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BARCELONEANDO

El Clementi de la señora Anna

De cómo aquel mueble que decoraba el recibidor de casa resultó siendo un instrumento noble hecho por 'el padre del pianoforte'

Mauricio Bernal

Anna Cuatrecasas y su piano Clementi, en Barcelona.

Anna Cuatrecasas y su piano Clementi, en Barcelona. / RICARD FADRIQUE

El piano podía no haber sido un Clementi, es decir una joya en el universo de los pianos: Anna Cuatrecasas se habría aferrado a él con la misma convicción que si hubiera sido un instrumento vulgar, con el mismo apego con que ha hecho pervivir el resto de los muebles de la familia. Se remonta todo a su infancia: perdió a sus padres y a su hermano antes de cumplir los 11 años, y se desarrolló en ella la lúcida consciencia de que las personas podían desaparecer, pero los muebles no: los muebles se quedaban. "Mi familia, mis padres y mi hermano fueron muriendo desde que nací hasta que cumplí 11 años: llegaba a casa y se había ido uno. Pero los muebles permanecían. Eran mi refugio, eran mi familia. Me decía a mí misma: ‘Aquí los que se quedan son las paredes y los muebles’. No había personas, pero había objetos, y yo me aferré a ellos".

Sus padres y hermano murieron cuando ella niña, y ella se aferró a los muebles porque eran lo que permanecía

Anna tiene hoy 70 años y vive en un piso de la calle de Balmes donde todos los muebles son aquellos de su infancia; los que permanecían mientras todos se marchaban. Han sobrevivido porque el apego que desarrolló en aquellos años ha sido un valor inmutable en su vida, así que ahí están: los sillones, los sofás, el comedor, la biblioteca; y el Clementi, presidiendo la zona noble de la casa. Durante mucho tiempo estuvo en el recibidor, que era donde Anna recordaba que había estado siempre en el piso de Provença –"lo recuerdo, era lo primero que veía al entrar"–, pero eso fue antes del descubrimiento: antes de que saliera a la luz que era un mueble con nobleza, y antes de que melómanos y pianistas y especialistas en pianos Clementi empezaran a desfilar por el piso de Balmes para presentar sus respetos. Desde entonces está en el centro del salón, a los pies de una pared donde cuelga un retrato del célebre pianista, compositor, editor musical y fabricante de pianos italiano. Muzio Clementi.

Un cartelito que pone 'Clementi'

Hubo un tiempo en que tocar las teclas del Clementi no equivalía a producir sonido, un tiempo en que el Clementi era un piano mudo, pero hacia el año 2008 Anna lo confió al maestro restaurador Jaume Barmona para que le devolviera la vida. "Además, pensé que ya que tenía un piano podía no solo restaurarlo sino hacer conciertos en casa, como hacía la gente en las películas de los 40". El piano resucitó como piano y volvió a sonar, pero aún faltaba quien le restituyera la nobleza, y eso ocurrió durante una cita con amigos, cuatro o cinco años más tarde. "Quedamos a cenar con un amigo y su novia, a la que yo no conocía. Ella era música, y en un momento dado dijo que tenía un piano en casa. Entonces yo le dije: ‘Yo también’. Me preguntó qué piano tenía, y yo le dije que no sabía, que era un piano antiguo. Entonces ella me dijo: ‘Pero tendrá una marca’. Y yo: ‘Bueno, tiene un cartelito ahí pegado que pone Clementi’".

Melómanos, pianistas y expertos desfilan por el piso de Anna para ver y tocar el Clementi

Todo se precipitó a partir de ese momento. "¿Tienes un Clementi?", dijo la mujer, y entonces le habló de una amiga suya, pianista, que se había especializado en la obra del compositor italiano. Se llamaba Marina Rodríguez, y acabó grabando un disco con el Clementi de Anna en el piso de Anna ('Clementi on a Clementi & Co. Square Piano'). "Fue increíble. Me parecía tan increíble que se pudiera grabar un disco en mi propia casa que dije: ‘Voy a vivirlo a ver si es verdad’". Marina y su marido, Joan Josep Gutiérrez, mandaron fotos del piano a un experto inglés que dio fe de su autenticidad: era un piano del conocido como 'padre del pianoforte' y había sido fabricado en 1824.

Un objeto para decorar

De repente, un entusiasmo colectivo empezó a brotar en  torno al viejo instrumento. Una amiga de Anna, Eva Álvarez, le habló un día del congreso internacional de expertos en Clementi que iba a celebrarse al poco tiempo en Lucca, Italia, y allá se presentaron ambas. Muchas de las visitas que ha recibido el piano de expertos internacionales se gestaron allí: dado que Clementi creó una cantidad limitada de pianos, en el universo Clementi el hallazgo de un ejemplar es un acontecimiento trascendente. El entusiasmo colectivo confluyó finalmente en la creación de la Associació Muzio Clementi de Barcelona, cuyo núcleo fundador conforman todos los mencionados anteriormente. Su intención es difundir la obra y el legado del compositor italiano así como investigar la influencia que ha tenido su música en Catalunya.

Ignacio Cuatrecasas compró el Clementi el 5 de marzo de 1948, cuatro días antes de que naciera Anna. Así consta en la factura de compra que aún conserva su hija, enmarcada porque naturalmente es un tesoro. Dice allí que costó 8.870 pesetas, y que fue adquirido como parte de un lote que incluía un biombo, dos pedestales imperio, bombillas, pantallas, una silla y una puerta de armario tapizada, entre otras cosas. Era un objeto para decorar.

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