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Ecoembes y los municipios catalanes se preparan para el reciclaje del futuro

El nuevo marco europeo exigirá que, a partir de 2035, solo se consideren reciclables los envases que se reciclen de manera efectiva y a gran escala, impulsando la renovación de plantas, la trazabilidad y la gobernanza basada en datos.

Ecoembes y los municipios catalanes se preparan para el reciclaje del futuro

Ecoembes y los municipios catalanes se preparan para el reciclaje del futuro / Ecoembes

Berta Colomer

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La modernización de las infraestructuras municipales de gestión de residuos se ha consolidado como una prioridad para las administraciones y para Ecoembes, la organización que impulsa la transición hacia la economía circular en el ámbito de los envases ante la entrada en vigor del nuevo estándar europeo que, a partir de 2035, exigirá que los envases solo puedan considerarse reciclables si se han reciclado de manera efectiva y a gran escala. Este marco regulatorio ha hecho necesario reforzar la eficiencia de las plantas municipales de separación de residuos, elevar la calidad del material recuperado e implantar modelos de gobernanza basados en datos verificables.

El estándar europeo de 2035 exige infraestructuras más eficientes para garantizar un reciclado más efectivo

Convenio de colaboración

En los últimos años, diversas comunidades autónomas han avanzado en esta dirección a través de marcos de colaboración que permiten acelerar la transformación del sistema. Entre ellos destaca el convenio firmado entre la Generalitat de Catalunya y Ecoembes, que permitirá impulsar un amplio plan de modernización de plantas de tratamiento dotando a la región de instalaciones más modernas, especializadas y alineadas con las mejores técnicas disponibles.

El convenio incorpora incentivos adaptados a la realidad territorial —incluyendo municipios con altas aportaciones, modelos puerta a puerta, o zonas de ultra ruralidad—, demostrando que la cooperación institucional facilita respuestas ajustadas y orientadas al rendimiento. Este tipo de convenios ha evidenciado que la colaboración público-privada contribuye a una gestión más eficaz, a una mayor trazabilidad del servicio y a un uso más eficiente de los recursos.

Los retos para los próximos 10 años

Xavier Balagué, gerente de Ecoembes en Catalunya, destaca la necesidad de contar con infraestructuras capaces de responder a los retos del ciclo 2025-2035. Actualmente, parte de las plantas de selección presentan limitaciones operativas y antigüedad que afectan a la eficiencia del servicio, y la ampliación y mejora de la recogida separada continúa siendo uno de los principales desafíos para alcanzar los objetivos europeos.

Xavier Balagué, gerente de Ecoembes en Catalunya.

Xavier Balagué, gerente de Ecoembes en Catalunya. / Ecoembes

En este sentido, la colaboración pública‑privada constituye una vía eficaz para acelerar esta transición. El modelo que combina la competencia municipal con la capacidad técnica de operadores y sistemas de responsabilidad ampliada del productor ha permitido avanzar en cinco ámbitos clave: la planificación a escala supramunicipal; la gobernanza del servicio sustentada en datos y trazabilidad; la contratación orientada a resultados verificables; el impulso de inversiones combinando CAPEX (Capital Expenditure o Gastos de Capital) público y privado; y una transición ordenada en términos sociales y territoriales.

La colaboración público-privada refuerza la calidad del servicio municipal al atraer inversión tecnológica y cumplir la normativa

Cambios en la gestión

Además, la ciudadanía mantiene un alto compromiso con la recogida separada, y el reto actual consiste en disponer de infraestructuras, tecnología y modelos de gestión capaces de traducir ese esfuerzo en resultados sólidos y verificables a medio y largo plazo en el territorio.

El convenio en Catalunya acelera la modernización con instalaciones más avanzadas

En este sentido, la modernización del sistema pasa por cinco palancas técnicas: una red de plantas más eficiente y especializada; una estructura digital de trazabilidad de extremo a extremo; la alineación entre recogida, selección y reciclado con criterios de reciclabilidad efectiva; la contratación por desempeño apoyada en cuadros de mando compartidos; y la compra pública innovadora acompañada de financiación mixta para impulsar tecnologías de sensórica y clasificación avanzada.

Así, estos elementos se han consolidado como elementos esenciales para reforzar el servicio municipal, impulsar la economía circular y preparar al sistema para las exigencias europeas de 2035.

Catalunya ante la ley decisiva de residuos

Catalunya lleva años demostrando ambición ambiental, pero la próxima ley catalana de residuos no puede quedarse en un catálogo de buenas intenciones. Debe ser, sobre todo, un pacto útil: para la política que necesita resultados verificables; para la administración que debe gestionar y financiar; y para las empresas que requieren reglas claras para invertir, innovar, competir y financiar en las que les aplique una responsabilidad ampliada del productor.

Planta de tratamiento

Planta de tratamiento / Ecoembes

Lo que debería ser. Primero, una ley que ponga la prevención y la reutilización en el centro, no como eslóganes, sino como obligaciones medibles y calendarizadas. El debate político ya apunta en esa dirección: acelerar la norma, reforzar prevención y reutilización como objetivos de país —con instrumentos medibles y realistas— y, en paralelo, definir con claridad el papel de la responsabilidad ampliada del productor: no como un cajón de sastre, sino como un mecanismo para incentivar, financiar y dar soporte allí donde el régimen aplicable lo prevea (p. ej., información al ciudadano, ecomodulación, apoyo a proyectos), sin desdibujar las competencias del mundo local ni las responsabilidades de cada actor. Si la norma no aterriza “quién hace qué” y con qué instrumentos, seguirá el bloqueo actual: más objetivos, mismos resultados.

Segundo, una ley que conecte el marco normativo con un plan realista de infraestructuras y financiación. Catalunya ya trabaja con un horizonte de transformación del sistema hacia 2035: menos vertedero, más reciclaje y preparación para la reutilización, y una red potente de instalaciones y “centros de recursos”. La ley debe ser el puente entre ese rumbo y las decisiones anuales de presupuesto, contratación pública y permisos: sin esa conexión, la transición se queda sin motor.

Catalunya trabaja con un horizonte de transformación hacia 2035

Tercero, una ley preparada para el nuevo marco europeo, que exige coherencia entre diseño del producto, recogida selectiva, calidad del material y trazabilidad. Traducido: datos fiables, sistemas interoperables y responsabilidad compartida. Europa no va de intenciones: va de evidencias.

Cuarto, la ley debe imponer transparencia del coste municipal del residuo: recogida, transporte, tratamiento y eliminación, con criterios homogéneos y auditables. Esa desagregación permitirá a los ayuntamientos trasladar la tasa de forma clara y diferenciada (y, si procede, con bonificaciones), cumpliendo el marco estatal de cobertura íntegra del servicio.

Quinto, una ley que ordene la gobernanza. El residuo municipal se decide en la calle (recogida), en las plantas (tratamiento) y en los mercados (material reciclado). La ley debe articular la coordinación entre Generalitat, entes locales y operadores —con mecanismos estables de seguimiento y corrección—, de lo contrario la carga acabará en el último eslabón: el municipio.

Lo que no debería ser. No debe ser una ley “punitiva” sin hoja de ruta clara: subir exigencias sin habilitar capacidad y recursos solo genera incumplimiento. Tampoco un catálogo de prohibiciones sin alternativas ni evaluación, ni un traslado de obligaciones sin claridad —que acaba en conflicto institucional y parálisis inversora—. Y, sobre todo, no debe convertir la economía circular en confrontación, sino en competitividad, empleo industrial y confianza ciudadana. Si la ley logra ese equilibrio —ambición, gestión y seguridad jurídica— Catalunya no solo cumplirá: liderará.

Objetivos para 2030

  • -5% reducción de peso de los envases con respecto a 2018
  • 70% ha de ser reciclable un envase para ser introducido en el mercado
  • 70% objetivos de recogida separada total en envases domésticos
  • 85% objetivos de recogida separada total en envases comerciales e industriales
  • 70% objetivos de reciclado en envases