29 mar 2020

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Ni jazz ni flamenco, solo pura música

Niño Josele hace añicos las fronteras entre estilos en un espectacular debut en el Village Vanguard

IDOYA NOAIN / NOVA YORK

Ir al Village Vanguard en Nueva York suele inducir a pensar que se va a escuchar jazz y del mejor, de ese cuyos sueños elevaron en esa misma pequeña sala los más grandes del género, cuyos rostros hoy pueblan sus paredes y cuyos fantasmas juegan en la cocina-camerino, entre las mesas y en el ruidoso bar.

Si quien lidera el cartel es Niño Josele, un joven guitarrista cuyo nombre ha estado asociado a grandes como Paco de Lucía, se tiende a pensar en flamenco. Uno incluso se prepara para una mezcla de flamenco y jazz ya que la obra de Bill Evans discurre por Paz, su último disco, y ya que, para los seis días de residencia en el Vanguard como cabeza de cartel --un primero para un músico español-- se acompaña de la batería de Horacio el negro Hernández y el contrabajo y la voz del milagro de 22 años que es Esperanza Spalding.

Y pocas cosas hay más mágicas que verse obligado a dejarse llevar como en un encantamiento y maravillarse al descubrir que hay cosas que son mucho mejor simplemente como son. Entre ellas, la música, en estado puro, sin etiquetas.

Eso es lo que está dando en su espectacular debut Niño Josele, que ya ha convencido a expertos como el crítico de The New York Times Ben Ratliff. Sus manos son capaces de retarse en un duelo y multiplicar el poder de seis cuerdas. El Negro y Spalding crean el diálogo imprescindible en el jazz. Y, lo más importante, es que Niño Josele hace suya algo más que la música de Evans. Se apodera de su filosofía, de su capacidad para variar e improvisar. "Ahí arriba interpreto algo suyo, pero ya es algo mío --decía el martes sanando sus uñas entre dos sets--. La música fluye. Pues hay que dejarla fluir".