Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Volver al cole sin miedo

Prevenir antes que actuar: educar para frenar el bullying desde la infancia

Uno de cada tres menores que sufren acoso escolar no se lo cuenta a nadie. El dato es muy relevante. Por eso, ahora con la vuelta a las aulas, alumnos, profesores y familias recuerdan que prevenir el bullying empieza mucho antes de que aparezca: enseñando a ponerse en el lugar del otro, a detectar las señales y, sobre todo, a pedir ayuda. La quinta edición del programa educativo Somos Únic@s, de Fundación ColaCao, trata de convertir esas herramientas emocionales en parte del día a día de colegios e institutos. Un proyecto absolutamente gratuito y con el foco puesto en la prevención del bullying.

.

. / Redacción

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Hay silencios difíciles de levantar... Algunos acompañan a un niño cada mañana cuando cruza la puerta del colegio y vuelven con él a casa por la tarde. Silencios hechos de miedo, de vergüenza, de no querer preocupar a los padres o de creer que aquello que está pasando acabará desapareciendo por sí solo. Los testimonios de alumnos, docentes y familias que aparecen en esta pieza fueron recogidos durante el proyecto educativo vinculado al programa Somos Únic@s y que reflejan la vivencia de sus participantes.

Como decía entonces Nora, una de las alumnas que ha participado en el proyecto educativo, “los problemas no desaparecen, siguen ahí. Entonces hasta que no los solucionas no se van a ir”. Su frase, aparentemente sencilla, encerraba una de las cuestiones más complejas que rodean al acoso escolar: para poder detenerlo, primero hay que ser capaz de verlo y hablar de él. Porque una parte importante de quienes lo sufren no habla.

El 38% de las víctimas de bullying afirma no habérselo contado a nadie. El miedo y el deseo de no preocupar a su familia figuran entre las principales razones. El dato procede del I Estudio sobre el acoso escolar y el ciberacoso en España en la infancia y la adolescencia, desarrollado por la Universidad Complutense de Madrid y Fundación ColaCao y publicado en años anteriores. La investigación reunió a 20.662 estudiantes, desde cuarto de Primaria hasta cuarto de ESO, de 325 centros de las 17 comunidades autónomas. Un 6,2% aseguró haber sufrido acoso escolar en los dos meses anteriores al estudio y un 16,3% dijo haber sido testigo de situaciones de acoso. Y detrás de cada porcentaje hay una realidad mucho más difícil de medir: la del niño que empieza a buscar excusas para no ir a clase, la de quien calla una burla porque teme que mañana sea peor o la de quien presencia lo que le ocurre a un compañero y todavía no sabe que su reacción también puede cambiar las cosas.

Aprender a mirar al otro

Durante los proyectos educativos realizados en años anteriores, Claudia, una de las alumnas participantes, explicaba el acoso desde una lógica que desarma: “A mí no me gustaría que me hicieran eso, y si a mí no me gusta, yo creo que a él tampoco le va a gustar”. Antes de protocolos, estadísticas o conceptos complejos, estaba precisamente eso: aprender a ponerse durante unos segundos en el lugar de quien tenemos delante. Claudia contaba entonces que el proyecto educativo les habían ayudado a darse cuenta de lo que podían estar sufriendo otros niños, mientras que Manuel, otro de los alumnos participantes, explicaba que en el proyecto habían aprendido a “decir nuestros miedos, decir cómo somos, detectar el bullying”.

Poner nombre al miedo importa. Pero también aprender que ser diferente no debería convertirse nunca en una razón para señalar a nadie. Sobre esa idea se construye Somos Únic@s, el programa escolar gratuito de Fundación ColaCao para Primaria y Secundaria, que este curso alcanza su quinta edición. Su planteamiento busca trabajar la prevención desde la educación emocional mediante un proyecto educativo sobre autoestima, empatía, respeto, diversidad y convivencia. La web del proyecto explica que los materiales están adaptados curricularmente y disponibles en las lenguas cooficiales de España.

Durante el pasado curso se registraron más de 270.000 alumnos y alumnas y más de 3.100 docentes en Somos Únic@s. La idea que subyace es sencilla: no esperar a que aparezca un caso grave para empezar a hablar de acoso. Hay que señalar que el programa es fácil de aplicar y está adaptado al ritmo y disponibilidad de los docentes.

Todo comienza con la prevención

Todo comienza con la prevención / Redacción

Un antes y un después en el aula

Ese trabajo previo era precisamente lo que destacaban los profesores que participaron en el proyecto educativo. Mila González, que entonces ejercía como docente del Colegio Santa María del Llano, explicaba que decidieron participar porque el programa resultaba sencillo de poner en marcha, flexible y gratuito. Pero lo que subrayaba no tenía que ver con los materiales ni con la organización. “Hay un antes y un después en el aula. Los alumnos han creado vínculos que al principio no existían entre ellos”, aseguraba entonces. Construir esos vínculos puede parecer algo alejado del bullying. En realidad, está en su misma raíz. Un aula en la que los alumnos aprenden a reconocerse, respetarse y preocuparse por lo que le sucede al compañero es también un espacio en el que resulta más difícil que una agresión permanezca invisible. Miríam Gutiérrez, que en aquel momento ejercía como profesora del Colegio Jorge Manrique de Palencia, incidía precisamente en la necesidad de empezar pronto. Consideraba que no formar a los niños desde la base sobre el bullying y el acoso contribuía a que el problema aflorara después, durante los últimos cursos de Primaria o en Secundaria.

Por eso el programa no trabaja únicamente con la posible víctima. En Primaria propone un proyecto educativo en torno a la identidad, las diferencias y la respuesta colectiva frente al acoso; en Secundaria incorpora el reconocimiento de las señales de alerta y de los distintos roles que intervienen en una situación de bullying, además del autoconocimiento, la autoestima y la cohesión del grupo. El proyecto diferencia entre víctimas, agresores y testigos y plantea herramientas específicas para cada uno de esos papeles. El testigo es especialmente importante. Porque muchas veces detener el acoso empieza con alguien que decide que reír una humillación, compartir una imagen o mirar hacia otro lado también tiene consecuencias.

Fundación Cola Cao 02

Fundación Cola Cao 02 / Redacción

Pedir ayuda y que no dé miedo

La quinta edición de Somos Únic@s incorpora además una herramienta pensada para otro de los actores fundamentales: el profesor. El nuevo selector inteligente de materiales permite al docente indicar el curso con el que trabaja, el tiempo disponible, los objetivos educativos que quiere abordar y las necesidades concretas que detecta en su aula. A partir de esos datos, la herramienta propone proyectos educativos que se ajustan a esas circunstancias. El propósito es facilitar que la prevención pueda entrar en la rutina escolar sin convertirse en una carga añadida para profesores que ya trabajan con horarios y programaciones muy ajustados. Según los datos aportados por el programa, el 80% de los docentes destaca su utilidad y asegura haber observado cambios positivos en el alumnado, mientras que el 92% de los profesores activos lo recomendaría a otros compañeros. Más del 91% de los docentes de Primaria manifiesta además su intención de volver a implementarlo y, en Secundaria, aproximadamente nueve de cada diez participantes quieren repetir la el proyecto educativo.

Pero quizá el cambio más difícil de medir sea otro: conseguir que un niño sepa reconocer el instante en el que necesita hablar. Aitor Pérez, que ejercía como profesor del Colegio Francesc Borja Moll, señalaba entonces que trabajar con situaciones cercanas podía provocar ese reconocimiento. Que un alumno pudiera pensar: esto que estamos explicando se parece a lo que me está ocurriendo a mí. Y entonces dar el siguiente paso: “Quizá es el momento de hablar con el profesor, de hablar con quien me sienta en confianza”. En una realidad en la que más de uno de cada tres menores que sufren bullying permanece en silencio, ese momento puede ser decisivo.

Educar también es enseñar a relacionarse

La responsabilidad, sin embargo, no termina en la puerta del colegio. Rufina Martínez, madre de uno de los alumnos que ha participado en el proyecto educativo, ponía entonces el foco en algo que con frecuencia queda relegado por las notas, los contenidos o los resultados académicos. “Muchas veces priorizamos la cantidad más que la calidad y dejamos la educación emocional como algo menos importante, cuando es lo fundamental”, señalaba. El propio programa reserva recursos para las familias y defiende que la prevención debe implicar tanto al centro educativo como al hogar. Por su parte, Rubén Alarcón, padre de otro de los alumnos participantes en aquel proyecto educativo, resumía la idea desde una aspiración mucho más elemental: las familias quieren que sus hijos sean felices y, para serlo, necesitan construir relaciones personales ricas.

Prevenir no consiste solo en explicar, significa también detectarlo y enseñar a no callar

La lucha contra el bullying no comienza únicamente cuando se activa un protocolo. Empieza mucho antes: cuando un niño entiende que una broma deja de ser una broma si siempre se ríen los mismos y siempre sufre el mismo; cuando alguien se atreve a defender al compañero que está solo; cuando un profesor percibe un cambio y pregunta; cuando en casa se escucha una respuesta que tarda demasiado en llegar. Y empieza también cuando pedir ayuda deja de sentirse como una derrota. Porque la vuelta al colegio significa estrenar libros, reencontrarse con los amigos, conocer profesores y volver a llenar los patios de ruido. Para algunos niños, sin embargo, puede significar también regresar al lugar en el que tienen miedo.