La FP busca romper su último techo: los prejuicios
La Formación Profesional ha ganado prestigio, alumnado y capacidad de inserción laboral, pero todavía arrastra prejuicios heredados del pasado. Administraciones, empresas y centros educativos coinciden en la necesidad de actualizar el relato sobre estos estudios

Mesa redonda "La mejora de la percepción social de la FP" / maitecruz
La Formación Profesional vive uno de los momentos más dulces de su historia. Aumentan las matriculaciones, las empresas reclaman más titulados y las administraciones amplían plazas e inversiones para responder a una demanda que no deja de crecer. Sin embargo, la percepción social de la FP avanza a un ritmo más lento. Ese fue el punto de partida de la mesa redonda organizada el pasado 27 de mayo por EL PERIÓDICO, Prensa Ibérica y CaixaBank en el Hotel Catalonia Barcelona Boulevard, donde representantes de la administración, la empresa y los centros educativos debatieron sobre cómo consolidar el prestigio de una formación que se ha convertido en una pieza clave para el mercado laboral y la competitividad económica.
La mejor forma de introducir el debate fue escuchar a quien ha vivido la experiencia en primera persona. Júlia Sudán, de 22 años, estudió el ciclo superior de Sistemas de Telecomunicaciones e Informáticos en la Escola del Treball de Barcelona y hoy trabaja como técnica electrónica en la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. Su labor la lleva incluso a participar en campañas científicas en la Antártida, donde colabora en el mantenimiento de sistemas tecnológicos que permiten seguir recibiendo datos científicos durante los meses en los que las bases permanecen sin personal.

Júlia Sudán / maitecruz
«Al terminar la FP ya tenía un trabajo que me gustaba y relacionado con lo que había estudiado»
Su recorrido ejemplifica una de las principales fortalezas de la FP: la capacidad de conectar formación y empleo en muy poco tiempo. Tras finalizar un bachillerato tecnológico, Sudán sabía que quería dedicarse al ámbito de la tecnología, pero no tenía claro qué especialidad escoger. La FP le permitió explorar ese camino. “Cuando terminé ya tenía un trabajo que me gustaba y relacionado con lo que había estudiado”, explicó. Hoy considera la FP “una vía real para entrar en el mundo laboral” y, al mismo tiempo, una plataforma para seguir formándose: actualmente cursa Ingeniería de Telecomunicaciones mientras desarrolla su carrera profesional.
El caso de Sudán sirvió para ilustrar una realidad que también destacó José Luis Duran, presidente ejecutivo de la Agència Pública de Formació i Qualificació Professionals de Catalunya (FPCAT). Duran recordó que el 72,7% de las empresas necesitan contratar titulados de FP y que casi la mitad tienen dificultades para encontrarlos. Una situación que, a su juicio, evidencia la necesidad de actualizar la percepción social de estos estudios. “Si la formación profesional se percibe como una vía de segunda, perdemos talento y oportunidades”, advirtió.

José Luis Durán, presidente ejecutivo de la Agència Pública de Formació i Qualificació Professionals de Catalunya (FPCAT). / maitecruz
Herencia generacional
A partir de ahí, el debate se centró en una pregunta clave: ¿De dónde proceden los prejuicios que todavía acompañan a la Formación Profesional? Para Ricard Coma, director general d’Ordenació i Integració de la Formació Professional, en la respuesta pesa el factor generacional. Durante décadas, explicó, se transmitió la idea de que los estudiantes con mejores resultados debían cursar bachillerato y acceder a la universidad, mientras que quienes no seguían ese camino acababan en la FP.

Ricard Coma, Director general d’Ordenació i Integració de la Formació Professional. / maitecruz
«Desde un test de intereses difícilmente podemos explicar todas las salidas profesionales que existen»
“Ese mensaje todavía permanece en el imaginario de muchos padres y madres”, señaló. Sin embargo, considera que entre los jóvenes la situación es muy distinta. La Formación Profesional ya no se percibe como una alternativa residual, sino como una primera opción para miles de estudiantes que buscan una formación vinculada a profesiones concretas y con una elevada inserción laboral.

Ricard Guillem, Coordinador territorial de CaixaBank Dualiza. / maitecruz
«Cada vez más personas entienden que la FP no es un punto de llegada, sino un punto de partida»
Reafirmó la misma idea Ricard Guillem, coordinador territorial de CaixaBank Dualiza, quien aportó algunos datos del barómetro elaborado por la entidad, según el cual cerca del 70% de la población ya tiene una percepción positiva de la FP. “Las cosas han cambiado mucho”, afirmó. Y aunque admitió que todavía quedan estereotipos por superar, considera que la tendencia es claramente favorable. El problema, explicó, es que muchas veces se sigue planteando una falsa competición entre FP y universidad. “Y no habría que confrontarlas”, defendió. Ambas responden a necesidades diferentes y pueden formar parte de trayectorias perfectamente complementarias.
La unión de aula y empresa
Si hay un actor que ha contribuido decisivamente a transformar la imagen de la formación profesional es la empresa. La generalización de la FP Dual ha acercado dos mundos que durante años avanzaron de forma paralela. Mònica Torné, responsable de Formación y Diversidad de bonÀrea, fue probablemente quien expresó esta idea de manera más contundente: “En nuestro caso, la FP Dual nos ha salvado”, dijo.

Mònica Torné, Responsable de Formación y Diversidad de bonÀrea. / maitecruz
«Poder formar a los estudiantes directamente en el entorno laboral ha salvado a bonÀrea»
Y su afirmación no era retórica. Según explicó, determinados perfiles profesionales que resultaban muy difíciles de encontrar han podido incorporarse gracias a un modelo que permite formar talento directamente en el entorno laboral.
No en vano, bonÀrea fue una de las primeras empresas catalanas en apostar por la FP Dual. Según recordó Torné, el modelo permite acercar las necesidades reales de las compañías a los currículos formativos. Al mismo tiempo, “hay que entender que los estudiantes llegan para aprender, y que no saben todo desde el primer día”. Con el tiempo, lo que en su empresa generó inicialmente algunas dudas se ha convertido en una herramienta clave para captar y desarrollar talento.
Más allá de la universidad
Otra de las ideas que apareció repetidamente durante el encuentro fue la necesidad de superar la visión de la universidad como única vía de progreso social.
Guillem recordó que durante años muchas familias asociaron la universidad con la posibilidad de acceder a una vida mejor. Sin embargo, los cambios económicos han convertido a la FP en una herramienta especialmente eficaz para responder a las necesidades del mercado laboral. “La FP no es un punto de llegada, sino un punto de partida”, resumió.
Coma añadió que, mucho antes de que el acceso a la universidad se generalizara, la Formación Profesional ya actuaba como ascensor social para miles de familias trabajadoras, una función que sigue desempeñando hoy. En algunos sectores, además, las diferencias entre titulados universitarios y titulados de FP son cada vez menos evidentes. En este sentido, Torné explicó que en bonÀrea los graduados de ciclos formativos superiores reciben las mismas condiciones salariales que muchos perfiles universitarios equivalentes.
La orientación, talón de Aquiles
Otro asunto que generó consenso absoluto fue la necesidad de mejorar la orientación académica y profesional. Para Guillem, el abismo que existe entre las necesidades de las empresas (que a veces tienen serias dificultades para ocupar ciertas plazas) y las decisiones formativas de muchos jóvenes tiene una explicación clara: el desconocimiento. Los estudiantes no siempre están familiarizados con todas las profesiones que existen, las oportunidades que ofrecen o las competencias que más está demandando el mercado laboral.
Los datos respaldan esa preocupación. Solo la mitad de las personas encuestadas en el barómetro de CaixaBank Dualiza afirman haber recibido orientación a lo largo de su trayectoria educativa. Coma fue tajante: “La orientación es el talón de Aquiles del sistema”.
A su juicio, no basta con ofrecer más información; también es necesario explicar mejor las oportunidades profesionales asociadas a cada itinerario formativo. “Desde el papel o desde un test de intereses difícilmente podremos explicar todas las salidas profesionales que existen”, advirtió.
Torné defendió incluso que la orientación debería empezar antes de lo que se está haciendo actualmente. Montse Blanes, directora del Institut Hospital del Mar y de la Fundació Bonanova, compartió esa visión y añadió una reflexión complementaria. Durante años, explicó, los centros se han esforzado en explicar títulos y estudios, pero no siempre las profesiones que existen detrás de ellos. “Cuando hablamos de orientación debemos mostrar las profesiones, no solo los estudios”, resumió.

Montse Blanes, Directora del Institut Hospital del Mar y de la Fundació Bonanova. / maitecruz
«La IA modificará muchas ocupaciones y obligará a adaptar los contenidos y las metodologías de enseñanza»
Los empleos que vienen
La transformación tecnológica también estuvo presente en la conversación. Blanes recordó que la irrupción de la inteligencia artificial modificará numerosas ocupaciones y obligará a adaptar tanto los contenidos formativos como las metodologías de enseñanza.
Lejos de ver la IA como una amenaza, consideró que los centros deben incorporarla con naturalidad. En ámbitos como la sanidad, explicó, los estudiantes ya trabajan con herramientas basadas en algoritmos e inteligencia artificial porque serán parte de su realidad profesional.
La clave, apuntó, será disponer de profesorado especializado, recursos adecuados y capacidad de adaptación para responder a cambios cada vez más rápidos.
Responsabilidad compartida
En la recta final del debate, los participantes coincidieron en que mejorar la percepción social de la FP exige una actuación coordinada de administraciones, centros educativos, empresas y agentes de orientación.
Coma insistió en la necesidad de ampliar la FP Dual intensiva y seguir incorporando más empresas al sistema. Guillem reclamó una comunicación más eficaz para explicar qué ocurre realmente en los centros y qué oportunidades generan estos estudios. Torné apostó por estrechar la relación entre empresas y comunidad educativa. Y Blanes defendió la consolidación de centros especializados, bien conectados con el tejido productivo y dotados de los recursos necesarios para convertirse en referentes.
La conclusión fue compartida: la FP ya ha cambiado. Ahora el reto es que la percepción social avance al mismo ritmo. Porque más allá de formar profesionales cualificados, la Formación Profesional se ha convertido en una herramienta estratégica para generar empleo, competitividad y oportunidades de futuro.
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