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gráfica anarquista

Retratos para la revolución

L'Arxiu Fotogràfic de Barcelona exhibe las imágenes de la Oficina de Propaganda de la CNT-FAI

La muestra rehúye de la violencia y el caos para mostrar la cara amable de los que querían cambiar el mundo

Natàlia Farré

Miembros de la CNT pintando carteles de Mujeres Libres, en julio de 1937.

Miembros de la CNT pintando carteles de Mujeres Libres, en julio de 1937.

"La sección de fotografía de la Oficina de Información CNT-FAI [...] hace un llamamiento a todos los fotógrafos y reporteros para que presenten en esta oficina todas sus fotos del movimiento revolucionario". El anuncio se publicó en ‘Solidaridad Obrera’ el 19 de agosto de 1936.  Poco después de que estallara la guerra civil y poco antes de que la Generalitat hiciera lo propio. El objetivo no era otro que recoger material para mostrar gráficamente las bondades de la revolución social que pregonaba el anarquismo. La respuesta fue amplia y variada. Por un lado, se recogieron instantáneas de aficionados, militantes de la causa que altruistamente aportaron sus retratos. Por otro, los fotoperiodistas vendieron sus imágenes. También colaboraron los gráficos a sueldo de la CNT-FAI, con dos mujeres a la cabeza, Margaret Michaellis y Caty Horna. Y, finalmente hubo lo que Teresa Ferré llama "los dos misterios", que no son otros que las fotografías de la saga Pérez de Rozas y las de Antoni Campañà.

Ferré –junto a Andrés Antebi, Pablo González y Roger Adam– es comisaria de ‘Gràfica anarquista. Fotografia i revolució social, 1936-1939’, la exposición que acoge el Arxiu Fotogràfic de Barcelona (AFB) y que evidencia el “impacto de la imagen en la difusión de las ideas anarquistas”, algo “poco estudiado a diferencia de los documentos textuales” y algo “paradójico” habida cuenta de que parte de los destinatarios de los mensajes eran analfabetos.

Gente orgullosa y contenta

Ferré y sus socios llevan años intentando revertir la tendencia y trabajando sobre el papel de la fotografía en la revolución social desde el Observatori de la Vida Quotidiana, experiencia que les da para hacer alguna reflexión: “Desde finales del XIX, sobre todo desde la prensa burguesa, se representa a los anarquistas como violentos, contrahechos, caóticos... delincuentes. En cambio, estos retratos muestran a gente orgullosa, contenta, gente que va a hacer la revolución y quiere cambiar el mundo”. De ahí, que las imágenes recogidas en la muestra no reflejen ni iglesias quemando ni caos sino “lo que publicaba la prensa anarquista del momento”.

Milicianos en la Caserna Bakunin, actual cuartel del Bruc, el 27 de agosto de 1936. / ANTONI CAMPAÑÀ

Los más olvidados

Y ¿qué publicaba? Ni más ni menos que la revolución. Eso es un mundo nuevo. Escuelas, bibliotecas, colectivización y cambios de uso de los espacios. Iglesias convertidas en hospitales, residencias burguesas reinventadas en bibliotecas y estanques reales (como el de Pedralbes) mutados en piscinas públicas. Eso es lo que publicaban y eso es lo que recoge la muestra, amén de obreros y milicianos orgullosos.

Imágenes ocultadas por el franquismo que escribió su propio imaginario de lo que fue el anarquismo, y que en democracia tampoco se han recuperado. “De todos los olvidados de lo que pasó esos años, los anarquistas y la revolución social que defendían son los que más se han silenciado”. Su obra constructiva y su idea de la importancia de la cultura como herramienta emancipadora del individuo han sucumbido enterradas “por una pequeña parte del movimiento que utilizó la violencia y los atentados para luchar contra la burguesía y el capital. A finales del siglo XIX se asocia anarquismo con la bomba Orsini y los atentados”. Y así siguen las cosas.

París, Londres, Ámsterdam

Muchas imágenes de la exposición provienen del Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam, donde fueron a parar los documentos de la Oficina de Propaganda de la CNT no sin antes sufrir múltiples avatares. En 1939, para evitar la confiscación franquista, se empaquetó  el material en cajas de fusiles –entre 40 y 48– con destino a Holanda, pero la segunda guerra mundial truncó el camino. Primero, París; luego, Londres, para acabar definitivamente en Ámsterdam en 1947. Es un material poco estudiado e inédito en su mayoría. Y un material que esconde misterios, como el de Campañà, un fotógrafo pictorialista, católico y señor de Barcelona con unos retratos nunca imaginados de orgullosos revolucionarios.

El segundo misterio, el de los Pérez de Rozas, descansa en el propio AFB. Ahí hay un gran fondo de colectividades agrarias y una pequeña colección de imágenes sobre las actividades de Mujeres libres. “Sorprendente porque a partir del 1939, la familia Perez de Rozas, fotográficamente, construyó la visión del régimen”.