19 sep 2020

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Un terrorista abatido en Cambrils fue delegado de clase en el instituto

Amigos y conocidos de los yihadistas de Ripoll detallan una convivencia sin la menor sombra de sospecha

Víctor Vargas Llamas / Ripoll

Said Aalla, cuarto por la derecha, cuando estudiaba primaria.

Said Aalla, cuarto por la derecha, cuando estudiaba primaria. / EL PERIÓDICO

"Recuerdo que a veces hablaban entre ellos en árabe. Y entonces les decíamos '¡eh, en catalán, que nos enteremos todos!', pero siempre en tono de guasa, porque nunca nos dieron ningún motivo de desconfianza, todo lo contrario. Eran unos compañeros más de clase por aquel entonces. Pero ahora no puedes evitar preguntarte de qué demonios podrían estar hablando, viendo la barbaridad que todo el mundo dice que han hecho". Quien así habla prefiere ser identificado como Jan, antiguo colega de pupitre en el instituto de Omar Hychami y El Houssain Abouyaaqoub, abatidos por la policía en el ataque terrorista de Cambrils, y de Mohamed Houli, detenido tras resultar herido en la explosión de la casa de Alcanar donde los yihadistas preparaban explosivos para atentar en Catalunya y que precipitó el atropello masivo de la Rambla.

"¿Quién llega a ser delegado si no tiene ascendencia sobre sus compañeros?", dicen en el centro educativo

Tan natural resultaba su presencia que incluso Omar llegó a ser delegado de clase, como relata una fuente. "¿Quién llega a ser delegado si no tiene la confianza y una cierta ascendencia sobre sus compañeros?", subraya. "Nadie que haya tratado con estos chavales se explica qué les ha pasado, cómo les han lavado el cerebro de esa manera tan bestia", añade esa misma fuente. También Driss Oukabir, mayor que ellos y detenido el mismo día de los ataques, destacaba en clave positiva, "por su habilidad para manipular circuitos electrónicos", como recuerdan dos compañeros de clase de un grado medio que cursó.

Tampoco Said Aallaa, fallecido en Cambrils, quien estudió en Ripoll y en la localidad vecina de Ribes de Freser, llevaba una vida que permitiera despertar el menor recelo, si se atiende al relato de una vecina a la que llamaremos Puri. "Era un chaval correcto, que llevaba siempre los deberes a punto y que encajaba perfectamente en clase, jugando en la calle, haciendo cualquier cosa. Hablaba un catalán impecable, porque era nacido aquí, como la mayoría de los muertos y arrestados", dice Puri.

"Esos chavales que hacen piña"

Patricia, madre de uno de los antiguos compañeros del equipo de fútbol sala de Moussa Oukabir, asimismo abatido en Cambrils, se refiere a él como alguien "disciplinado, de esos chavales que hacen piña". "Mi hijo me dice que no bebían alcohol, que nunca le veía a él y a los otros de fiesta, supongo que por la religión. Los chavales del barrio les hacían bromas a Moussa y a otros chicos [de ascendencia magrebí] sobre si les pedían un bocata de lomo, por eso de no poder comer cerdo", describe Patricia, que pide mantener en el anonimato su auténtica identidad. Esta mujer dice desconocer si eran asiduos a la mezquita. Una amiga de la familia de Moussa y su hermano Driss, detenido, arroja luz sobre la situación al hablar de que los neófitos en cuestiones islámicas no disponen de demasiada información de un mundo "tan hermético". "Sí que sé que acostumbraban a ir a la mezquita los viernes, pero poco más", añade.

"Estamos sorprendidos, impactados, destrozados", dice un chaval del pueblo

El testimonio de estas dos mujeres y los de otros vecinos refuerzan la tesis de los investigadores de que el proceso de radicalización del grupo fue extraordinariamente rápido: "Alguien con carisma, con muchísima habilidad, ha sabido interpretar que fueran chicos tan jóvenes, más fáciles de influenciar, para transformarlos de una manera tan inexplicable", relata Patricia.

"Estamos sorprendidos, impactados, destrozados. ¡Era gente que se relacionaba tan bien! Tengo amigos que me explicaban ayer que habían dormido en casa de alguno de ellos y me daban detalles de lo bien que los habían tratado. No se lo explican, ninguno de nosotros se lo explica", detalla un chaval que prefiere ser identificado como Fèlix. "Va a costar, y mucho, restablecer la normalidad con la que convivían nuestras dos culturas, si es que se consigue. No eran amigos, pero había buen rollo, cierta confianza. Y claro que la mayoría de ellos son buena gente -razona Fèlix-, pero no me veo relacionándome con ellos como lo hacía antes. Al menos ahora no. Esta tragedia lo cambia todo".