Reutilización e innovación, claves en la gestión del agua
Administración, operadores y sector industrial debaten sobre la relevancia de la gestión del agua, especialmente en periodos de sequía, y las estrategias para garantizar el suministro ante el cambio climático. Desalar y reutilizar, junto a la digitalización del sistema, son parte de las claves.

Albert Sáez, director de EL PERIÓDICO, abrió la mesa redonda celebrada el pasado martes en Barcelona. / Maite Cruz
Ni con los embalses llenos se puede bajar la guardia. Catalunya vive cada vez más períodos de sequía y de lluvias torrenciales, extremos que denotan que el cambio climático ya está aquí. Un cambio de paradigma para el que ya hace años que el sector del agua se está preparando. Administración y operadores coinciden en su apuesta por la reutilización del agua y de una gestión público-privada que ayude a llevar a cabo mejoras en el servicio y a garantizar el suministro siendo respetuosos con el medio ambiente.
Bajo el título El impacto positivo de la gestión del agua en Catalunya, la sede de EL PERIÓDICO acogió el pasado martes, 17 de marzo, una jornada de debate en el que Administración y sector privado coincidieron en una idea central: la crisis hídrica no es coyuntural, sino estructural.
Abrió el encuentro el director del diario, Albert Sáez, con una declaración de intenciones: “Nos hemos propuesto no dejar de hablar del agua aunque llueva”. Y añadió: “Es uno de los mejores servicios que podemos hacer a los ciudadanos y al sector”.

De izquierda a derecha: Marc Fargas, consejero delegado de Aitasa; Juan Luis Castillo, director Global de Desarrollo Estratégico y Estudios de Aqualia; avid Vila, director de Aigües Ter - Llobregat. / Maite Cruz
Con este punto de partida, la mesa radiografió los retos de un sistema puesto al límite por más de cuatro años de sequía y por un futuro marcado por la incertidumbre climática. “Hemos superado una sequía de 56 meses”, destacó el director de Aigües Ter-Llobregat, David Vila, quien reivindicó “el buen trabajo” llevado a cabo para capear la situación y la puesta en marcha de una nueva estrategia para la transición hídrica por parte de la Generalitat de Catalunya, que prevé una inversión de hasta 2.500 millones para poner en marcha 37 actuaciones.
«La reutilización es clave para la industria pero también lo es para la agricultura porque cada gota que ahorremos de agua de boca, cuenta»
Este marco de actuación se centra en revertir la actual dependencia del agua de la lluvia y en garantizar que gran parte de la demanda de agua (usos urbanos, agrícolas y ambientales) provenga de la producción de agua nueva. El objetivo es hacer posible que en 2030 se pueda garantizar que 7 de cada 10 litros de agua provengan de soluciones que no dependan de la pluviometría, como el agua regenerada o desalada.
Según Vila, la hoja de ruta pasa por una transformación profunda: “Debemos pasar de recursos convencionales a un sistema en el que, en sequía, el 70% provenga de fuentes no convencionales”. Este giro implica consolidar la desalación y, sobre todo, la reutilización. “No son recursos alternativos, son estructurales”, subrayó.
Reutilización
En este punto, la industria química de Tarragona se erigió como caso paradigmático. El consejero delegado de Aitasa, Marc Fargas, explicó que el sector ya reutiliza volúmenes significativos de agua regenerada: el año pasado consumió alrededor de 30 hectómetros cúbicos de agua, de los cuales 6 eran agua regenerada, lo que supone cerca de un 18% del total.
La clave, según dijo, es clara: “Al agua hay que darle más vida, no puede tener un solo uso”. Esta filosofía, que lleva más de una década aplicándose en el territorio, permite liberar recursos naturales como los del río Ebro. El objetivo es ambicioso: alcanzar hasta el 40% de agua reutilizada en el consumo industrial.
De hecho, anunció que en junio se inaugurará una planta que permitirá pasar de 6 hectómetros cúbicos a 9 hectómetros cúbicos de agua regenerada.
Renovación
A pesar de los avances, el sistema arrastra déficits estructurales. El director Global de Desarrollo Estratégico y Estudios de Aqualia, Juan Luis Castillo, puso el foco en las pérdidas y la falta de inversión: “No es aceptable que parte del agua no llegue a los usuarios” por problemas y desgaste en la infraestructura.
Es por este motivo que advirtió que hace falta un salto en financiación y planificación: “Debemos optimizar lo que tenemos y, si es necesario, generar nuevos recursos”. Esto incluye infraestructuras, pero también un marco regulador más homogéneo y eficiente, según reclamó.
«Existen dos grandes frentes: por un lado, aumentar la eficiencia y, por el otro, aumentar el recurso que ponemos en el sistema»
El debate puso cifras al problema: la renovación de redes es insuficiente y la inversión anual queda lejos de lo necesario. “Si no incorporamos estos costes a la tarifa, el sistema no será sostenible”, alertó Castillo.
Uno de los consensos más repetidos fue la percepción social distorsionada del valor del agua. “Cinco litros cuestan un céntimo de euro”, recordó Castillo, quien contrapuso esta cifra al precio del agua embotellada. “La ciudadanía ha hecho los deberes en consumo, pero no es consciente del coste real del sistema”, añadió. En este sentido, los ponentes defendieron una revisión de tarifas para garantizar inversiones y sostenibilidad.
Sobre el consumo, desde Aigua Ter-Llobregat, David Vila puntualizó que “la ciudadanía es corresponsable y conocedora de la necesidad de ahorrar y de ser muy eficientes en el uso del agua”.
En todo este contexto de cambios, la tecnología irrumpe como un aliado imprescindible. Sensores, datos en tiempo real e inteligencia artificial permiten detectar fugas, anticipar consumos y optimizar la red.
“Digitalizar no es poner contadores, es gestionar datos”, sintetizó Vila. Castillo fue más allá: “El sistema puede identificar problemas antes que una persona”. Los ejemplos prácticos ilustran este potencial: desde detectar anomalías hasta prever picos de consumo durante eventos deportivos. “Es el futuro y ya está ocurriendo”, coincidieron.
La dimensión del reto obliga a sumar esfuerzos. “Tenemos que participar todos”, afirmó el director de Aigua Ter-Llobregat, quien defendió una colaboración público-privada basada en “la confianza”.
«Al agua hay que darle más vida, no puede tener un solo uso; la regeneración del agua y su reutilización y recirculación son claves»
“El servicio es público, pero el modelo de gestión puede variar”, aclaró, rechazando el debate sobre la privatización. El sector privado aporta tecnología, eficiencia y financiación, mientras que la administración mantiene el liderazgo, expuso.
Fargas, sin embargo, introdujo un matiz crítico: la falta de incentivos. “No hay suficientes ayudas para empresas que quieren invertir en mejoras hídricas”, lamentó. También denunció nuevas cargas fiscales sobre la reutilización: “Nos sentimos perjudicados”, zanjó.

Mesa redonda sobre los recursos hídricos. / Maite Cruz
Infraestructuras
El cambio climático obliga a repensar instalaciones diseñadas para un escenario diferente. “Aún no estamos del todo preparados”, admitió Vila. Las inversiones actuales no buscan tanto aumentar capacidad como adaptarse a nuevas condiciones: más temperatura, contaminantes emergentes y variabilidad extrema. Es el caso de la mejora de la potabilizadora del Ter, en la que se están invirtiendo más de 100 millones de euros.
Desde Aqualia, Juan Luis Castillo insistía en que se requiere “inversión, pero sobre todo digitalización, implantación de tecnología”. Y puso como ejemplo el hecho de que la simple instalación de sensores en la red está permitiendo ya identificar si existe una fuga, si hay un mal uso, o un fraude. “Lo identifica y lo corrige”, concluyó.
El futuro
A modo de conclusión, los ponentes defendieron su modelo ideal a diez años vista, que combinaría diversificación de recursos, digitalización y una estructura tarifaria adecuada. Pero, sobre todo, demandaría constancia.
Marc Fargas, consejero delegado de Aitasa, lo sintetizó con una reivindicación: “Hay que reconocer el esfuerzo de la industria y apoyarlo”. Juan Luis Castillo, por su parte, insistió en la necesidad de acelerar: “No hablamos de diez años, hablamos de ahora”.
El debate se cerró con una idea compartida: la gestión del agua seguirá siendo invisible… hasta que vuelva a faltar, tal como pronostican los expertos en clima. Y, para evitarlo, Catalunya deberá convertir la crisis en oportunidad.
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