13 ago 2020

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DRAMA OCULTO

Un anciano muere en soledad cada dos días en Barcelona

Los bomberos rescataron los cuerpos de 141 personas fallecidas y olvidadas en su domicilio durante el 2019

El Ayuntamiento arranca un proyecto para saber la cifra real de un problema que crece en paralelo al envejecimiento

Guillem Sànchez

Una anciana camina en solitario por Barcelona. 

Una anciana camina en solitario por Barcelona.  / ELISENDA PONS

Los bomberos del Ayuntamiento de Barcelona tuvieron que destrozar durante el 2019 las puertas de 141 domicilios para rescatar cadáveres de personas que habían fallecido sin que nadie las echara de menos. Casi todos eran vecinos de más de 60 años. Son datos que Sebastià Massagué, el jefe del cuerpo de emergencias municipal, presentó este jueves en la Junta de Seguretat Local de la ciudad. 

Esas cifras no explican la dimensión real del problema de envecimiento y la soledad que se expande por Barcelona porque estos 141 servicios de 'apertura de vivienda con éxitus' se corresponden únicamente con los casos más dramáticos: personas que se quedaron 'atrapadas' en domicilios a los que nadie podía entrar. Pero si un familiar, un amigo o un vecino dispone de llaves y ya no acuden los bomberos –los únicos que anotan esta emergencia–, estos fallecidos no aparecen en ninguna estadística. Los Mossos d'Esquadra y Guardia Urbana de Barcelona, que, respectivamente, acudieron a 786 y 207 domicilios en cuyo interior había un finado, no distinguen entre aquellos que vivían con o sin compañía. Y el Sistema d'Emergències Mèdiques tampoco diferencia entre quienes han muerto en la vía pública o en el hogar. Además, en varios de estos servicios coincidieron funcionarios distintos.  

Por este motivo, el consistorio de Ada Colau ha iniciado un proyecto para comenzar a cruzar datos de los distintos cuerpos de seguridad y de emergencias y lograr que aflore la cifra total de muertos en soledad en pisos de Barcelona. Por lo menos, subrayan fuentes municipales, a los 141 anotados por los bomberos deben sumarse otros 16 que ha contado el servicio municipal de teleasistencia, que instala dispositivos en casas de ancianos solitarios. 

La Cruz Roja, la asociación Amics de la Gent Gran y otras iniciativas privadas, junto a la teleasistencia, tratan de contener desde hace años un mal que crece tal como informó este diario en el 2016 en toda la sociedad catalana, cuya población de más de 65 años ha crecido casi un 30% desde el 2001. Aunque el aislamiento es más acusado en las grandes ciudades como Barcelona. Más del 10% de los habitantes de la capital catalana tienen más de 75 años y un tercio de ellos viven sin compañía.

Más hombres que mujeres

El informe de los bomberos está aún incompleto, pero sí permite aventurar algunas tendencias. La mayoría de los cuerpos hallados sin vida pertenecen a hombres. De los 141 cuerpos recuperados en el 2017, 91 eran de hombres y 50 eran de mujeres. En el 2018, cuando se batió un récord negativo de cadáveres, 105 eran hombres y 60 mujeres. El pasado año la ratio se mantuvo: 97 hombres y 44 mujeres. La explicación más plausible es que las mujeres tienen más facilidad para tejer redes de contacto que las protegen de morir solas y sin que nadie de la voz de alarma. Los hombres, por el contrario, son más proclives a sucumbir a grados de aislamiento que favorecen que al ser sorprendidos por la muerte transcurran días, o incluso semanas, sin que nadie los eche de menos.

A partir de la franja de los 80 años el perfil de la víctima cambia de sexo. Durante el 2018, los bomberos hallaron 14 cuerpos de más de 90 años, todos eran de mujeres. El motivo es simple: ellas viven más.

Los servicios que atendieron los bomberos entraron por llamadas de familiares que se encontraban fuera y no podían contactar con un pariente que vivía solo. O en otros muchos casos, los más tristes, porque el hedor de sus cuerpos –tras días en descomposición– llamó la atención de los vecinos.

Los datos muestran también que durante el verano o el invierno los casos de muerte en soledad se multiplican. El episodio más grave se dio durante el mes de agosto del 2018, cuando los bomberos tuvieron que atender 40 servicios. Ese mes coincidió con una ola de calor y, al tratarse de una época vacacional, en no pocos casos los parientes más próximos de los ancianos se encontraban lejos de Barcelona. La media de intervenciones durante los meses más atemperados sin festividades ronda la decena. 

Cámaras en Passeig de Gràcia y el Front Marítim 

Entre las medidas que la Junta de Seguridad Local valoró ayer jueves para combatir la delincuencia estaba de nuevo sobre la mesa apostar por la videovigilancia. Una comisión municipal, en la que participan los Mossos y la Guardia Urbana, medita desde el pasado verano instalar cámaras tanto en el Front Marítim como en el Passeig de Gràcia. En el primer caso, los aparatos de grabación de imágenes, se situarían en el tramo que los turistas recorren al salir de las discotecas para dirigirse al metro. En el segundo, a lo largo y ancho de la arteria comercial. 

Se trata de una iniciativa que cuenta con el agrado de los Mossos d'Esquadra, que valoran su poder disuasorio. El Front Marítim es un lugar frecuentado por carteristas a altras horas de la madrugada que abordan a los turistas de camino al tren suburbano. Y el Passeig de Gràcia es otro caladero al que los ladrones acuden para sustraer pertenencias a clientes de los negocios. Los planes municipales pasan por lograr un acuerdo con los negocios de la avenida barcelonesa para que sufraguen parte del coste de la videovigilancia. 

El hurto se distingue del robo violento porque en el primero el ladrón aprovecha un descuido de la víctima –y al hacerlo no recurre a la violencia o intimidación– y es, con diferencia, el delito más cometido en Barcelona. Seis de cada diez denuncias presentadas en comisarías de los Mossos son hurtos. Dado que para perpetrarlo, el delincuente aprovecha los despistes, el conseller de Interior, Miquel Buch, apeló ayer a la "autoprotección ciudadana", razonó. Según los datos, tres de cada diez víctimas de hurtos son turistas. Lo que significa que siete de cada diez son ciudadanos catalanes. "Si los de aquí mantuvieran el mismo grado de alerta que acostumbran a activar cuando hacen turismo, los datos de criminalidad bajarían", aseguró.  "En ningún caso", matizó después, debe interpretarse sus palabras como un intento de hacer a la cuidadanía responsable del aumento de la delincuencia –un 2,9% más que en el 2018–. O como un guiño a las llamadas 'patrullas ciudadanas', que se enfrentan con carteristas en el Metro asumiendo un riesgo para su seguridad y complicando el trabajo policial. 

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