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El Barça, como un fantasma

El equipo azulgrana salva un punto milagroso en un pésimo partido ante el Betis y se coloca segundo, pero el Madrid se aleja más

David Torras

En un punta del mundo, en Melbourne, el ojo de halcón coronaba a Federer y condenaba a Nadal, que esperaba esa veredicto tecnológico inapelable con el gesto de quien se sabe perdido. Casi simultáneamente, al otro lado, a más de 17.000 kilómetros, en Sevilla, a plena luz del día, un balón de fútbol y no una pelotita de tenis, se colaba dentro de la portería y, por más que el Barça levantara la mano pidiendo lo que era, el juego siguió como si tal cosa, ajeno al siglo en el que vive, como si el partido se jugara en la Inglaterra victoriana.

Un gol fantasma que entró medio metro deja en evidencia a la Liga, la única de las grandes que se resiste a la tecnología

«Entró, entró», habría dicho el inolvidable Juan José Castillo, si su voz hubiera saltado de la pista, donde tanto le gustaba estar, al campo. Entró, pero quién sabe si ese gol habría cambiado el curso de un partido que el Barça jugó como un fantasma, aunque miedo no dio.

Atrapó un punto a última hora (1-1) después de deambular un buen rato como una alma en pena. Un punto que la derrota del Sevilla ante un gran Espanyol (3-1) le dio un ligero valor al colocarle segundo. Por la noche ese consuelo quedó minimizado ante el triunfo del Madrid, que le aleja a cuatro puntos con un partido menos.   

En cuanto apareció la imagen de ese último golpe de Federer a la línea, a Nadal no le quedó más remedio que agachar la cabeza y felicitar al mejor de todos los tiempos fundidos en un abrazo. No había nada que reprocharle después de una tremenda batalla de 3 horas y media que se decidió en el último instante. De principio a fin, los dos jugaron como lo que eran y siguen siendo, en un renacimiento admirable. Nada que ver con lo que ocurrió en el Benito Villamarín donde el Betis, un rival menor en el ránking, le jugó de tu a tu a un Barça que salió adormilado.

La primera imagen de Messi fue bostezando y el equipo le imitó. Cuando él se desperezó, después de pasarse minutos y minutos sin tocar el balón: en la media hora de la segunda parte tocó 5 frente a los 20 del último cuarto coincidiendo con el cambio de dibujo (4-2-3-1) que a punto estuvo de voltear el marcador. Suárez marcó con una asistencia suya, cómo no, 

«Hahahahahaaha», fue el mensaje que colgó Neymar en su instagram junto a la imagen de la pelota dentro de la portería. Después añadió otro, en el que se ve el agarrón previo que sufrió, un penalti más que claro, y que Hernández Hernández también dejó pasar de largo. «Sigo con mi discurso: hay que ayudar a los árbitros, y la tecnología les puede ayudar, pero no solo en las situaciones que me beneficien a mí, sino en todas», dijo Luis Enrique, fiel a su estilo de no entrar en estas polémicas. «Hemos de introducir ya las nuevas tecnologías en el fútbol. No entiendo porque no se hace», lamentó el directivo Javier Bordas.

Al Barça le habría ido bien poder recurrir al ‘Ojo de Halcón’ que le dio el título a Federer ante Nadal. Pero ni así mereció ganar 

En el fútbol ya está introducido. En la Liga, no. Tan preocupado por la piratería y la unificación de horarios, el presidente de la LFP, Javier Tebas, en cambio, insiste en rechazar esta innovación. Lo considera un gasto excesivo para el rendimiento que se le daría. Curiosamente, en Inglaterra, Italia, Alemania y Francia no opinan lo mismo, de la misma manera que se utilizó en el Mundial de Brasil y en la Eurocopa. Así que la que se hace llamar ‘mejor Liga del mundo’ es la única de las grandes que sigue cerrando los ojos a lo que parece un cambio obligado. Claro que para ver ese balón medio metro dentro no hace falta ser un halcón.

UN BARÇA DESCONECTADO

Pero la tecnología no explica la desconexión que sufrió el Barça. Luis Enrique removió la alineación de arriba a abajo, con la frontera inquebrantable de la delantera. Ahí, el tridente, intocable, no se mueve. Esta vez, los cambios no funcionaron y el fondo de armario dio un paso atrás, en ese ir y venir que ha sufrido en varios partidos. El ala izquierda, con la combinación francesa, Mathieu-Digne, provocó más de un tembleque, y el triángulo del centro del campo Rakitic-Denis-Arda agravó la nostalgia que acompaña las ausencias de Iniesta y Busquets.

Las pérdidas de balón y la falta de autoridad para gobernar el juego, dejaron al Barça en manos de un Betis que estuvo mucho más cerca de ganar. Tuvo el 2-0 y dos postes. De una semana a otra, las sensaciones se han invertido, y en la Liga ha vuelto a perder el terreno que había recuperado. Una película que tiene pinta de repetirse hasta el final. «Fallaremos todos», había dicho Luis Enrique antes de volar a Sevilla. No se equivocaba. «Tengo la sensación de que hemos ganado un punto. El Betis mereció más. Quedan muchas jornadas todavía, ganará el que sea más regular. Ya veremos», comentó, asumiendo los desajustes que sufrió el equipo.

La suerte es que no hay tiempo para lamentarse y que, a diferencia del Madrid, hay partido a la vista. Llega la Copa, desaparecida en el Bernabéu, que volvió a silbar a Ronaldo, y aparece el Calderón y el Atlético. No parece el mismo, pero nadie mejor que el Barça para saber lo que le espera cuando anda por medio Simeone. En la Liga, en cambio, el Madrid está ya más lejos; cuatro puntos y un partido menos.