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BARCELONEANDO

Jordi Torrent y la barca del oro

Este director de cine afincado en Nueva York está al frente de la pequeña productora Duende Pictures

Ramón de España

El cineasta Jordi Torrent, en Barcelona.

El cineasta Jordi Torrent, en Barcelona. / ALBERT BERTRAN

Llevo cruzándome con Jordi Torrent (Barcelona, 1955) desde el pleistoceno. O, para ser más concretos, desde finales de los años 70 del pasado siglo, cuando yo ejercía de periodista 'underground' y él, de cineasta experimental influido por Jonas Mekas y de organizador de conciertos de rock dentro del colectivo CucSonat. Jordi fue uno de los responsables del primer festival punk celebrado en España, que tuvo lugar en L'Aliança del Poblenou en 1978, fue un acontecimiento deliciosamente catastrófico y, exceptuando a La Banda Trapera del Río, consistió en una serie de grupos que seguían al pie de la letra los consejos de Malcolm McLaren a la hora de hacerse cargo de uno de ellos: "Reúne a cuatro o cinco tíos que no sepan tocar ni cantar y que, a ser posible, se odien mutuamente. Sube el volumen al máximo y apártate".

El amigo Torrent, que vive en Nueva York desde 1983, felizmente casado con la encantadora Flavia Galuppo, pasó hace unos días por Barcelona y aprovechamos para ponernos al día. Se celebraba el festival Americana, dedicado al cine independiente estadounidense, y Jordi acudía como productor de 'The Golden Boat', película dirigida en 1990 por el chileno afincado en Francia Raúl Ruiz (fallecido en el 2011) y restaurada recientemente por el Musem of Modern Art (MOMA) de Nueva York: "En aquella época, yo trabajaba como asesor audiovisual para una galería de arte, Exit Art. Ruiz disfrutaba de un lectorado en Harvard, y con James Schamus, que luego crearía Focus, y otra gente le propusimos rodar un corto. Era un tipo muy simpático, que tumbaba a cualquiera bebiendo, pero siempre sin perder los papeles. Nos dijo que, en vez de un corto, mejor rodar un largo, que tampoco iba a costar mucho más. Y así lo hicimos: la cosa costó 150.000 dólares, un presupuesto ridículo para cualquier película de Hollywood". 'The Golden Boat' tomaba su título de la canción mexicana 'La barca de oro', obra cumbre de la melancolía que Alejandro Jodorowsky incluyó en su magnífico e hipnótico film 'Santa sangre'. Podría decirse que 'The Golden Boat' era una rareza de no ser porque toda la obra de Ruiz es una colección de rarezas.

Otras dos películas

Ese calificativo también les cuadra a los dos largometrajes que Jordi lleva dirigidos y que han tenido una distribución escasa, rayana en la invisibilidad: 'L'est de la brúixola' ('East on the compass'), del 2000, presentado en el festival de Sitges en el 2005, y 'La redempció dels peixos' ('Redemption of the fish'), del 2013. Aprovechando su estancia en Barcelona, ha intentado completar la producción de la que será su tercera película, 'Savoyard': "La acción transcurre en el Tirol italiano durante el verano de 1789, el año de la Revolución Francesa. Es la historia de un comediante ambulante y un crío del que se ha hecho cargo y con el que viaja en su carromato. Los savoyards se dedicaban, sobre todo, a la linterna mágica, que era una novedad en los pueblos que recorrían. Es una historia íntima en un entorno grandioso y revolucionario, y también una reflexión sobre una época que termina y otra que empieza. En fin, otro 'blockbuster' ['taquillazo', en castellano] de los míos".

Tras su etapa punk, el amigo Torrent se fue a París -donde quedamos a comer alguna que otra vez- para continuar con sus estudios. Tras licenciarse en Filosofía Pura en Barcelona, estudió cine en París -entre sus profesores, Eric Rohmer- y luego se fue a Nueva York porque no veía muy claro lo de volver a Barcelona. "Me quedé por amor -dice-. "Ya sé que suena un poco cursi, pero es la verdad". Al frente de una pequeña productora, Duende Pictures, nuestro hombre va sacando adelante, sin prisa, pero sin pausa, esas películas con las que la industria no sabe muy bien qué hacer, pero que a él le parecen necesarias: "Yo creo que estaba predestinado para el cine. Mi abuelo fue el feliz propietario, en los años 30, del primer cine de Sant Hilari de Sacalm, que también servía como café y lugar de tertulias para miembros de Esquerra Republicana. Después de la guerra civil, se salvó del fusilamiento por haber acogido a un cura al que se querían cargar".

O sea, que la cosa estuvo del canto de un duro y mi viejo amigo podría no haber llegado a nacer. La vida es tan precaria como su carrera cinematográfica.

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