Metro, salud, bienestar e innovación para redefinir Esplugues
Sobre la base del nuevo Campus Clínic-UB, del eje sanitario de Sant Joan de Déu, de la prolongación de la L3 y de un tejido empresarial en transformación, el reto de la ciudad es hacerlo cuidando el espacio público, garantizando vivienda asequible y reforzando la cohesión entre barrios.

Imagen virtual de la futura Línea 3 del metro de Esplugues.
Esplugues de Llobregat ha comenzado a poner fecha y a construir un relato sólido sobre una transformación que va mucho más allá de la mejora de su movilidad. Un ejemplo claro es la prolongación de la L3 hasta el centro del municipio, cuya entrada en servicio está prevista para finales de 2033, y que ya se perfila como la pieza más visible de una operación de mayor alcance: la consolidación de una nueva centralidad metropolitana vinculada a la salud, la investigación, la universidad y la innovación.
Esplugues se abre más allá de sus fronteras con la ampliación de la línea verde que conectará con la Zona Universitaria mediante un trazado de unos 2,5 kilómetros y dos nuevas estaciones: una en el entorno Sant Joan de Déu-Finestrelles y otra en la plaza Santa Magdalena, junto al Ayuntamiento. El proyecto tiene además un fuerte valor simbólico: no solo acercará el metro a áreas que hoy no disponen de esta conexión directa, sino que servirá de soporte a un nuevo polo sanitario en torno al futuro Campus Clínic-Universitat de Barcelona y a la constelación asistencial y científica que ya representa Sant Joan de Déu.
Cohesión social, innovación, vivienda y seguridad, entre las prioridades del presupuesto de 2026 de la ciudad, el más elevado de su historia y que este año sube hasta los 74,8 millones de euros
Reordenamiento urbano
La redacción de la actualización del proyecto ya ha sido adjudicada por 4,5 millones de euros y el coste global estimado ronda los 500 millones. La previsión es que la infraestructura esté operativa dos años antes de la puesta en marcha del nuevo campus, cuyo calendario sitúa la inauguración en 2035 y cuya inversión total se calcula en unos 1.700 millones de euros. El recinto agrupará en un único espacio de 300.000 metros cuadrados de asistencia sanitaria, docencia e investigación, con la ambición de situar el área de Barcelona entre los grandes hubs biomédicos europeos. Una gran noticia para el municipio y para sus estudiantes. Sin embargo, limitar la lectura de esta operación a una obra de transporte sería quedarse en la superficie. Lo que realmente se está dibujando es una reordenación urbana del borde entre Esplugues, Barcelona y L’Hospitalet, en un ámbito atravesado por grandes infraestructuras y por fracturas físicas que durante décadas han actuado como barreras. La documentación municipal vincula de forma explícita la llegada de la L3 con la continuidad urbana del eje Diagonal, con la conexión entre Finestrelles, Sant Joan de Déu y el futuro campus, y con la transformación progresiva de la B-23 para que deje de ser una cicatriz y empiece a funcionar como espacio de unión.

Principales proyectos de la ciudad. / Ajuntament d'Esplugues
Distrito innovador
Este movimiento coincide con el estudio estratégico sobre el futuro sistema innovador de Esplugues, elaborado entre junio y octubre de 2025. El informe describe la ciudad como un municipio situado en una posición singular dentro del área metropolitana: en el centro de un sistema urbano formado por Barcelona, L’Hospitalet, Cornellà, Sant Just y Sant Joan Despí, y atravesado por ejes como la B-23, la Ronda de Dalt, la N-340 y la carretera de Cornellà. Esa localización, señala el documento, encierra una doble condición: oportunidad para convertirse en nueva centralidad metropolitana y un reto para no quedar reducida a simple territorio de paso.
El estudio delimita con claridad dos grandes áreas de actuación. La primera, al norte, alrededor de Porta Diagonal, Sant Joan de Déu, el futuro Campus de Salut y la zona Nestlé-Área Deportiva de la Generalitat. La segunda, al sur, en torno al polígono El Gall y su conexión con Montesa, Can Clota y Can Vidalet. El texto llega a apuntar que el conjunto del ámbito norte puede llegar a convertirse en uno de los núcleos de salud más importantes de Europa, siempre que la operación no se quede solo en una concentración asistencial y de investigación, sino que se traduzca también en un sistema económico innovador al servicio de la ciudad.
Es ahí donde Esplugues intenta jugar una partida más ambiciosa. La ciudad no aspira únicamente a acompañar el traslado del Clínic o a beneficiarse de una mejora en las comunicaciones, sino a consolidar un modelo de distrito innovador distribuido, especializado en salud, biotecnología y servicios avanzados.
El informe sostiene que el municipio dispone de una base económica sólida para hacerlo: 3.577 empresas activas, una estructura fuertemente terciarizada: 1.788 empresas de servicios y un sector industrial que mantiene su relevancia en actividades de valor añadido como la biomédica y la farmacéutica. Precisamente el propio estudio destaca una especialización creciente en el ámbito biomédico y farmacéutico con la presencia de compañías como Synlab, Aldo Union, Salvat, Made of Gens o Galenicum. Subraya también la proximidad a nodos académicos y de conocimiento como la UB, la UPC, ESADE o IESE, y la existencia de varios sectores estratégicos: Sant Joan de Déu, Nestlé, El Gall, Montesa… capaces de alimentar un ecosistema innovador con vocación metropolitana.
«Esplugues debe tener un papel protagonista en el futuro: reivindicando conexiones, cuidando el espacio público y asegurando que los grandes proyectos se traduzcan en beneficios para la gente»
Presupuesto, vivienda y cohesión
En ese contexto, el presupuesto municipal de 2026 trata de traducir esa visión de largo recorrido a la gestión cotidiana. Las cuentas, aprobadas inicialmente, ascienden a 74,8 millones de euros, el presupuesto más elevado de la historia del municipio. El capítulo de inversiones alcanza los 10,9 millones, sin incremento de la presión fiscal, con un endeudamiento del 21,7% y un periodo medio de pago a proveedores de seis días. Más relevante que la cifra es la orientación política que expresa. Durante su presentación, el alcalde, Eduard Sanz, situó entre los ejes estratégicos de 2026 el avance como “Distrito de Innovación en Salud y Bienestar”, la cohesión social, la vivienda asequible y la seguridad ciudadana. El presupuesto incorpora, por tanto, una doble lógica: sostener la transformación metropolitana y, al mismo tiempo, reforzar la agenda urbana de proximidad.
Las partidas previstas hablan de esa doble velocidad. Por un lado, aparecen inversiones de ciudad como la nueva sede de la Policía Local, el Auditori-Teatre o la urbanización del entorno de Montesa. Por otro, aumentan recursos para limpieza, residuos, mantenimiento de parques, atención domiciliaria, digitalización de procesos municipales y refuerzo de políticas sociales. También se incluyen aportaciones para el nuevo Consorcio Hospital Clínic y para alojamiento de urgencia destinado a familias en situación de exclusión residencial.
La vivienda es, seguramente, el punto donde mejor se cruza la ambición económica con la necesidad de equilibrio social. Según la información municipal, ya están en marcha promociones en Montesa, Can Clota y Ca n’Oliveres-Finestrelles que suman 1.213 viviendas protegidas. Y el estudio estratégico amplía esa fotografía: prevé 2.281 nuevos pisos, de los cuales 1.190 serán protegidos, con un 70% en régimen de alquiler destinado a colectivos con mayores dificultades de acceso.
No es un detalle menor. El propio informe insiste en que la integración social debe ser uno de los pilares del posible distrito innovador, precisamente para evitar dinámicas de gentrificación o de crecimiento desconectado del resto del municipio. La idea de innovación que plantea el documento no remite a un parque empresarial aislado, sino a un espacio urbano mixto, integrado en la ciudad y de movilidad accesible.
Ese aviso cobra especial importancia si se observa la estructura social y urbana de Esplugues. El estudio fija la población en 48.735 habitantes a 1 de enero de 2024, señala un envejecimiento acusado —con una edad media de 45,12 años y un índice de dependencia del 59,1%— y recuerda la elevada densidad del municipio, así como la fuerte concentración de población en barrios como Can Vidalet y La Plana. El texto insiste en que la cohesión territorial pasa por corregir desequilibrios históricos entre barrios y por acompañar la expansión urbanística con más espacio público, más zonas verdes y mejores conexiones.
En realidad, ahí se jugará el éxito de la operación. Esplugues tiene una oportunidad obvia para reforzar su papel en el mapa metropolitano, apoyada en la llegada del metro, el despliegue del Campus Clínic-UB, la fortaleza del ecosistema sanitario y una base empresarial con especialización creciente. Pero también afronta una exigencia: que esa nueva centralidad no funcione como un enclave desconectado, sino como un mecanismo de cosido urbano y de mejora de la vida cotidiana.
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