ÉRASE UNA VEZ EN EL BARRIO... (68)

Torre Llobeta: historia de una ocupación popular (y desalojo municipal) increíblemente desconocidas

  • Los vecinos ocuparon en los años 60 y durante 20 años la masía que da nombre al barrio, de la que fueron desalojados por antidisturbios de la Guardia Urbana el 16 de marzo de 1983

  • Este episodio es uno de los rescatados del olvido en las placas que la iniciativa 'Recuperem la Memòria', impulsada por el Arxiu Històric, está colocando en distintos puntos del distrito

Arnaldo y Antonio colocan una de las placas en Vilapicina i La Torre Llobeta, este viernes.

Arnaldo y Antonio colocan una de las placas en Vilapicina i La Torre Llobeta, este viernes. / LAURA GUERRERO

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Fina iba vestida de gala, no se le casa a una un hijo todos los días; pero allí estaba, peleando. La Torre Llobeta se tenía que defender. También estaba su hijo, de hecho, quien no pudo llegar a su propia boda. Una boda que no llegó a celebrarse (no aquel día, sí después, la historia acabó bien), porque el novio salió de la peleada masía que da nombre a la barriada esposado, igual que el resto de vecinos que la ocupaba y que la había cuidado y rehabilitado con sus manos para no dejarla caer. Fina había hecho incluso cortinas para las ventanas. Ese episodio -los vecinos eran desalojados por un grupo especial de antidisturbios de la Guardia Urbana el 16 de marzo de 1983 en una acción muy discutida ya en aquel entonces por su contundencia- ha sido el elegido por el Arxiu Històric Roquetes-Nou Barris para destacar en la placa de La Torre Llobeta, en el marco de la acción 'Recuperem la Memòria', colocada la mañana de este viernes por un grupo de activistas de la historia popular del distrito, que se pasearon por los lugares más emblemáticos de Vilapicina i La Torre Llobeta ‘armados’ con un bote de cola y un pincel.  

En ese edificio, que pese a llevar décadas -desde muy poco después del sonado desalojo- siendo un centro cívico municipal no fue adquirido por el ayuntamiento hasta el año pasado -algo que descubrió el presidente del Arxiu leyendo el boletín municipal- se creó la asociación de vecinos (se formalizó, de hecho, para defender el espacio). Allí estuvieron 20 años -de 1963 a 1983-, como se recuerda en una placa en el interior del centro cívico; en la única masía en pie en esta barriada, en su día donde había más masías de todo el distrito de Nou Barris, como recuerda Jordi Sánchez, presidente del Arxiu.

Momento de la colocación de una de las placas hechas por los vecinos.

/ LAURA GUERRERO

Recuerda la pionera ocupación (y desalojo policial) de La Torre Llobeta, Joaquín Forns, presidente de la asociación del vecinos Torre Llobeta-Vilapicina, uno de los cuatro miembros del 'Comando por la memoria'. Cada una de las placas -esta mañana colocarán cinco- son baldosas cuadradas, pequeñas, con una pequeña fotografía y un pequeño texto. Ya han hecho varios barrios y de momento todas las placas siguen en su lugar.

(Des)catalogaciones a medida

Otra de las placas en el barrio que a este particular comando le hace más ilusión colocar es la de Can Sabastida. Es también la que más les cuesta decidir dónde pegarla exactamente. Por un lado porque Can Sabastida ya no existe y, por el otro, porque en su lugar hay bloques de pisos privados y tampoco quieren tener problemas con nadie. Finalmente encuentran el agujero perfecto y hacen el trabajo en equipo, Arnaldo Gil Albacete, activista del Arxiu, saca un pincel del bolsillo trasero del tejano y pone cola en la pared y su compañero Antonio Silva, de la asociación de vecinos del Turó de la Peira, se encarga de rematar la jugada.

Sánchez señala lo que pone en la placa, que Can Sabastida era una finca catalogada que pudo tirarse al suelo porque su propietario pidió al ayuntamiento que la descatalogarla para poder demolerla y construir. Y pasaron tanto una cosa como la otra.

Joaquín, Jordi, Arnaldo y Antonio, este viernes en Vilapicina i La Torre Llobeta.

/ LAURA GUERRERO

Recordar lugares que ya no existen

Y la de Can Sabastida no es la única placa para recordar un lugar que ya no existe. Han colocado otra, muy cerca de Can Basté, en el lugar en el que se levantaba la fábrica de Les Mantellines, de la que ya no queda nada, pero desde el Arxiu, en complicidad con la asociación de vecinos, no se resignan a que desaparezca de la memoria colectiva, sobre todo mirando hacia las generaciones futuras; igual que las movilizaciones para pedir soluciones a las frecuentes inundaciones que sufrían en la Riera d'Horta, también recordadas en otra de las placas.

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El juego de las placas

En el Arxiu tienen la intención de, cuando terminen de señalizar los 13 barrios del distrito -aún tienen trabajo-, inventar un juego para que los vecinos salgan a la calle a hacer la ruta por los distintos barrios y a encontrar las señalizaciones -unas cinco por barrio- y, sobre todo, a conocer las historias que hay detrás de cada una de ellas. Lo comentan en el paseo entre placa y placa -paseo que termina en Cotxeres, donde recuerdan que aquello es hoy un equipamiento público gracias a la tenaz lucha vecinal. También comentan, contentos, que finalmente la fuerza vecinal ha logrado ganar la batalla en la masía de Can Valent, aquí al lado, en Porta. La propuesta de reformar la abandonada masía -abandonada por la administración, no por los vecinos- ha sido uno de los proyectos ganadores de los presupuestos participativos y parece que al fin, su batallada reforma será una realidad en los próximos años.