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CORRECTIVO MORAL PARA INFRACTORES

Un crudo baño de realidad vial para evitar la multa

La Guardia Urbana de Barcelona imparte cursos sustitutivos de sanciones en los que no se ahorra el descarnado efecto de los accidentes de tráfico

"A nadie le hará ningún daño escuchar esto por muy duro que sea", resume uno de los asistentes, tras cinco horas de clase

Carlos Márquez Daniel

Uno de los asistentes intenta agarrar un bolígrafo con unas gafas que simulan los efectos de la droga en nuestra visión.

Uno de los asistentes intenta agarrar un bolígrafo con unas gafas que simulan los efectos de la droga en nuestra visión. / RICARD CUGAT

El voluntario, la empollona, el participativo, la pasota de la capucha, el tímido. Esta es una clase al uso, pero con una peculiaridad. Estos 25 hombres y mujeres no se conocen de nada ni esto es un colegio. Están en dependencias de la Guardia Urbana porque quieren ahorrarse una multa de circulación. En principio es solo para eso, y al cabo de cinco horas seguramente se habrán librado del correctivo económico, pero lo cierto es que abandonarán el aula con el gesto algo torcido y el estómago revuelto. Y la lección aprendida. Es sábado, 24 de febrero. Bienvenidos al crudo curso de seguridad vial para la remisión condicional de la sanción.

Las multas generan muy mal humor. Lo habitual al recogerlas del cristal o de manos del agente es fijarse en el plazo que suele darse para pagar la mitad del importe. En la parte posterior hay un montón de letra pequeña que nadie se molesta en leer. En ese dorso inhóspito se informa de las condiciones para realizar una formación que evite sacar la cartera. Y ahí están todos ellos, a las nueve de la mañana, sin demasiado ánimo. La sargenta Anna Martínez corta la cinta. Les explica que el objetivo de la sesión es "modificar conductas para evitar accidentes de tráfico", y les invita a opinar, preguntar y participar siempre que lo crean conveniente. En los primeros compases este es un grupo al azar, sin conexión alguna. Perezoso. Pero con el paso de las horas, y las materias tratadas, se irá tejiendo un vínculo tan involuntario como emocional.

Horror en el aula

La jornada consta de seis módulos en los que se tratarán las conductas de riesgo, las causas de la accidentalidad, la normativa, la vulnerabilidad de los tipos de transporte o el punto de vista de las víctimas. "Pero yo solo estoy aquí por llevar auriculares en la bici", comentará uno de los asistentes, al término, algo horrorizado por los contenidos. Manuel Haro, jefe de la unidad de Accidentes de la Guardia Urbana, que se ha acercado al aula como oyente, le dice que eso que para él es una nimiedad puede acabar causando un accidente mortal. El chico pierde la armadura.

La sargenta Noelia López (centro) se dirige a los 'alumnos' del curso / RICARD CUGAT

La mayoría de los participantes son ciclistas multados por ir escuchando música. Es así porque son los que se molestan en leer esa letra pequeña. También porque el agente les informa de palabra sobre el curso. Algunos de ellos no tienen carnet de conducir, y lo primero que sorprende es su desconocimiento del código de circulación. Preguntan si el casco es obligatorio en bici (en ciudad, no), si también tienen que someterse al test de alcoholemia si son requeridos por la policía (sí) o si los patinetes, triciclos y chismes eléctricos varios pueden usar el carril bici (depende, en función del tipo de cachivache).

La fría estadística

El primer golpe lo reciben con la campaña del año pasado de Trànsit. Aquella en la que un grupo de ciudadanos opinan sobre el número ideal de víctimas mortales en la carretera y se les termina mostrando imágenes de su propia familia. "Las cifras son cifras hasta que nos tocan a nosotros", reza el vídeo. La sargenta Noelia López les informa de que en este año ya han muerto cuatro personas en accidentes de tráfico en Barcelona (dos motoristas y dos peatones). Silencio. Los agentes aprovechan la fría estadística para explicar un poco cuál es su trabajo en estas tragedias. Empieza el caporal Santiago Sánchez, que es el primero en llegar en su moto al lugar del siniestro. No ahorra detalles sobre lo que ve. Siguen Anna y Noelia con su relato sobre la visita a las familias, a las que deben notificar la muerte de un hijo, un padre, un hermano o una esposa. "Cuando estamos delante de la puerta, antes de picar al timbre, nos hacemos siempre la misma pregunta: ¿Estamos preparados? Porque sabemos que la vida de esas personas va a cambiar de golpe y para siempre".

"Antes de notificar una muerte nos preguntamos si estamos listos, porque sabemos que estamos a punto de cambiar la vida de una familia"

Y de ahí, de lo que puede pasar, basculan hacia las causas. "El factor humano en accidentes está presente en el 90% de los casos". Es decir: se pueden evitar. Uno de los ‘alumnos’ se anima con su caso personal, de cómo su empresa le obliga a ir a Valencia y volver en un mismo día, pasando un montón de horas en la furgoneta. Santi se encoge de hombros y aprovecha para hablar sobre la distracción al volante: "Marcar un número de teléfono te quita la vista de la carretera durante 13 segundos, sintonizar la radio son seis segundos y encender un cigarro despista durante cuatro segundos. Cada segundo que no miramos la carretera a 100 km/h son 27 metros que recorremos sin ver la calzada".

Atropellado en casa

Durante la mañana se pasan varios vídeos de accidentes en la ciudad. Explícitos y duros. como el de la mujer que perdió una pierna en un choque con su moto en Balmes-Diagonal. La ves volar por encima del coche. Prueban unas gafas que simulan el efecto de las drogas y el alcohol en el conductor . Y como colofón, escuchan el testimonio de Vicente Sánchez, cuyo hijo fue atropellado al salir de casa por dos motoristas en plena carrera. "A Rubén lo mataron, no fue un accidente". La sala se estremece. 

Al terminar, hay coincidencia en que la experiencia ha sido intensa y provechosa. "Cualquiera que escuche esto no le hará ningún daño". Esa es una de las principales conclusiones de la jornada tras cinco horas de clase, que más que un curso sustitutivo de una sanción, esta asignatura optativa debería ser obligatoria.

Casi 600 alumnos desde el 2010

Para acceder al curso que permite ahorrarse la sanción económica de la multa no se puede haber cometido infracción de tráfico alguna en el último año. Desde el 2010 ya han pasado por esta aula 592 personas de las 1.047 que fueron citadas. Los que hicieron campana debieron optar por el mecanismo clásico de pagar la mitad de la sanción. Se celebra una sesión al mes y para poder asistir hay que solicitarlo en cualquier oficina de atención ciudadana (OAC) del Ayuntamiento de Barcelona. Esta formación está regulada por el artículo 74 de la ordenanza de circulación de vehículos y peatones, que estipula qué sanciones dan acceso a la formación. Son infracciones habituales que tienen que ver con el incumplimiento de los límites de velocidad, el uso indebido de la bicicleta en la vía pública, conducir sin atender a la calzada, aparcar en lugares prohibidos o la incorrecta incorporación a la circulación urbana.

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