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El Institut d'Estudis Catalans abre la fiesta del centenario

Maragall recuerda "lo fácil que es llamarse nación y lo difícil que es serlo"

NÚRIA MARTORELL / BARCELONA

Serán 15 meses de celebración, con más de 370 actos. El Institut d'Estudis Catalans (IEC) cumple 100 años de cultura, nación y progreso. Un siglo vital en la salvaguarda de un patrimonio que también requiere ser difundido, uno de los objetivos que se ha marcado la institución para esta redonda conmemoración. La prueba es el maratón de actividades programadas hasta diciembre del 2007, que ayudarán a difundir y a dinamizar el sentir de un IEC que se encuentra en perfecto estado de salud. Lo corroboró el oncólogo catalán más internacional, Joan Massagué, miembro de la entidad e invitado de excepción de la gala inaugural que ayer acogió el Palau de la Música.

La velada, de más de dos horas de duración y conducida con pasión por el periodista Josep Cuní, la abrió el presidente del IEC, Salvador Giner, que habló del pasado, presente y futuro de una institución que, insistió, "reafirmará aún más sus vínculos con la sociedad". Giner aprovechó la ocasión para recordar las épocas más duras, como cuando "la dictadura ahogaba" sus actividades y "anulaba o desfiguraba sus creaciones, como la Biblioteca de Catalunya". Así como esa "represión política" que, en condiciones de "inimaginable adversidad", obligó a varios miembros del Institut ha reconstruirlo "clandestinamente".

EL APUNTE DE MASSAGUÉ

El turno fue luego para Joan Massagué (director del Institut de Recerca Biomèdica), que admitió que el cáncer sigue siendo una "asignatura pendiente". Para este alpinista de la medicina, "se ha llegado a los primeros picos de una cordillera tan complicada como dura". Pero estamos, tranquilizó, "ya en el futuro", aunque solo se tenga entre un 10 y 20% del conocimiento necesario para combatirlo en su totalidad.

El reclamado doctor, que dirige el programa de Biología del Cáncer en el hospital Memorial Sloan-Kettering de Nueva York, ofreció una auténtica clase magistral, con diapositivas incluidas y un vocabulario accesible, que el público agradeció.

También intervinieron en la gala Antoni Riera, vicepresidente del IEC y responsable de los actos de conmemoración, que enumeró los nuevos retos a los que se enfrentan. Y la ministra de Cultura, Carmen Calvo, que se mostró honrada de haber podido conocer más de cerca la historia de Catalunya, "algo indispensable para entender su idiosincrasia".

CAMBIO EN EL GUIÓN

Calvo explicó que tenía un discurso preparado que finalmente optó por descartar: "No es cuestión de recordarles aquí su propia historia", argumentó. Y acabó alabando esta "Catalunya que, en muchas ocasiones, ha brillado con valentía".

El último en coger el micrófono fue el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, que recordó "lo fácil que es llamarse nación y lo difícil que supone serlo, con todas sus consecuencias; con todas sus exigencias de cara al propio país y fuera". Maragall repasó la mala fortuna de la colla de presidentes que le precedieron: "Uno fue encarcelado, otro fusilado, otro exiliado prácticamente toda su vida y otro torturado". Reconoció que Catalunya tiene demasiada tendencia a "revivir sus sufrimientos pasados; a ponerlos en un altar", en vez de "mirar al futuro, que es realmente su obligación". Y remató su parlamento con un sentido "Visca Catalunya".

La velada, no podía ser de otra manera, tuvo como clímax el himno de Els segadors, a cargo del Cor de Cambra del Palau, y con los asistentes puestos en pie. Erudición, patriotismo y música volvieron a ser, una vez más, las notas que configuran la banda sonora de este Institut d'Estudis Catalans que, desde ayer, está más que nunca de celebración.

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