), de manera que la casa no es solo eficiente desde el punto de vista energético sino que también se le considera un edificio C02 neutro.  

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El sobrecoste de tanta sostenibilidad es de un 7%, que Wassouf asegura se amortiza rápidamente con el ahorro de la factura energética. El reto es controlar los costes para hacerlo asequible a todas las rentas (en Navarra ya se está construyendo vivienda de protección oficial con los estándares de casa pasiva). Y el reto es, también, la rehabilitación en un país donde priva la propiedad horizontal. Ganar eficiencia en una sola vivienda de una finca es posible pero hay cosas que se tienen que hacer de forma integral y aquí hay que poner de acuerdo a las comunidades de vecinos. Una tarea nada fácil que desde el Col·legi d’Arquitectes suavizan con la figura del arquitecto mediador. 

La oportunidad de los Next Generation

“La rehabilitación energética palia la contaminación, reduce la pobreza energética y mejora la salud, y a la larga ahorra dinero al privado y a la administración pública”, sostiene Bestraten, al tiempo que recuerda que los fondos Next Generation de la UE son una gran oportunidad para subvencionar todos estos cambios. Y mitigar la pobreza energética que vive un 10% de los ciudadanos de Barcelona. 

La primera casa rehabilitada en Barcelona con el sello de casa pasiva, la acreditación de casa energéticamente eficiente.

/ Ricard Cugat