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barceloneando

La bandera que nadie discute

Un arquitecto repara en lo inadvertido, que la seña de identidad común, sin que se sepa la causa, es el toldo verde

Carles Cols

Carlos de Diego / ZML

Fue tras dos años de estancia en Alemania y de regreso a España que Pablo Arboleda, jiennense y arquitecto, tuvo una epifanía que, así, a bote pronto, más de uno pensará que menuda tontería, pero a poco que se deja reposar la idea esta coge las dimensiones de un caso para Iker Jiménez, un cuarto milenio de padre y muy señor mío. ¿Por qué los toldos son verdes? Vale, los hay, aunque muy pocos, anaranjados. Los más recientes, los de las últimas promociones inmobiliarias y de algún local modernete, puede que incluso sean de grises mortecinos. Pero la aplastante mayoría, en proporciones de votación búlgara, son verdes. ¿Es esa la verdadera enseña de España? Lo pregunta, y muy en serio, Arboleda. Hay una imagen en el indispensable vídeo que acompaña a esta noticia (lectores de papel, como sea, búsquenlo) que lo explica todo sin palabras. Dos balcones, en uno de ellos, la ‘estelada indepe’, en el de al lado, la rojigualda con el toro osborniano como escudo. Menudos silencios debe haber en el rellano de la escalera mientras se espera el ascensor. Pero por encima de esa cainita diferencia ideológica, un denominador común. Los dos balcones tienen su toldo verde.

Pablo Arboleda creó en Facebook un grupo de Amigos del Toldo Verde y ya se juntan más de 1.500

Fue de regreso de la patria de Goethe que Arboleda reparó en esa singularidad ibérica y, aunque con más preguntas que respuestas, creó un grupo en Facebook, Amigos del Toldo Verde, donde a fecha de hoy se juntan no menos de 1.500 personas de los cuatro puntos cardinales que, entre otras cosas, han dibujado las fronteras de ese patrimonio inmaterial (un miembro de la comunidad, por ejemplo, acredita con una foto que también los hay en Tánger, vamos, que en los años del protectorado España dejó su semilla plantada), elucubran por qué este color y no otro, y, lo que más desazón les causa, andan todos en busca de una explicación, que muy puñetera ella, se resiste a ser revelada.

Dos ideas antagónicas, bajo la bandera común del toldo verde / Amigos del toldo verde

Barcelona, vaya eso de antemano, es ciudad ‘verdetoldera’. Monta tanto en esta materia como Madrid. Si alguna zona de España es desafecta en esta cuestión es (eso dicen los miembros del grupo) la que vive cara al Cantábrico. Sus razones tendrán, pero también se desconocen.

Carbono 14

El toldo verde está a pie de calle, en el bar o en la frutería, y está omnipresente a la que se levanta la vista, en los balcones. Es, y en eso coincide Arboleda, el carbono 14 que abre y cierra el paréntesis de una época. En el futuro se podrá fechar una foto descontextualizada gracias a ese detalle cromático. “Ves una gárgola y dices, ¡gótico!, verás algún día un toldo verde y dirás, ¡la España de la Transición!”, prevé Arboleda.

Su historia se remonta no mucho más allá de los 60, cuando las ciudades crecían como la yuca, a ojos vista

La eclosión del toldo verde fue en los años 60, cuando las ciudades crecían como la yuca, a ojos vista. Perduró en los 70 y 80 y, tal vez, solo comenzó a languidecer con el cambio de siglo. A lo mejor los primeros toldos no fueron más que la evolución lógica y natural de aquellos postigos verdes de las casas de pueblo o de aquellas persianas enrollables de pequeños listones de madera. Es una posible pista sobre su origen. La otra es que hubo un propósito, que puestos a elegir, antes que un rojo pasión, un negro fúnebre o un blanco símbolo de la pureza, por qué no un verde, con la serenidad que aporta. Pero esa paz que aporta a la vista es engañosa, muy lorquiana. Recuérdense los versos de Federico García Lorca, al principio todo luz, “verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas”, pero ya se sabe cómo era el de Fuente Vaqueros (Granada), que con el lector con la guardia baja por la dulzura de los primeros versos, zas, le clavaba la tragedia, “ya suben los dos compadres hacia las altas barandas, dejando un rastro de sangre, dejando un rastro de lágrimas”. El ‘Romance sonámbulo’ es un dramón.

Pues sí, el verde es muy sufrido, de ahí que ese fuera el color de la ropa de quirófano, que tan bien disimula la sangre. No hay que desestimar ninguna opción por inverosímil que parezca, acepta Arboleda.

Algún lector puntilloso y fiel de esta alacena de crónicas que es barceloneando se preguntará si este es lugar para la ignota historia del toldo verde, habiendo tanto y tan especial que contar sobre esta ciudad, pero parece oportuno, ni que fuera por una vez, no destacar aquello que hace de Barcelona una ciudad especial, para lo bueno y para lo malo, sino lo que la convierte simplemente en una más. Esa es la gracia de Amigos del Todo Verde, que las fachadas de una u otra ciudad que aportan los miembros de esta comunidad son en su mayoría inubicables. ¿Es o no es el toldo verde la verdadera enseña de España?

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