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Un súper de Barcelona se hace viral en TikTok

  • Los adolescentes peregrinan a un pequeño supermercado: el encargado acumula 7,6 millones de ‘megustas’ en TikTok

  • Los gags virales están basados en hechos reales y protagonizados por los propios clientes

Rustem Iqbal posa en el Súper Pim Pam, en la calle Girona, junto a su hermano Qasim, su cámara de TikTok.

Rustem Iqbal posa en el Súper Pim Pam, en la calle Girona, junto a su hermano Qasim, su cámara de TikTok. / Laura Guerrero

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Ana Sánchez
Ana Sánchez

Periodista

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Es el Lourdes de los 'tiktokeros'. Los adolescentes ahora van en peregrinación a un pequeño súper del Eixample en busca de fama instantánea. “¡Queremos salir en tus vídeos!”, suplican al encargado con ansias de fan. Si te graban aquí, entre patatas fritas y Fresquitos, quizá acabes con más de 5 millones de visualizaciones.

Súper Pim Pam (Girona, 181). Llegas al mostrador y saludas al jefe con familiaridad de famoso. “¿Rustem?”. Es @rustem6646 en redes. Acumula 7,6 millones de 'megustas' en TikTok. Más de 300.000 seguidores. Sus gags virales están basados en hechos reales, protagonizados por clientes del súper de verdad. Humor con poso de denuncia.

Me llamo Rustem y hago vídeos virales mientras trabajo en un supermercado.

Trabajar en este súper –así visto en bucle en TikTok- parece una sesión de control en el Congreso: nunca se sabe por dónde te la van a querer colar. Están los clientes que cambian 100 euros comprando una chuche. A los que pillan intentando colar un billete falso. “Ah, tranquilo, voy a cambiar y ahora vuelvo”. Esos que descolocan todo para rebuscar los productos de atrás. “Llámalo manía”. Los que dicen que solo les faltan 10 céntimos para comprar un agua de 50. ¿Moraleja tiktokera? En el mundo viral de Rustem, él responde: “No pasa nada, amigo”. Abre la botella de agua de 50 céntimos, le da un trago y se la devuelve al cliente: “Toma, 40 céntimos”. Y ¡boom!: 2,2 millones de visualizaciones.

@rustem6646

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Rustem Iqbal, se presenta. Tiene 36 años, sonrisa perenne y al menos 40 tíquets pendientes de cobrar. Es de los que fían a los vecinos. Dice que no le molesta que le llamen “paki”. “No, yo lo entiendo –asegura-. No lo dicen por molestarnos”. Es de Pakistán, sí, de Punjab. Allí ayudaba a su padre a trabajar en el campo. “Arroz y trigo”. Dos cosechas y se vino a España. De eso hace 15 años. “Mi vecino vivía aquí en Barcelona –recuerda-. Cuando él volvía a Pakistán, compraba motos, mostraba que tenía dinero… Y yo pensaba que en Europa todos los que llegan ganan dinero”. Reniega con la cabeza. “Cuando llegas aquí es totalmente diferente. Nada que ver con la tele”.

Él entró por Ceuta. “Vine escondido en un Mercedes, bajo los asientos de atrás”. Rustem relata su odisea sin aspavientos. “Había que arriesgar”, se encoge de hombros sin más. “El 99,99% de los pakistanís venimos en patera”, asegura. 14 meses tardó en llegar a España desde su país.

5,2 millones de visualizaciones

Ahora lo llaman “el del TikTok”, aunque se estrenó hace apenas un año. Le convencieron dos vecinas 'tiktokeras' del barrio. “¿Por qué no grabas vídeos aquí? Seguro que te irá bien”. Le va más que bien. Alguno de sus vídeos ha superado los 5,2 millones de visualizaciones. Sin filtros, ni 'hashtags'. Rustem da al botón de grabar y ya. “No sé ni poner música –confiesa-. Creo que tampoco voy a aprender”, se ríe.

Rustem atiende a un cliente mientras su hermano Qasem los graba.

/ Laura Guerrero

Quien le graba con el móvil es su hermano Qasim. Tiene otro hermano taxista en Barcelona que le dice que si no es un poco mayorcito para hacer 'tiktoks'. En las redes se rebautizó como @rustem6646. Son los primeros cuatro números del primer teléfono que tuvo al llegar a España. Y del siguiente móvil que compró. “Después hice la credencial de taxista para conducir en Barcelona y el número era ¡6646! –te lo enseña-. Eso sí que fue casualidad”, resopla. “Pero si juego a la lotería con 6646, no toca”.

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En los directos de TikTok, le suelen preguntar: “¿Pero tú cuando descansas?”. “Mira –responde él-, 15 años aquí y una vez solo he ido a la playa”. Hace seis que alquiló este local y montó el súper. “Trabajo todo el día. Yo no vivo”. Lo dice sonriendo, pero no suena a metáfora. Hasta que vino Qasim hace dos años, estaba él solo: de 9 de la mañana a 12 de la noche. “Ahora descanso un poquito”, resopla. Viene a la una de la tarde.

Quizá no sea Dios, dice, pero ya adivina qué van a hacer los clientes en cuanto entran por la puerta. En cuanto les mira a los ojos, dice. “Sé que vienen a buscar cambio, a hablar, a comprar algo, a robar algo”. Por lo visto, ahora se roba mucho tabasco. “Para revenderlo: tabasco, café de cápsulas, pasta de dientes o champú”, cuenta.

 «Me faltan 15 céntimos»

El anecdotario del súper es la base de los 'tiktoks'. “Mis vídeos son de humor –resume Rustem- y también de denuncia social”. Le hacen peticiones impensables en un Mercadona aun en los tiempos del apocalipsis de papel higiénico. Del clásico “me faltan 15 céntimos” al “¿sabes quién vende marihuana aquí en el barrio?”. "Si vendiera hachís -les responde- estaría en la cárcel o en un chalet".

Le suplican como si fuera un portero de discoteca para que venda alcohol a deshoras. Hay quien rebusca en las estanterías productos caducados para ir a decirle: “Te aviso de que está caducado, ¿me lo puedes regalar?”. Y cada diez minutos, alguien entra a pedir cambio. “No sé para qué lo quieren. Al final es dinero: lo acaban gastando”.

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¿Que qué piensa cuando ve en su móvil tantos millones de 'megustas'? “Casi todos los días pienso: ‘Estoy perdiendo mucho tiempo en el TikTok’”, se ríe. “Casi 2, 3 horas diarias. O me meto a mirar los vídeos de otro. O me meto en directo una hora. O pienso en algo para hacer. O empezamos a grabar y entra un cliente…”.

 ¿Su consejo? “No te metas en TikTok”, responde sin dudar. No para ganar dinero al menos, puntualiza. A él le habrán pagado cerca de 1.000 euros en un año. “Cada mes, 80 euros –calcula-. Eso es perder tiempo”. ¿Y por qué sigue haciendo vídeos? “Quiero mostrar que lo que hace la gente no es justo –justifica sus tiktoks-denuncia-. Molesta un poquito al trabajador”. Se ríe. "Pero mis consejos seguro que no valen".