Ir a contenido

NUEVA NORMATIVA

Barcelona blinda su red de pequeños clubs

La categoría de Espais de Cultura Viva que protegerá locales para 150 personas y con 40 conciertos al año puede aprobarse en dos meses

Nando Cruz

Concierto del grupo Ajuar en el bar Heliogàbal de Barcelona.

Concierto del grupo Ajuar en el bar Heliogàbal de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

Nervios de última hora en los pequeños locales de conciertos de Barcelona. El ayuntamiento ultima la creación de una nueva categoría llamada Espais de Cultura Viva que blindará legalmente a decenas de espacios que constituyen el tejido de base de la música en vivo, pero que llevan décadas en una intemperie legal. Después de tres años de trabajo, la normativa está lista para entrar en el plenario de marzo. Si no se oponen los grupos políticos se aprobará en unos dos meses.

La categoría de Espais de Cultura Viva es un reconocimiento largamente ansiado por bares musicales, asociaciones culturales, galerías de arte y demás espacios que sin ser salas de conciertos sí programaban actuaciones. Se trata de una estructura legal, una categoría inexistente en otras ciudades del país, que permitirá a estos locales, por ejemplo, disponer de un aforo variable. Esta modificación facilitará que locales con una licencia de bar cafetería y con aforo minúsculo ajustado a esa actividad, como sucede con el Heliogàbal, puedan multiplicar su aforo a la hora de los conciertos sin miedo a ser multados.

Otra modificación clave que se introducirá en la ordenanza municipal es la creación de una categoría de música semiacústica. Hasta ahora, los locales de pequeño formato solo podían programar música acústica. Si querían ofrecer actuaciones electrificadas, debían sumir unas obras de insonorización que para muchos eran inviables incluso recibiendo subvención municipal. Esta categoría permitirá tocar con instrumentos enchufados y a un máximo de 95 decibelios, garantizando un aislamiento en el exterior que no supere los 45 decibelios. Esto da vía libre a muchas más opciones que el concierto de guitarra acústica y voz. Los locales que se acojan a la categoría de Espais de Música Viva y estén en zonas de especial saturación deberán terminar los conciertos a las 23.00 horas.

Proximidad y diversidad

Los Espais de Cultura Viva serán locales con un aforo de hasta 150 personas y que programen un mínimo de 40 actuaciones al año; sean musicales, de poesía o cualquier otra arte escénica. La nueva normativa los define como “espacios de pequeño formato, de proximidad, que llevan a cabo una programación cultural estable vinculada a la música en vivo, las artes escénicas o cualquier manifestación vinculada al arte contemporáneo y la cultura popular y que tienen un papel de articulación social en el territorio entendiendo la diversidad (de género, de origen, generacional) como un elemento fundamental”. El objetivo del ayuntamiento es reconocer, proteger y potenciar “el papel articulador social del territorio” que históricamente han desarrollado muchos de esos locales, una labor de dinamización de la vida cultural de su entorno más próximo, del barrio.

Daniel Granados, asesor del Institut de Cultura de Barcelona y principal impulsor de este proyecto, define el “reconocimiento de espacios de relevancia cultural” como una herramienta clave para “fortalecer un circuito de abajo a arriba. Se habla mucho de creación de públicos desde una perspectiva muy de industria, pero no se riega donde hay que regar: en las fuentes creativas. Para eso hay que fortalecer el tejido y cambiar el marco normativo para protegerlo y garantizarlo”. Y añade: “Rosalía no estaría donde está hoy si antes no hubiera actuado en locales de pequeño formato que hasta ahora eran ilegales”.

La aprobación en marzo de esta nueva normativa municipal culminará un proceso que se inició con la circular de marzo del 2016 que abría la posibilidad a cualquier bar a programar conciertos. Entonces, muchos no se lo pudieron ni plantear porque la insonorización que exigía la ley era imposible de asumir por locales de aforos pequeñísimos y escaso volumen de negocio. La categoría de música semiacústica y la flexibilidad de aforo permitirá que los locales tengan una situación legal y económica más holgada. Y eso debería repercutir en los músicos, otro sector muy afectado por la precariedad de los pequeños locales.

Koitton Club, Heliogàbal, Diobar, Robadors...

El documento que se presentará en el plenario define estos Espais de Cultura Viva como locales que “generan un contexto adecuado para la cohesión social y la participación ciudadana” y que “promueven la interacción con distintas instituciones, entidades o colectivos”. Así, en las antípodas de los eventos masificados, de la uniformidad cultural y del trato al público como un mero consumidor, trabajan, entre muchos otros, el Koitton Club de Sants, el Diobar del Born, la Bodega Saltó de Poble Sec, el Espai Niu de Poble Nou o Big Bang, Cronopios, 23 Robadors y Freedonia del Raval. Son espacios donde se tejen vínculos con el barrio y cuyos escenarios están abiertos a colectivos y culturas a menudo invisibilizados por la cultura oficial y las grandes salas comerciales.

Uno de los requisitos para acceder a esta categoría de Espai de Cultura Viva es demostrar que colaboran con alguna entidad del barrio. Es un modo de evitar que estos locales puedan convertirse en burbujas ajenas a su entorno más cercano. Para alejar de la precariedad y la incertidumbre a esos pequeños espacios, desde el año pasado las subvenciones a salas reservan un 60% del dinero para los de menos de 150 personas. Una vez aprobada la categoría, la idea es potenciarla con placas identificativas para cada local, una página web que servirá como catálogo de esta red y una agenda compartida desde la que informar de la infinita y diversa oferta del circuito musical de base de Barcelona.

El sector presiona

La legislatura está a punto de concluir y el sector musical teme que una traba política de última hora encalle la aprobación de la nueva normativa, lo cual, si hay un cambio de gobierno en las elecciones de mayo, podría echar por tierra todo el proyecto. Ayer la Associació de Sales de Concerts de Catalunya emitió un comunicado instando a todos los grupos municipales a aprobarla en el próximo plenario. El manifiesto está firmado también por la Acadèmia Catalana de la Música, la Associació de Músics de Jazz i Música Moderna, la Associació Professional de Músics de Catalunya, la Plataforma Música Viva e incluso por  Fecalon, la Federación Catalana de Locales de Ocio Nocturno.

El sector musical está harto de halagos y reconocimientos simbólicos que venían acompañados de multas y cierres. El caso del bar Heliogàbal de Gràcia es paradigmático: recibió un Premi Ciutat de Barcelona por su labor cultural y poco después el propio ayuntamiento lo cerraba. Esa incertidumbre ha hecho que muchos dueños de locales hayan estado meses y años a punto de tirar la toalla. La nueva categoría quiere “generar las condiciones necesarias para que estos locales tengan recursos y garantías para hacer su trabajo en condiciones sin que ello afecte la convivencia vecinal”, insiste Granados. Una reivindicación largamente ansiada por el tejido cultural y que parece que al final se concreta.