Lanzamiento en el Gòtic

Amparo, discapacitada mental de 75 años, supera el cuarto intento de desahucio en Barcelona, pero solo gana 10 días

  • La propiedad insiste en que se vaya de la vivienda, en la que ha residido siempre y que se vendió en subasta contra su voluntad

  • La mujer rechaza dejar el piso, el ayuntamiento no le da otro porque tiene dinero y el sector privado no le alquila uno por miedo a no poder echarla

Amparo Martínez Pino, en marzo, en el último intentó de desahucio que superó.

Amparo Martínez Pino, en marzo, en el último intentó de desahucio que superó. / JORDI OTIX

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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Casi todas las casuísticas más perversas de la vivienda se dan en el caso de Amparo, vecina de la calle de Hostal d’en Sol, en el Gòtic, cerca de la Via Laietana, que este lunes afrontaba el cuarto intento de desahucio. Finalmente, la mujer ha ganado 10 días. Pero no ha cambiado nada, ni ha sido una victoria vecinal. Pasado ese periodo la comitiva judicial volverá a presentarse. Quizá vuelva a venir Frederic. Amparo amenazaba con tirarse por una ventana antes que entregar sus llaves e irse voluntariamente. Ella no debe nada, nunca dejó de pagar nada. Pero todo apunta a que perderá su casa.

“Mira, está Frederic. Estamos perdidos”. Lo dice uno de los vecinos del barrio, algunos de la plataforma Resistim al Gòtic, que han venido a apoyar a Amparo, visiblemente preocupada por la posibilidad de que este sea su último día en la finca. Frederic forma parte de la comitiva judicial, y todos los activistas le conocen. Cuando está él, dicen, es casi seguro que la película acabará mal. Camina ajeno a los insultos que le caen. Hoy no ha consumado, pero no le falta mucho.

La ONU y la jueza

Amparo tiene 75 años y sufre una discapacidad mental considerable. Una discapacidad del 63%, precisa una representante de la Fundació Mare de Déu de l’Esperança, en la que, por decisión judicial, recae la tutela de la mujer. En esta historia no figura impago alguno. Amparo era copropietaria del principal 1º de la finca, y sus sobrinos tenían la otra mitad, que vendieron a una empresa, denominada, parece una broma, Tu mejor hogar S. L..

La empresa se negó a compartir la propiedad y reclamó una extinción del condominio. Amparo tenía entonces la opción de comprar su parte a la empresa, aunque no el dinero para hacerlo. Y no quería vender la suya. Llegado el caso a instancias judiciales, estas dictaminaron que lo que correspondía era subastar la vivienda. Se hizo contra su voluntad. Y así Amparo se encontró con 100.000 euros que no quería y con las sucesivas órdenes de desahucio, porque la firma revendió el piso a un tercero que lo reclama. Resistim al Gòtic confiaba en que tuviera efecto una carta del Comité de Derechos Económicos, Sociales y culturales de la ONU, que reclamaba al Estado no actuar mientras examinaba las características del caso.

Amparo, en la calle donde vive, Hostal d'en Sol, este lunes.

/ JORDI OTIX

Es un elemento que en otros casos sí sirvió para parar el curso de un desahucio. El jueves llegó la carta y el viernes la jueza que lleva el caso decidió que la misiva no cambiaba nada. Es la misma juez que estableció una tutela sobre Amparo. Y esta tutela fue la que en su nombre aceptó los 100.000 euros, que ella no quería, porque no quería vender nada, porque insiste en seguir en su casa.

El desahucio de Ramelleres

“Es mi herencia”, repetía este lunes mientras activistas y vecinos esperaban la resolución del caso. El concejal de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, ha acudido al lugar y ha subido al piso de la mujer, mientras se le hacía un informe sobre su estado de salud mental. Allí las partes han llegado al precario acuerdo de ganar esos diez días.

Y eso que Frederic no estaba por la labor: dicen los testigos que ha invitado al concejal a abandonar la vivienda. Y este lo ha hecho por entender que si no se iba no había acuerdo. Al final Rabassa se ha llevado reproches de una joven que venía de la calle de Ramelleres, donde había previsto otro desahucio, que sí se ha consumado. Y donde los mossos, relataba la joven, han disuelto por la fuerza a los que protestaban: “Nos han reventado y tú qué hacías”. Rabassa ha replicado que lo que ha hecho es instar, de nuevo, a los mossos que no empleen la fuerza. Este lunes había 11 desahucios previstos en el distrito, ha contado el edil.

El futuro de Amparo

Pero más allá de estos rifirrafes y de Frederic, el futuro de Amparo está lleno de obstáculos. En 10 días volverán a intentar echarla, y ella insiste en que no se irá. La representante de la fundación que tiene su tutela ha explicado que la situación es un callejón sin salida. Además de que ella no quiere irse, el ayuntamiento no le puede buscar un alojamiento, porque la mujer tiene esos 100.000 euros que no quiere.

Y si buscan piso en el sector privado, ha añadido la representante, no la quieren por miedo a que se genere un impago y no puedan echarla, por su situación de vulnerabilidad. Es un pez que se come la cola hasta casi vomitarlo todo.

El dibujante Gallardo

“Seguro que hubiera estado aquí”, dice Joan, educador social, sobre la figura de Miguel Gallardo, el dibujante y cocreador de Makoki, que vivía cerca del piso de Amparo y que hizo un dibujo sobre el caso: una mujer que muestra el brazo en un gesto de fuerza bajo la leyenda 'Amparo no se’n va'. Pero si las cosas no cambian mucho, tendrá que irse.

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Su posible destino es un ingreso en el Hospital del Mar del que podría acabar pasando a un centro para personas con enfermedades mentales. A la propiedad, cuentan los activistas, se le propuso acordar un alquiler. Lo rechazó.

Multas de 600 euros

Este lunes, los mossos no llegan a la calle de Hostal d’en Sol. No hay desahucio, no hay necesidad. Recuerda Joan como unos años atrás, tanto la comitiva como las fuerzas policiales medían su actuación, y apenas había enfrentamientos. Eso ya es historia. A la joven que se quejaba al concejal y a sus compañeros les han caído porrazos. Dice Joan que casi es mejor eso que las multas. A él ya le han impuesto dos por formar parte de grupos que intentan detener desahucios. A 600 euros la multa. “De momento, he pagado una”.