Movilidad sostenible

El Bicing prevé llegar a las 3.000 bicis eléctricas antes de terminar el año

El número de viajes ha crecido un 23% durante el primer semestre de 2021 en comparación con los desplazamientos registrados antes de la pandemia

Un operario del Bicing introduce la batería en una bicicleta mecánica que pasará a ser eléctrica

Un operario del Bicing introduce la batería en una bicicleta mecánica que pasará a ser eléctrica / Carlos Márquez Daniel

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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En el taller, al fondo, colgada en la pared, en una nave sin demasiada gracia, reposa un 'bicing' de los antiguos; ese modelo más parecido a una BMX que a una bicicleta de ciudad. Con ella empezó todo, y ahora, casi 15 años después, la segunda vida del invento tienen otro aspecto, más robusto, más global, más eléctrico. La bicicleta pública de Barcelona, en el momento de más competencia y alternativas, tanto públicas como privadas, va como un tiro. Y la pandemia, a pesar de la tragedia que arrastra, le ha venido bien. Tanto al Bicing como al resto de opciones de movilidad sostenible, incluido el ir andando. Durante el primer semestre de 2021, la cifra de viajes ha aumentado un 23% respecto al mismo periodo de 2019. Y por aquello de estar al día de lo que la gente demanda y de lo que los otros ofrecen, el año se cerrará con 1.000 modelos eléctricos más, con lo que ya serán 3.000 con batería y 4.000 mecánicas.

La evolución del sistema avala la decisión de electrificar la compañía, puesto que el 36% de los desplazamientos diarios en Bicing se realizan con uno de los modelos con el pedaleo asistido, mientras que estas máquinas suponen hoy el 28,5% del total de 7.000. También los usos diarios son más intensivos: cerca de nueve diarios por seis viajes las mecánicas. Que se recurra más a las primeras, además, ayuda a una redistribución natural del sistema, puesto que uno de los problemas más frecuentes del pasado era que los usuarios solían bajar en bici, a la playa, por ejemplo, pero no subían, porque aunque no lo parezca, Barcelona hace subida. Poca, pero tiene pendiente. Eso obligaba a mover las bicis de mar a montaña con furgonetas. Con las eléctricas, son muchos más los usuarios que hacen el viaje de vuelta en bici porque apenas notan diferencia gracias a la asistencia al pedaleo

Bicicleta del anterior sistema del Bicing, en las instalaciones del nuevo concesionario, en la Zona Franca

/ Carlos Márquez Daniel

La apuesta por este modelo ha permitido, además, que el sistema llegue a barrios de montaña que hasta hace poco quedaban fuera del servicio porque la orografía no permitía incluirlos. La extensión, que ha implicado instalar 97 nuevas estaciones (ahora son 519 en total) ha permitido llegar a zonas como la Marina del Prat Vermell, Trinitat Nova, Canyelles, Vall d’Hebron, Vallcarca, Penitents, la Clota, el Carmel, el Verdum, les Roquetes y Ciutat Meridiana. De hecho, de los 47.000 nuevos abonados del segundo semestre de 2020, el 18% residen en alguna de estas áreas que no tenían Bicing. A día de hoy, el servicio tiene cerca de 128.500 usuarios, muy lejos del ‘boom’ de hace 13 años, cuando se rozó los 200.000 y la cosa casi muere de éxito. 

Movilidad individual

El Bicing es de hecho un reflejo de los tiempos. El covid ha dejado en mal lugar al transporte público, que ha hecho todo lo que estaba en su mano para que fuera seguro pero la sociedad ha preferido los desplazamientos con distancia social. El bus y el metro, en la gran ciudad y en el entorno metropolitano, están muy lejos de alcanzar las cotas precoronavirus. El semestre lo han cerrado de media con un 40% menos de pasaje (en junio era un 28,4%), mientras que el vehículo privado ya está al 95% y la bicicleta pública anda disparada. Según cifras de BSM, la empresa pública que controla el Bicing, en mayo se superaron los 1,4 millones de desplazamientos, la cifra mensual más alta de los últimos tres años. El primer semestre, de hecho se cerró con siete millones de viajes, un 23% que en el mismo periodo de 2019, y se prevé terminar 2021 en los 14 millones. El 18% de ese crecimiento corresponde a los abonados de esos barrios que hasta hace poco no tenían Bicing. Diariamente, el sistema registra cerca de 45.000 usos.

Una usuaria de Bicing


/ JOAN PUIG

Roger Junqueras es el gerente de Pedalem BCN, la UTE que desde enero de 2019 explota el Bicing tras ganar el concurso público convocado por el Ayuntamiento de Barcelona. Cuenta, en la nave de la Zona Franca, que electrificar cada bicicleta tiene un coste de unos 800 euros, muy inferior al precio de cualquier bici eléctrica de serie. Pasar de un sistema al otro requiere de unas tres horas, y no hace falta cambiar la bici. Se usa la misma estructura, que ya viene con el espacio preparado para la batería para el momento en el que se quiera dar el salto. Retoques en la maneta de freno, en los pedales, en la rueda trasera, y ya está lista.

Nuevo neumático

En este edificio, en el que antes laboraba una empresa de robotización de la Seat, se reparan a diario unas 300 bicicletas del Bicing. Cansados de enfrentase a pinchazos, unos 1.200 al mes, decidieron cambiar el neumático trasero, y unas 5.000 unidades ya circulan con una rueda maciza, sin cámara, de nombre Tannus, mucho más resistente. Junqueras, un tipo políticamente correcto, dice que la conducción de muchos usuarios es “un poco descuidada”. O lo que es lo mismo, van de 'llantazo' en 'llantazo', porque lo que es de todos no es de nadie. Colocar esta rueda, además, permite reducir el peso de cada máquina unos 700 gramos. El uso intensivo justifica el esfuerzo en reforzarlas: las mecánicas acumulan unos 300 kilómetros mensuales mientras que las eléctricas llegan a los 700. 

A pesar de que a principios de febrero el consistorio repartió cerca de 11.000 licencias de bicis y motos compartidas a una treintena de empresas privadas, el Bicing ha conseguido mantener su cuota de mercado. Ayuda el precio, el hecho de que siga cerrado al turismo -es una de las pocas grandes ciudades del mundo, si no la única, que veta el sistema a los forasteros- y que sea por lo tanto un transporte local, y ayuda también la fidelidad de los usuarios. Muy lejos quedan sus primeros dos años de vida, cuando los problemas informáticos tumbaban el servicio con mucha más frecuencia de lo deseado. Sobre los turistas, Junqueras señala que todo está listo por si algún momento el consistorio cambia de opinión. No tiene pinta, por ahora. 

Para mejorar su prestación, Pedalem BCN trabaja en un sistema predictivo para que los usuarios puedan planificar mejor sus viajes. La idea es que los abonados, a través de la aplicación Smou, puedan conocer la disponibilidad estimada de las estaciones de los próximos cinco o 10 minutos. La voluntad de la empresa es que esté operativo en 2022. Esa es la predicción.

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Las bicis mecánicas recorren unos 300 kilómetros mensuales, mientras que las eléctricas cubren unos 700

Hay un último dato positivo sobre el Bicing que le va que ni pintado a la voluntad municipal, y del Área Metropolitana de Barcelona, de potenciar la intermodalidad. El 46,7% de los usuarios combina la bici pública con otro medio de transporte. Una buena manera de empezar a romper la maldita movilidad basada en trincheras.