Un Girona sin palancas zarandea y desnuda al Barça de Laporta y Xavi

Andá pallá Bobo by Emilio Pérez de Rozas

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Emilio Pérez de Rozas

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Todo lo que quisiera ser el Barça lo es, ahora, el Girona. Hasta puede, incluso, que represente mejor a la Catalunya actual que el ‘més que un club’.

El Girona tiene propietarios; el Barça, ya ni se sabe quiénes son sus dueños. El Girona tiene un presidente que no necesita salir en las fotos para que todo el mundo sepa que ejerce y sabe lo que quiere; el Barça tiene un presidente, eso, presidencialista y muy fotogénico. El Girona tiene proyecto; el Barça, jamás ha tenido plan alguno. El Girona cuenta con grandiosos y discretísimos pero eficaces profesionales; el Barça es una familia, o dos, amigos, colegas y recomendados, que, por no tener, ni tienen CEO, ni director general.

El Girona tiene a los Guardiolas, su sello, su marca, su experiencia, su saber hacer y estar; el Barça los perdió porque si seguían se harían daño. El Girona (futbolístico) tiene una cabeza pensante, Quique Cárcel, que, en junio pasado, perdió a sus cuatro mejores futbolistas y ha reconstruido el equipo hasta convertirlo en el cuarto líder de la Liga con más puntuación de la historia; el Barça cambia de arquitecto cada cuarto de hora y, al final (o al principio) se hace lo que quiere Laporta o su amigo Jorge Mendes.

"Este es un equipo que tiene alma y pasión. Lo mejor de esta victoria es que ya estamos salvados"

Miguel Ángel Sánchez 'Michel'

— Entrenador del Girona

El Girona tiene a un entrenador joven, moderno, implicado, trabajador, revolucionario, agresivo, comprometido, sabio, pillo, profesional e incisivo, que sabe lo que hay que hacer para llegar donde quiere llegar; el Barça tiene un técnico, repleto de excusas, de dudas, de incertezas, que sabe lo que quiere pero no el camino para llegar a ese objetivo y, encima, habla de equipo en construcción, que ya es hablar, ya.

El Girona tiene alma y pasión; el Barça perdió hace ya mucho tiempo el alma y la pasión, hoy la tiene y mañana, no. El Girona tiene una plantilla de hombres; el Barça, una plantilla de nombres. El Girona consigue que se juegue el partido que él quiere y, si no lo logra, también sabe jugar y ganar el partido que propone el rival; el Barça, ni sabe qué partido quiere jugar y, si el asunto se pone cuesta arriba, lamenta lo ocurrido, busca excusas.

Aleix García levanta sus brazos tras anotar el Girona el segundo gol durante el partido de liga entre el FC Barcelona (Barça) y el Girona.

Aleix García levanta sus brazos tras anotar el Girona el segundo gol durante el partido de liga entre el FC Barcelona (Barça) y el Girona. / Jordi Cotrina

El Girona tiene futbolistas que no quería el Barça (por ejemplo, Eric García); mientras que el Barça tiene jugadores que no querían los demás. El Girona, su organización, su ‘staff’, su técnico hace mejores cada día a sus futbolistas; el Barça hace peores cada semana a los suyos.

Lo que ocurrió anoche en la montaña mágica fue, no lo duden, el golpe más duro (no habrá otro, créanme) que ha sufrido el proyecto que lideran Joan Laporta y Xavi Hernández en los últimos tres años. La razón es bien sencilla: Laporta y Xavi temían este choque más que al Oporto y al Atlético. Laporta y Xavi sabían que si el Girona les tocaba la cara, les ganaba (perdón, les goleaba), jugaba como el Barça de Pep Guardiola, provocaba olés, olés y olés en Montjuïc, era la demostración de que con inteligencia y sin palancas, con sabiduría y profesionalidad, sin futbolistas de vitrina, sin grandes campeones, con descartados de otros clubs (como el Barça), se podía construir un campeón, o candidato, un gran líder, sin duda.

"Este es un equipo en construcción. Sigo siendo positivo. Hoy nos ha salido cruz, pero podía haber salido cara"

Xavi Hernández

— Entrenador del FCBarcelona

Ese es el daño que ha provocado esta gran y vistosa goleada. El Girona, el proyecto global, su inteligencia artificial futbolística, la manera de hacer, cómo y con quien hacerlo del Girona han dinamitado el estilo y la forma de hacer grandilocuente y ruinosa del Barça de Laporta y Xavi. El Girona está inspirado en el Barça, por eso duele tanto que visite Montjuïc y ridiculice la pieza original. El Girona es una excisión de lo que era el gran Barça, por eso duele mirarse en ese espejo y quedar en evidencia.

El 2-4 de anoche zarandea y desnuda al Barça de Laporta y Xavi. La manera en que Michel preparó, ejecutó, disfrutó y explicó en su magistral conferencia de prensa cómo y por qué había ganado, demuestra que EL ENTRENADOR se llama Miguel Ángel Sánchez ‘Michel’.

El nieto de La María

Escuchando al ‘nieto de La María’, de Vallecas, entiendes por qué la gente, no solo Girona, no solo Catalunya, no solo el fútbol, ama a este equipo, admira a este equipo y desea, sí, que gane LaLiga y siga provocando a los ricos. Lo siento pero voy a repetirlo (ya lo escribí cuando el Barça empató en Vallecas, ante el Rayo): lo de anoche, señoras y señores, eran 1.255 millones de euros contra 55.

Que un entrenador que ha puesto patas arriba al fútbol europeo, que lidera un equipo, una propuesta y un estilo atractivo, voraz y ambicioso, que provoque comparaciones con aquel sorprendente Leicester City, que ganó la Premier en el 2016, llegue a la sala de prensa y lo primero que diga, con modestia pero enormemente orgulloso, es que “lo importante de esta victoria es que ya estamos salvados”, demuestra que estamos ante un auténtico fenómeno.

Como ya ocurrió en el empate de Vallecas, eran 1.255 millones de euros contra 55 y eso hace aún más dañina la derrota, la goleada

Si encima cumple 100 partidos con el Girona, hace que su club (y él, y él) gane, por vez primera en la historia, al Barça, se consolide como líder único, en solitario, y, a mitad de Liga, le saque ya 7 puntos al campeón, significa que estamos, en efecto, ante un ‘ser superior’, que diría Butragueño.

Repito, analícenlo como quieran, pero el bofetón que el modesto, inteligente y profesional Girona propinó anoche al proyecto de Laporta y Xavi es de unas dimensiones que podrían dejar huella, tanto en el presidente de las palancas como en el técnico que lleva tres años construyendo un equipo que no acaba de arrancar.

Porque lo que demostró el Girona anoche es que el fútbol no suele ser (solo) cosa de dinero. Ni de futbolistas. Sino de proyectos construidos con sensatez, sin prisas pero sin pausas, con los mejores profesionales en cada puesto (no con iluminados, familiares, amigos y colegas) y, por descontado, con un entrenador que sepa donde quiere llegar y cómo llegar.