Investigación multidisciplinar

Un esqueleto con grilletes reescribe el pasado musulmán de Barcelona

El Born Centre de Cultura i Memòria resuelve el enigma del camposanto islámico descubierto en la Ribera en 1991 durante las obras de construcción de un párking

Las piernas y piés del esqueleto número 15, con sus grilletes adheridos a los huesos tras años de oxidación.

Las piernas y piés del esqueleto número 15, con sus grilletes adheridos a los huesos tras años de oxidación. / Muhba

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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En 1991, en mitad de las inmisericordes prisas por dejar a punto Barcelona cara a los Juegos Olímpicos, ocurrió a las puertas del Born algo imprevisto. Aparecieron allí 16 esqueletos, todos ellos recostados sobre su hombro derecho y con la parte frontal del cráneo orientada hacia el suroeste, o sea, hacia la Meca. Fue un sorpresón. Se supuso que era un yacimiento excepcional de la breve historia de Barshiluna, los 83 años en que esta ciudad, entre 718 y 801, fue una plaza fuerte del emirato de Córdoba, o sea, musulmana, muy tolerante con el resto de confesiones, pero musulmana. Aquel tesoro arqueológico fue sacrificado en nombre de su majestad el coche, pues ahí se estaba construyendo un párking, como si de ello dependiera el destino de la ciudad. Solo 74 días pudieron trabajar los arqueólogos antes de que entraran las excavadoras. Rescataron antes, afortunadamente, los restos humanos, un material que, pasados 30 años y gracias a las más modernas técnicas de laboratorio, ha permitido llevar a cabo una investigación multidisciplinar absolutamente fascinante.

Los resultados de esos varios años de estudio fueron presentados el martes por la noche en el Born Centre de Cultura i Memòria (BCCM), un equipamiento en racha, que hace un mes se atrevía con el tabú de la Barcelona esclavista y que ahora reflexiona sobre el pasado musulmán de la ciudad. El BCCM, dicho sea de paso, se ha consolidado como una voz cultural a tener en cuenta, y eso que el hermosísimo edificio que ocupa y todo el subsuelo histórico que ahí se exhibe a punto estuvo de ser demolido en 1971 por el entonces alcalde José María de Porcioles para (adivínenlo, que es fácil) construir un párking.

Los arqueólogos trabajan a la carrera en el yacimiento a las puertas del Born, en 1991,

/ Ricard Cugat

La cuestión que importa ahora es que esos 16 esqueletos, más otros cinco que fueron hallados en misiones posteriores (uno, por cierto, dentro del mismo Born), han contado sus vidas gracias, sobre todo, a las profesoras Núria Armentano, en primera línea de la antropología biológica, y Cristina Santos, parte del equipo que en investigación ha tomado el timón de la genética forense.

De todos los cuerpos de aquel camposanto musulmán llamó sobre todo la atención desde el primer día uno de ellos, bautizado como el número 15, del que solo se conservaban las extremidades inferiores. El resto del cuerpo fue ‘sacrificado’ años antes durante la construcción de un colector de aguas residuales. Las piernas, por fortuna, quedaron intactas. Lo inesperado de aquellos restos humanos fue que en los tobillos había lo que parecían, y después con exámenes radiológicos se confirmo que efectivamente lo eran, unos grilletes. Quedaban así abiertas varias hipótesis. ¿Era un prisionero? ¿Si había sido ejecutado, qué hacía en un cementerio de aquellas características?

Las primeras pruebas que se efectuaron a cinco de los esqueletos ayudaron a descartar respuestas y, sobre todo, corrigieron la primera suposición que se hizo en 1991 cuando aquel cementerio vio de nuevo la luz del día. A través de tests de carbono-14 se pudo primero afinar el periodo en que fueron hechas las inhumaciones, entre los años 970 y 1160, es decir, más de un siglo después de que Barcelona dejara de ser musulmana.

Dolors Bramon, eminente islamista, fue la encargada de poner el contexto histórico antes de proseguir con el examen de las osamentas. Barcelona, recordó, dejó de ser Barshiluna el 3 de abril de 801 más o menos como el 26 de enero de 1939 dejó de ser republicana y pasó a ser franquista, sin pegar un tiro, en aquella ocasión, sin blandir las cimitarras. El asedio al que las huestes de los francos, bajo el paraguas de Luis el Piadoso, sometió a la ciudad hizo que finalmente se abrieran mansamente las puertas al enemigo y se firmara una detallada capitulación. Los musulmanes de la ciudad pudieron conservar su fe, también su mezquita, pero se les concedió un año de plazo para que vendieran sus propiedades del centro y se trasladaran a los arrabales de Barcelona. Muchos de ellos habían abrazado la fe de Mahoma por las ventajas fiscales que ello comportaba y ahora tenían que volver a elegir, porque un bautismo cristiano pasaría a ser, de nuevo, una interesante solución para la economía familiar. En el Medioevo peninsular se cambiaba de religión como hoy de compañía telefónica.

Aquella tolerancia inicial, como recordó Bramon, se diluyó con los años, y más, se supone, después de que Almanzor, en el año 985, saqueara brutalmente la ciudad, así que avaló la tesis, confirmada después en el laboratorio, de que aquellos esqueletos descubiertos en 1991 eran en realidad de un conjunto de esclavos, una condición social que no les impedía tener su propio espacio extramuros paras las inhumaciones según el rito musulmán.

Uno de los esqueletos, recostado sobre su lado derecho y orientado hacia la Meca.

/ Muhba

Armentano ofreció, tras Bramon, una intervención que por momentos resultó hipnótica. Como una Harryhausen de la arqueología, casi logró que los esqueletos revivieran a ojos vista del público. Del número 15 explicó, examinadas sus tibias, que aquellos grilletes le acompañaron durante mucho tiempo. Los huesos se acomodaron a su presencia. La razón por la que fue enterrado con ellos permanece oscura, sobre todo después de examinar las piernas del resto de cadáveres, que en varios casos mostraban indicios de que también habían sido barceloneses encadenados, sin que ello signifique que no tuvieran movilidad. De hecho, los húmeros fueron otra fuente de interesante información. Las características del punto en el que la musculatura de los brazos y los hombros se insiere en el hueso revelaron que, en el caso de los hombres se trataba de adultos de gran fuerza física, tal vez empleados en tareas agrícolas o en oficios solo aptos para forzudos, como la herrería.

¿Eran aquellos esclavos botines de guerra o eran descendientes de los musulmanes que renunciaron a su fe tras la caída de Barshiluna en el año 801? La gran maravilla del trabajo que a través de ArqueoBorn (la rama arqueológica del BCCM) se ha llevado a cabo es, lo dicho al principio, que es multidisciplinar. La genetista Santos abrió una potente luz sobre esa parte sombra. Los análisis de adn han constatado, primero, que solo tres de los cuerpos del cementerio eran de mujer. Hasta aquí, nada que un examen antropomórfico no pudiera apuntar. Lo interesante era que el rastro genético permite deducir que cuatro de ellos procedían del norte de África y un quinto esqueleto era de un hombre de alguna etnia subsahariana. El resto, sin embargo, muestran patrones genéticos similares a los europeos, y, en concreto el llamativo número 15, el de los grilletes, era probablemente hijo, nieto y bisnieto de familias de Barcelona o su área de influencia.

Un grupo de arqueólogos trabaja a la carrera frente al Born en 1991.

/ Muhba

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Todo ese reenfoque de la historia de Barcelona a punto estuvo de perderse hace 30 años por las prisas olímpicas. Entonces, durante aquellas obras de construcción de un simple aparcamiento subterráneo apareció parte de la ciudad que Felipe V ordenó destruir tras la Guerra de Sucesión porque Barcelona se opuso a su acceso al trono. Quedaron al descubierto las calles y los muros de las casas. Había aún entre los restos bombas de la guerra y también de la vida cotidiana de la posguerra, como un alambique de aguardiente. Y debajo de aquella ciudad estaban los cementerios, uno tardorromano y el otro, el musulmán. El esqueleto número 15, solo a título de anécdota, estaba justo debajo del pavimento de la calle del Joch de la Pilota.

Solo 11 años más tarde, en 2002, cuando el antiguo Born iba a renacer como gran biblioteca provincial, volvió a suceder lo mismo, el pasado de la ciudad se asomó de nuevo a la luz del día. La sensibilidad de repente fue otra. Los vientos políticos también soplaron a favor de los arqueólogos. No es ningún secreto que en el tránsito del pujolismo al independentismo, una parte de los partidos catalanes quisieron convertir aquel lugar en una suerte de Massada catalana, pero ello no quita que, pasada la efervescencia patriótica con la que el BCC fue inaugurado (Quim Torra fue su primer director), ese centro cultural haya terminado por consolidarse como un espacio expositivo y de investigación de primera línea en el, a veces, aluminoso panorama cultural de la ciudad.