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Lawrence regresa a Áqaba

Phenomena, el más notable equipamiento cultural del Eixample, reestrena el clásico de Lean en 70mm, lo nunca visto en Barcelona desde 1989

Josep Calle, cabinista del Phenomena, mira al trasluz una obra de arte, ’Lawrence Arabia’ en 70mm, una versión de la que no hay más de cinco copias en el mundo. / RICARD FADRIQUE / ASLI YARIMOGLU

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Decía Rossini, que de mover el bigote sabía un rato, que “la trufa es el Mozart de las setas”, y así, tirando de ese hilo argumental, por qué no decir que los rollos de película de 70mm son el Vermeer o el Velázquez del cine, cuestión que viene al caso porque este domingo la Sala Phenomena de Barcelona, el equipamiento cultural más notable del Eixample, reestrena Lawrence de Arabia tal cual como David Lean la parió en 1962, nada de moderneces digitales, sino fotogramas de 70 milímetros en movimiento, o sea, cine de verdad y, en cantidad, mucha, porque se trata de una película de 222 minutos de duración,13 rollos que con guantes de joyero manipula estos días Josep Calle, el cabinista. Habrá en el mundo cinco copias como mucho de esta versión, asegura Nacho Cerdá, el capitán de este cine renacido sobre las cenizas del antiguo Nápoles. La cita con Calle es en la cabina y la charla, glups, nada menos que junto a un Victoria 8, el Rolls Royce de los proyectores de la vieja escuela. Lleva un dedo vendado. Dice que fue el miércoles, que se cortó cuando limpiaba la empalmadora. No parece que mienta, pero tal vez se cortó con la daga que Omar Sharif le entrega a Peter O’Toole tras cruzar el desierto del Nefud rumbo a Áqaba.

El cabinista Josep Calle anda con un dedo vendado. Se cortó con la empalmadora, dice. Tal vez era el fotograma en que Sharif le entrega una daga beduina a O'Toole

En 1989, el reestreno de Lawrence de Arabia en el cine Novedades fue todo un acontecimiento social en Barcelona. Se escribió mucho sobre ello. En realidad fue más bien un estreno, porque lo que se proyectó, igual que ocurría simultáneamente en el resto del mundo, fue la versión original que rodó y montó Lean en su día, tras una misión de restauración en la que participaron, además del propio director, Martin ScorseseSteven Spielberg John Davidson. En los sesenta, se desdeñó más de media hora de rodaje, con tanto desdén que en algunos casos se almacenaron los negativos, sí, pero no las bandas de sonido. Hubo que llamar a los actores para que prestaran de nuevo su voz. Allí que fueron Peter O’TooleAlec Guinness y Anthony Quinn, entre otros, pero algunos se les había muerto por el camino, como Jack Hawkins, un contratiempo sin duda, pues era nada menos que el general Allenby, y hubo que buscarle un sustituto con un timbre de voz que diera el pego para poner a los otomanos en su sitio.

Especie en peligro de extinción

Lo dicho, aquel reestreno de 1989 fue un notición. Ángel Fernández Santos le puso un título que ni niquelado, Un monumento reconstruido. Resumía muy bien lo que se presentaba ante los espectadores. Pero el cine en 70 milímetros entró a finales del siglo XX en los que los biólogos llamarían el cuello de botella de la extinción. Parece que lo último que se estrenó en Barcelona en ese formato fue Baraka, una película para insomnes. Lo que vino después fue un fundido en negro.

Omar Shariff y Peter O'Toole, en una escena rodada probablemente en la Arabia almeriense

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El caso es que este formato ha regresado de la mano de cineastas actuales como Christopher Nolan y Quentin Tarantino y, también, de quisquillosos de repescar títulos memorables rodados con esa anchura de negativo que podría ser definida como el vinilo del cine, pero que es mucho más. En España, solo Cerdá tiene un proyector capacitado para ello, su Victoria 8 con tres ópticas, la de 70, la Panavision y la Cinemascope. Sin su pundonor profesional, habría que irse al Grand Rex de París o al Prince Charles de Londres para atacar Áqaba como se merece, por la retaguardia, a lomos de un camello y arreando al animal con mirada anfetamínica. En realidad era la playa almeriense de El Agarrobico donde se rodó aquel clímax bélico, pero una vez en la butaca del cine, nadie repara en ello.

Cosas del Phenomena, un día se quemó un fotograma a ojos vista de la platea. Como antes, vamos. El público lo agradeció como un homenaje

Este domingo, pues, se reestrena Lawrence de Arabia en un copia positivada desde el negativo original, mejorada sin sobrepasar la frontera de lo tecnológicamente inaceptable. Es de poliéster, más imperecedera. No como el celuloide, que a la que el cabinista se despistaba se fundía a ojos vista de la platea. A Josep Calle eso le sucedió una vez en el Phenomena durante la proyección de Braveheart. Cuenta que el público se lo tomó como una suerte de homenaje al cine de antes, metacine, pero es que los espectadores de esta sala tienen su qué. Este próximo domingo y durante los otros cuatro pases previstos en junio eso no puede suceder, porque aunque Goethe decía que la vida es corta pero el día es largo, no tenía en cuenta que Lawrence de Arabia son casi cuatro horas de proyección. Bien invertidas, eso sí.