Ir a contenido

BARCELONEANDO

Teléfono de emergencias (poéticas)

Hace meses que circulan 'flyers' con un nuevo número en rojo a lo 112. Llamas y te recitan un poema de emergencia. Un Cyrano de Bergerac a domicilio

Ana Sánchez

Edu Bernal y Fede Nieto posan con un cartel con el teléfono de emergencias poéticas en la entrada de  L’Horiginal. Aquí se suele intercambiar el móvil los miércoles entre voluntarios. 

Edu Bernal y Fede Nieto posan con un cartel con el teléfono de emergencias poéticas en la entrada de  L’Horiginal. Aquí se suele intercambiar el móvil los miércoles entre voluntarios.  / ELISENDA PONS

Te responden con la misma urgencia que en cualquier otro teléfono de emergencias. Alguien descuelga sin identificarse, no te da pie a decir ni hola. Nada de prolegómenos, al grano. Y automáticamente se te dibuja esa sonrisita boba de felicidad inesperada, como la que tienen los de Vox desde las elecciones andaluzas. Decir que tu cara es un poema sonaría demasiado redundante. Al otro lado del móvil te están recitando un poema de emergencia. Con su entonación teatral y sus pausas dramáticas. Un Cyrano de Bergerac a domicilio.

Hace siete meses que circulan flyers por Barcelona con un nuevo número en rojo a lo 112: “Poesía de Emergencia659 86 10 32”. Emergencia: dícese cuando estás en la cola del Ikea, en un atasco, esperando para renovarte el DNI. Un teléfono de la esperanza en versión poética. ¿Que para qué sirve? “Para maquillar algún momento feo”, apuntan sus ideólogos. Objetivo a largo plazo: “Reivindicar y acercar la poesía a la gente”.

Ninguno de los dos es poeta. Edu Bernal trabaja en una empresa de gestión cultural. Fede Nieto es fotógrafo, profesor, escritor. Juntos programan desde hace un año el espacio L’Horiginal. Un clásico entre los poetas: aquí se reúnen todos los miércoles. Es el día que Edu y Fede suelen recibir a los poetas de emergencia.

El teléfono se lo van pasando voluntarios. Han recitado poemas de emergencia desde chicos de 19 años a señoras jubiladas

Así funciona esta poesía telefónica: a base de voluntarios. Suelen llevar el móvil encima una semana. “Los miércoles viene uno a traerte el teléfono y se lo das a otro. A veces se lo dan a un amigo y ya ni pasan por aquí”. Hay quien se tira un mes con él. Se llevan el teléfono, un póster, dos o tres flyers y las instrucciones.

“1. Cuida del teléfono”. En cuanto ves el aparato, entiendes que más que una norma es una necesidad. Costó 18 euros. Parece uno de esos móviles que usan los narcos en las series para no dejar rastro policial. Eso ya da regustillo poético. Cualquier adolescente te lo tiraría a la cara: no tiene datos y se escucha un poco mal. Aún así ha pasado ya por los bolsillos de 30 voluntarios.

La “normativa para voluntarios” recomienda llevar encima un libro de poesía y evitar interactuar con quien llama. Así que algún poema le han soltado a los de Vodafone. Esto sí que es venganza poética.

“Y 10. Lleva un póster a tu librería favorita y háblales del proyecto”. Es la única promoción oficial. Encontrarse el número por la calle es más difícil que hablar de feminismo en casa de Bertín Osborne. No tiene ni Facebook. “Porque la idea es que sea así, un poco loco”, Edu se encoge de hombros. “Que acabe caminando solo –añade Fede-. Que llegue un punto en el que no tengamos ni idea de dónde está el teléfono”. “Un poco punky –añade Edu-. Desorganizado, pero va creciendo”. De hecho, ya les han pedido los datos para replicar el proyecto en Bérgamo, Pamplona y Santarder.

¿Quieres que la poesía te salve la vida?

“Hola, Poesía de Emergencia”. Esta semana responde al teléfono un poeta, Ignasi Poveda. Saluda y se pone a recitar sin coger aliento. “Y después de la rabia –imposta la voz-. Una lágrima rozando la caída, recuerdo de la sumisión del hielo al calor". El poema de Marçal Font resuena con eco teatral y sin emergencia. "La capacidad de reacción, de rectificar como aquellos los sabios -tono de redoble-. Después de la rabia. Solo cabe seguir amando”. Ignasi deja unos segundos para que el interlocutor cierre la boca. Y se despide: “A seguir soñando”.

“Si alguien necesita que la poesía le salve la vida como lo hace conmigo, que llame”, incita el poeta de emergencia. Él lleva tres semanas con el teléfono comunal. Ha respondido incluso a las 2 de la mañana. “Un grupo de jóvenes querían una dosis de literatura trasnochada –se ríe-. Les di lo que buscaban”. El horario de atención depende del voluntario. Si salta el contestador, se escucha un haiku de Benedetti.

"No tenemos ningún control", dicen los ideólogos de esta Poesía de Emergencia. "Y es lo que nos gusta: que nadie pueda controlarlo"

No hay que ser poeta para llevar encima el móvil. Han recitado versos de emergencia desde chicos de 19 años a señoras jubiladas. Los poetas –apunta Edu- lo pueden utilizar como promoción alternativa.  Se recita todo tipo de poesía. Hasta te puede dar un ataque de dadaísmo cacofónico, apunta Fede. “Es la libertad absoluta”, añade. “Básicamente porque no tenemos ningún control”, se ríe. “Y es lo que nos gusta: que nadie pueda controlarlo”.  

Es un teléfono de emergencia, pero algo cambia. “Te cambia porque te aproxima a alguien –dice Fede-. A mí la poesía me parece algo profundamente íntimo. Es un momento de acercamiento”. Descuelgas y no es una máquina. “Y te está hablando a ti”.  

Temas: Barceloneando