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La perrita marinera que avista ballenas por Barcelona

Ha navegado 10.000 kilómetros a cuatro patas. Recorrió el Mediterráneo en kayak. Ahora es tripulante del primer barco tradicional que embarcará a turistas para avistar cetáceos

Sergi R. Basolí y Nirvana navegan a bordo del ’Ría de Ferrol’, el velero de 1949 con el que saldrán a avistar ballenas.

Sergi R. Basolí y Nirvana navegan a bordo del ’Ría de Ferrol’, el velero de 1949 con el que saldrán a avistar ballenas. / Ferran Nadeu

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Nirvana se sienta junto al timón con mirada resabiada de Capitán Pescanova. Lleva chubasquero chillón, una concha marina al cuello y cara de tirarte por la borda si le ofreces una Biodramina. Ahora mismo el barco da más vaivenes que Victoria Abril. Pero Nirvana mira al horizonte sin inmutarse, como si estuviera en un capítulo de 'Vacaciones en el mar'. Ahí donde la ves, ha hecho más kilómetros que una infanta para vacunarse. Habrá navegado 10.000 a cuatro patas. “¡Guau!”. Tras dos horas de oleaje, se lo acabas diciendo tú a ella.

'Ría de Ferrol', se lee en el casco. Es un barco de madera de esos que crujen con nostalgia: data de 1949. Viaje exprés al pasado sin condensador de fluzo. “Queremos recuperar la cultura marinera de nuestros abuelos”, justifica Sergi al timón. “Mar a la vista”, ha bautizado su proyecto. “Ocio sostenible”, resume el capitán. Este será el primer barco tradicional que embarcará a turistas para avistar ballenas por Barcelona.

Vista general del 'Ría de Ferrol'.

/ Sergi R. Basolí

Sergi R. Basolí, 37 años, 7 con Nirvana de fondo. Va por la vida con el reprís de Rajoy andando deprisa. Es medio gallego. Culo inquieto de manual. Se necesita un GPS para repasar su currículum. Estudió en Irlanda de pequeño, hizo el Erasmus en Inglaterra, acabó la ingeniería industrial en Alemania. Allí encontró trabajo, sí, pero le entró el gusanillo mochilero. “Sergi, ¿tú no querías salir a viajar después de la universidad?”, se recordó a sí mismo. Y hace 10 años cambió la oficina por un kayak.  

 “Me lancé un poco inconscientemente”, recuerda. “Haré la costa catalana”, se propuso. Y se lanzó al mar con un kayak de dominguero. El que conocía, se ríe. Los veranos solía alquilarlos por el Empordà. “El primer día casi naufrago”, se encoge de hombros. “Era más tozudo que experto”. Eso ayuda, garantiza, “mientras no te mates”.  

10.000 kilómetros a flote

Se compró un kayak bueno. Al mes se le terminó la costa catalana. “Y ahora que has llegado hasta aquí –se dijo-, puedes llegar hasta Gibraltar”. Y fue tirando, tirando, tirando. “¿Y si continúo hasta San Sebastián y doy la vuelta a la península entera?”. Allí vivía su hermana. “Me parecía bonito ir a verla en kayak”, se ríe. Tardó 6 meses en visitarla.

Intentó volver a la oficina. “¡Sergi –se dijo-, céntrate!”. Duró un mes. Aún tenía el kayak y mucha costa al norte por explorar. Nueva meta a remar: el Mediterráneo entero. Y así se le pasaron cinco años. 10.000 kilómetros a flote.

Resumen de la ruta en kayak de Sergi y Nirvana por el Mediterráneo.

Sergi se topó con Nirvana en Cerdeña. Una perrita callejera que ablandaría hasta a Cruella de Vil. Apenas llevaba un año de viaje. Le compró un chubasquero y la adoptó como tripulante. “Los primeros días vomitó bastante”, recuerda Sergi. Pero aprendió rápido. Ya sabe diferenciar entre proa y popa, aunque aún se hace la remolona cuando le dicen que coja el timón. ¿Que si ayuda mucho? “Emocionalmente”, se ríe el capitán. Habrán navegado juntos unos 10.000 kilómetros, calcula.

Sergi acaricia a Nirvana tras ponerle el chubasquero antes de echarse a la mar.

/ Ferran Nadeu

Nirvana se levanta del cojín de cubierta. Hace amago de huir a lo Chabelita esquivando paparazis. “Cuando empiezan las entrevistas, siempre se intenta escapar”, se ríe Sergi. Si le dices “ajò”, te apuntará con las orejas. Significa “vamos” en sardo. Es la única palabra que conserva de su idioma natal. Ella ahora ladra en catalán. A estas alturas, tiene hasta cuenta propia de Instagram. La comparte con Goku, un gato que adoptó cuando apenas tenía dos días. Incluso le dio de amamantar, asegura Sergi. Pero no, el minino no ha sacado su vena marinera. Aunque su dueño insiste de vez en cuando.

La perrita se pasea ya con rutina doméstica por los 12 metros de eslora del 'Ría de Ferrol'. 16 días estuvo navegando codo con pata con su dueño para traerse el barco desde Galicia. Hace poco más de un año que está amarrado en el Port Olímpic.

Nirvana avista un grupo de delfines durante el viaje a Barcelona desde Galicia del ’Ría de Ferrol’.

Sergi descubrió el velero en Ferrol, cuando fue a hacer las prácticas del PER (Patrón de Embarcaciones de Recreo). “¿Y este barco tan bonito?”. “Ah, pues si te gusta, lo quieren vender”. Y se le encendió la bombilla. ¡Plin! Retomó un viejo sueño: “Convertirlo en el primer barco tradicional dedicado a la observación de ballenas en Barcelona”.

Hace tres semanas que se avistaron las primeras ballenas por el Garraf. De marzo a junio se multiplican las aletas de rorcual

“Aquí en Barcelona tenemos cetáceos cerca y no hay muchos barcos que se dediquen a eso”, cuenta Sergi. Hace tres semanas que se avistaron las primeras ballenas por el Garraf. De marzo a junio se multiplican por nuestras costas las aletas de rorcual. Es el segundo animal más grande del mundo. “Y pasan por aquí delante también”, apunta Sergi. ¿Su meta sostenible? “Acercar esta realidad a la comunidad de Barcelona y crear conciencia a través de la experiencia directa con ellas”.

Salidas con una bióloga

Avistamiento responsable”, recalca el capitán. “Se informará a todos los pasajeros de cómo se hacen los avistamientos, cómo no molestarlas, cómo respetar su entorno”. A la tripulación se sumará una bióloga marina. “Junto a ella vamos a explicar toda la situación del hábitat marino de Barcelona –adelanta Sergi-. Todo lo que han sufrido las ballenas hasta el día de hoy”.

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“La idea –resume el marinero- es compartir toda la pasión que hemos ido adquiriendo estos años navegando en el Mediterráneo con la gente que quiera navegar con nosotros”. Espera que sus tripulantes neófitos se enamoren del mar. “Cuando te enamoras –justifica-, te puedes dedicar más a protegerlo y ser un poco más consciente”. 

Tras dos Verkamis, Sergi espera que el 'Ría de Ferrol' esté operativo en 10 días. Empezarán haciendo dos salidas a la semana para avistar ballenas (7 horas, 100 euros). “Y que la actividad  empiece a ir a flote”, augura con deje marinero. De momento, ya ha llegado a buen puerto.