Catalunya acelera el reto de la economía circular
Pese a los avances de los últimos años, administración, industria, comercio, innovación y gestores de residuos coinciden en que el modelo lineal sigue dominando en este ámbito

Foto de los participantes en la mesa redonda.
Catalunya todavía está lejos de una economía plenamente circular, pero el debate ya no gira tanto en torno a si hay que hacer la transición, sino a cómo acelerarla. Esta fue una de las principales conclusiones de la mesa redonda celebrada el pasado martes con representantes de la administración, el sector del reciclaje, el comercio, la innovación tecnológica y la responsabilidad ampliada del productor. Todos coincidieron en una idea central: el modelo actual de producción y consumo sigue siendo esencialmente lineal, pero los cambios legislativos europeos, la presión ambiental y la necesidad de garantizar recursos estratégicos están obligando a replantear todo el sistema.
Bajo el título #GreenForum. Economía circular para el desarrollo sostenible de Catalunya, la sede de EL PERIÓDICO acogió esta jornada de debate en la que el escenario de partida quedó claro desde el inicio: la economía circular ya no se plantea únicamente como una política ambiental, sino como una transformación estructural del modelo productivo europeo. “Estamos pasando de este concepto más ligado al residuo, de esta economía de producir, tirar y volver a hacer, hacia un modelo económico de reaprovechar mucho más”, resumió el director de la Agència de Residus de Catalunya, Albert Planell, quien insistió en que el proceso acaba de empezar y que no será rápido: “Estamos ahora en el cambio; y estos cambios no serán de unos pocos años; quizás duren una década”.

Albert Planells, Director de la Agència de Residus de Catalunya. / Maite Cruz
«La producción circular en Catalunya tiene que ir mucho más allá del reciclaje»
Planell defendió que Catalunya llega a este proceso “bien posicionada” gracias a años de colaboración público-privada y a la experiencia acumulada en gestión de residuos y reciclaje. Pero también advirtió que el reto supera el ámbito estrictamente ambiental. “Esto no es solo una cuestión de medio ambiente o sostenibilidad, sino también de modelo productivo europeo”, afirmó.
En cifras
Pese a los avances, los participantes en el debate alertaron de que los datos globales invitan poco al optimismo. Como experto en el sector, Jordi Oliver, director ejecutivo de INÈDIT, puso sobre la mesa una de las cifras que mejor resume la situación: solo el 6,9% de los recursos utilizados en el mundo provienen actualmente de materiales reutilizados o reciclados. Además, esta cifra ha disminuido respecto al 9,1% registrado en 2018.
“Tenemos una economía mundial esencialmente lineal”, advirtió Oliver. “Hay más experiencias circulares, más iniciativas y más empresas que incorporan criterios de circularidad, pero la economía lineal sigue creciendo y no está siendo sustituida”, expuso.

Joan Carles Calbet, Presidente del Gremi de Comerciants d’Electrodomèstics de Catalunya. / Maite Cruz
«Si no estamos todos mentalizados, será muy difícil avanzar en la gestión de residuos»
Según el director ejecutivo de INÈDIT, el principal problema es que durante décadas el debate se ha centrado en responder a una pregunta equivocada: qué hacemos con los residuos. “Lo que tenemos que hacer es cambiar la pregunta: ¿cómo hacemos para no generar residuos?”, planteó, concluyendo que “la producción circular no nace en el contenedor; nace en la escuela de diseño o en la escuela de negocios”.
Pese a las oportunidades que se abren hacia el futuro en este sector, se analizaron también los cuellos de botella que existen actualmente para que la circularidad se imponga. En este sentido, la directora general del Gremi de Recuperació de Catalunya, Victoria Ferrer, expresó la frustración del sector recuperador ante los plazos para obtener autorizaciones y ampliar instalaciones. “Nosotros podemos adaptarnos a todo, podemos hacer todos los proyectos necesarios, pero si para tener una licencia o ampliar las toneladas que puedes tratar se tardan dos, tres o cuatro años, has perdido al cliente y has perdido la economía circular”, lamentó.

Victòria Ferrer, Directora general del Gremi de Recuperació de Catalunya. / Maite Cruz
Ferrer aseguró que son muchas las empresas con capacidad tecnológica y voluntad inversora, pero que estas quedan atrapadas en procedimientos excesivamente lentos. La representante de los recuperadores también cuestionó la rigidez normativa. Según explicó, muchas instalaciones tienen limitaciones anuales de toneladas tratadas que dificultan adaptarse a la realidad del mercado y a los cambios operativos. “Si yo quiero trabajar 24 horas, siete días a la semana, 365 días al año, ¿por qué me lo tienen que limitar?”, se preguntó.
Planell reconoció estas dificultades y aseguró que la administración es consciente de que hay que simplificar procesos. “No puede ser que una empresa presente un cambio para adaptarse al mercado y no pueda hacerlo hasta dentro de cuatro años”, admitió. Según avanzó, la Agència de Residus de Catalunya trabaja en una “oficina única” para agilizar trámites y coordinar mejor los procedimientos.

Jordi Oliver, Director ejecutivo de INÈDIT. / Maite Cruz
«La economía circular crece, pero la economía lineal no decrece, no es substituída»
El papel de la industria
Otra de las grandes preocupaciones del sector es la falta de un mercado sólido para los materiales reciclados. Los participantes insistieron en que separar y reciclar no es suficiente si después la industria no reutiliza esas materias primas. “Si de todos esos materiales que se han separado el sistema productivo no los recoge y vuelve a producir, es complicado que todo funcione”, advirtió Planell. El director de la Agència de Residus de Catalunya puso el ejemplo del PET reciclado: “Si es más barato el PET nuevo que el reciclado, todo el trabajo que hemos hecho no sirve”.
Ferrer reforzó esta idea asegurando que, sin demanda industrial, el sistema pierde sentido. “Nos estamos haciendo trampas al solitario”, aseveró, e incidió en la necesidad de “herramientas para que las materias primas secundarias puedan incorporarse a los procesos productivos”.
En este sentido, se reclamó una regulación europea que obligue a incorporar porcentajes mínimos de material reciclado en los productos nuevos. Planell citó el nuevo reglamento europeo sobre vehículos fuera de uso, que exigirá que los coches nuevos incorporen al menos un 15% de plástico reciclado. “Eso hará que la industria se ponga las pilas”, concluyó.

Luis Moreno, Director general de la Fundación Ecolec. / Maite Cruz
«Tiene que cambiar el paradigma del consumo desde el punto de vista del productor»
Los consumidores
Más allá de las empresas y la administración, la mesa redonda coincidió en señalar el papel central de los consumidores. Pero también aquí aparecieron dudas sobre hasta qué punto la sociedad está preparada para asumir los costes de una economía más sostenible. “Compramos producto básicamente por precio”, afirmó el presidente del Gremi de Comerciants d’Electrodomèstics de Catalunya, Joan Carles Calvet, y añadió que “nadie se para a pensar cómo se ha hecho ese producto, de dónde viene, qué materiales se han utilizado o qué durabilidad tendrá”.
Calvet planteó una pregunta que todavía resulta incómoda: “¿Estaríamos dispuestos a pagar más por un electrodoméstico que tenga más durabilidad o que esté hecho con materiales reciclados? La respuesta general es que no”.
El director general de la Fundación Ecolec, Luis Moreno, apostó por hacer llegar mensajes más simples y comprensibles a la ciudadanía. “El ciudadano no sabe qué es la economía circular”, afirmó, “hay demasiados conceptos: consumo responsable, separación de residuos, reparabilidad… y al final mucha gente se pregunta qué puede hacer realmente”. Para Moreno, el gran reto es conseguir que los consumidores activen correctamente la cadena de reciclaje separando adecuadamente los residuos electrónicos. “Cuando un residuo llega bien clasificado a una planta es mucho más fácil de tratar”, recordó.

Marc Melús, CBO de Blue Room Innovation, / Maite Cruz
«Para tener una economía realmente circular, todos los actores tienen que coordinarse»
El director de la Agència de Residus de Catalunya, Albert Planell, apeló también al cambio cultural. “Venimos de una época en la que nos hemos acostumbrado a que todo es fácil y a que lo nuevo es mejor”, reflexionó, y “cambiar eso supone un cambio cultural profundo”.
A nadie se le escapa que los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos no dejan de crecer y que esta será la dinámica futura. Desde la Fundación Ecolec, Luis Moreno recordó que el mercado de aparatos electrónicos ha crecido cerca de un 80% en la última década y que se prevé un nuevo incremento del 30% en solo cuatro años. “Es uno de los residuos que más crece y más rápidamente”, advirtió.
“El reto no es solo recuperar acero, cobre o aluminio”, explicó Moreno, “también tenemos que recuperar las materias primas críticas que necesitaremos para el desarrollo futuro”.
Por su parte, Calvet diferenció entre la recogida de grandes electrodomésticos —que considera relativamente bien resuelta— y la de pequeños aparatos electrónicos. “Con las tostadoras, tablets o móviles es mucho más difícil”, reconoció.
Por otra parte, Calvet denunció el agravio comparativo entre el comercio tradicional y las grandes plataformas de venta online. “Las tiendas físicas cumplimos con la obligación de recogida y gestión de residuos; otros canales no hacen nada”, lamentó. Para Calvet, esto genera una competencia desleal: “Es muy injusto que unos tengamos que hacerlo y otros no”.
Trazabilidad y datos
La necesidad de disponer de más datos y mejor coordinados fue otra de las ideas recurrentes de la jornada. Marc Melús, CBO de Blue Room Innovation, advirtió que muchas empresas todavía tienen problemas graves de digitalización y compartición de información. “Nos faltan datos de calidad para tener claro el punto de partida y hacia dónde vamos”, explicó desde su experiencia liderando una compañía del sector.
Melús defendió que la tecnología debe servir sobre todo para reducir carga administrativa y facilitar la coordinación entre actores. “La tecnología no puede ser un fin en sí mismo; tiene que ser una herramienta para resolver problemas reales”, resumió.
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