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Tribuna

No necesitas más fuerza de voluntad, sino una mejor estrategia

Libros de Leandro Fernández Macho

Libros de Leandro Fernández Macho / Thinking Heads

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¿Sabes cuántas personas se proponen cambiar un hábito cada año? Muchas, muchísimas… En enero, en septiembre o justo después de un punto de inflexión. Pero lo verdaderamente sorprendente no es cuántas lo intentan, sino cuántas lo consiguen: más del 80% abandona antes de cumplir el primer mes, y solo alrededor de un 8% logra mantenerlo a largo plazo, según distintos estudios sobre conducta y motivación humana.

No se trata de falta de fuerza de voluntad (como muchos creen), sino de estrategia y autoconocimiento insuficientes. Aquí no ganan los más disciplinados, sino los que entienden cómo funciona su cerebro y crean las condiciones adecuadas para que el nuevo hábito tenga una oportunidad real de consolidarse.

La prioridad número uno de tu cerebro es la supervivencia. Por ello, está diseñado para lograr la mayor eficiencia energética posible. Ten en cuenta que nuestro modelo de cerebro homo sapiens, sapiens, se actualizó por última vez hace la friolera de entre 35.000 y 100.000 años, para sobrevivir en un contexto, donde el suministro energético (comida), no estaba garantizado. Así, todo lo que te resulta familiar (una rutina, una idea, una forma de actuar…), es algo que no requiere gasto energético (glucosa, oxígeno, riego) en forma de análisis y toma de decisiones conscientes. Además, lo “habitual” te genera sensación de control y, por tanto, seguridad. Por eso, el cerebro tiende a repetir lo conocido, que es eficiente o recompensante a corto plazo, incluso cuando ya no te hace bien ahora o a largo plazo.

Leandro Fernández Macho. Top Speaker Spain, coach ejecutivo, formador y divulgador y Top 100 conferenciante de Thinking Heads

Leandro Fernández Macho. Top Speaker Spain, coach ejecutivo, formador y divulgador y Top 100 conferenciante de Thinking Heads / Alberto Llamazares

Cada vez que tratamos de cambiar un hábito, estamos desafiando esa backup ancestral que trata de mantenernos con vida. Obligamos al cerebro a salir de su zona de eficiencia energética y entrar en zona de incertidumbre y supuesto “riesgo”. Ese esfuerzo inicial activa el sistema de amenaza, que libera cortisol (la hormona del estrés) y nos empuja a buscar alivio dopaminérgico en el sistema de recompensa cerebral. Y ese alivio suele venir de lo de siempre: abrir el móvil, picar algo, posponer la tarea… Alivio de corto plazo, que suele generarnos mayor incomodidad y dificultades a largo. Es entonces, donde una buena estrategia, que tenga en cuenta nuestra arquitectura biológica, pesa más que las ganas o la motivación.

La fuerza de voluntad es útil para iniciar el cambio, pero tiene sus limitaciones a la hora de sostenerlo. Confiar solo en ella para cumplir con tus propósitos es como querer cruzar un océano a pulmón: puedes avanzar unos metros, pero tarde o temprano el agotamiento te devolverá a la orilla.

“Más vale maña que fuerza”

Te suena la expresión ¿verdad? Aquí aplica a la perfección: las personas que consiguen mantener hábitos saludables no son las más fuertes, sino las que han logrado que el comportamiento que deseaban adoptar sea, de hecho, el más fácil de realizar.

El éxito del cambio consiste en reducir la fricción, en diseñar entornos, rutinas y recompensas que ayuden al cerebro a automatizar el comportamiento que deseas mantener. Si dejas el móvil fuera del dormitorio, no necesitarás autocontrol para no usarlo antes de dormir. Si preparas la ropa de entrenamiento la noche anterior, eliminarás una decisión más por la mañana, y si asocias el nuevo hábito a uno que ya tienes, por ejemplo, practicar tres respiraciones conscientes justo después del café, tu cerebro aprenderá a vincular ambos y empezará a repetirlos en cadena.

Hábitos e identidad

En el fondo, cambiar un hábito es una forma de rediseñarte. Y eso exige una mirada honesta: reconocer qué te frena y qué podrías ajustar para dejar de vivir en guerra con tu propio cerebro.

Es más fácil y más efectivo cambiar un hábito desde la curiosidad que desde la culpa. El “¿por qué no soy constante?” no ayuda tanto como el “¿qué hace que esta conducta sea tan fácil de repetir? ¿Qué alivio a corto plazo busca y cómo me hace sentir en realidad tras dejarme llevar por ella?”.

Cada hábito refuerza la historia que te cuentas sobre quién eres, y cuando cumples lo que te propones, tu cerebro registra esa coherencia como recompensa. Por eso, más que cambiar conductas aisladas, lo que de verdad resulta efectivo es alinear tus hábitos con tu identidad. Es decir, no tienes por qué “convertirte en alguien nuevo”, pero sí en alguien más coherente contigo mismo.

La mayoría de los propósitos fracasan porque nacen desde la exigencia y no desde la comprensión. Cuando entendemos cómo funcionamos, y aplicamos la neurociencia de los hábitos a nuestros deseos de evolucionar, el cambio deja de ser un castigo y se convierte en una consecuencia natural.

Leandro Fernández Macho: Top Speaker Spain, coach ejecutivo, formador y divulgador y Top 100 conferenciante de Thinking Heads