Drones a medida para mejorar los sistemas antiaéreos del Ejército
La compañía de la Región de Murcia Dronemur se encuentra lanzando el proyecto Walcott 1 para preparar las defensas aéreas ante vehículos no tripulados

Una unidad de dron producida a partir de una impresora 3D por el sistemWalcott 1. / L.O.
El equipamiento militar es muy costoso porque suele requerir la inversión de una importante cantidad de materias primas, su refinamiento y de largos procesos de investigación. Para dotar a los miembros de las Fuerzas Armadas de más y mejores armas es inevitable aumentar el gasto económico en el sector. Sin embargo, destinar más fondos de las arcas públicas a comprar, por ejemplo, carros de combate, genera debate social y cierta incomodidad en una población que, aunque entienda la difícil situación geopolítica actual, aborrece la guerra. De acuerdo con las encuestas realizadas en los últimos años, más de la mitad de los españoles no estaría dispuesto a luchar por su país en caso de que hubiera un conflicto bélico.
Una de las posibles soluciones es reducir al máximo los costes de los materiales utilizados por Defensa. Tal es el caso del sistema ‘Walcott 1’ desarrollado por Dronemur, una de las empresas integradas en el programa Caetra del Instituto de Fomento de la Región de Murcia (Info) para la apuesta por las tecnologías duales -útiles para el ejército y también para el ámbito civil-. Se trata de un dron impreso en 3D que sirve como blanco aéreo.
El CEO de la entidad, Antonio Samper Sáez, explica que sus dispositivos son capaces de replicar un ataque real, «individuales o en enjambres». Señala que las ofensivas en grupo son las más dañinas para las plataformas de defensa antiaérea. Esta preparación tan concreta es necesaria porque muchas baterías antiaéreas no están optimizadas para la baja cota a la que operan los drones, una altura significativamente menor que la de las amenazas aéreas convencionales. Además de facilitar un entrenamiento específico, posibilitan que estas pruebas se realicen con más frecuencia: «Antes este tipo de ensayos se realizaban una o dos veces al año».
La gran ventaja es que, de acuerdo con su criterio, permite ejecutar una simulación real de lo que te puedes encontrar en el futuro; «esperemos que no se tengan que usar nunca fuera del entrenamiento», puntualiza.
Asimismo, informa que la reducción de los costes es muy significativa. Sus unidades voladores cuestan entre 500 y 600 euros por unidad, mientras que los antiguos blancos superaban «sin muchas dificultades las cinco cifras». A pesar de la reducción del valor de los equipos, cuentan con herrmientas que están autorizados para la guerra como la fibra óptica. Indica que con esta última se consigue un mayor rendimiento porque, aunque el vehículo sea detectado por el enemigo, «no lo van a poder inhibir».
Autonomía
No obstante, el trabajo de Dronemur no se queda solamente en la impresión del producto, también se encargan de investigar y desarrollar mejoras en lo referente al hardware y software de los equipos. «Que sean capaces de volar en formación o como un enjambre, que sean difíciles de detectar», enumera el CEO, para explicar algunos de los elementos en los que trabajan.
El gran objetivo, según comenta, es conseguir que los drones sean autónomos a través de «algoritmos preentrenados o Inteligencia Artificial». «En la segunda versión que queremos lanzar en largo plazo, buscamos que el dispositivo pueda tomar decisiones cuando se enfrente a dificultades», explica. Se trata de que, si pierde la conexión con el GPS, sea capaz de utilizar la cámara para mantener la estabilidad o seguir su camino hacia el objetivo sin quedar totalmente inutilizado. «Podemos entrenar a los algoritmos con millones de fotos de tanques enemigos para que el dispositivo sea capaz de identificarlo de forma autónoma y atacarlo», ejemplifica.
Los vehículos voladores no tripulados también tienen software y conexiones, por lo tanto, pueden ser hackeados. Esta faceta de la ciberseguridad la contratan a otras firmas con más experiencia en el sector del ciberespacio y porque «hacerlo desde dentro, costaría mucho», hace hincapié Samper Sáez. «Nos encontramos en contacto con empresas cercanas a este ámbito de la seguridad informática que puedan adaptar nuestros aparatos a entornos hostiles y escenarios complicados», recalca.
Mundo civil
Más allá de los proyectos militares, la actividad principal de la sociedad es la creación de tecnología aplicada al mundo de los drones. Más concretamente, un directorio internacional en forma de plataforma digital que acoge a pilotos de todas partes y labores relacionadas con el análisis del estado de los campos de agricultura; así como la revisión del estado de placas solares con los propios dichas tecnologías y con otro tipo de programas.
El propósito del directorio, de acuerdo con el CEO, es facilitar a los clientes la posibilidad de encontrar un autónomo o una firma de estos dispositivos que se ubique cerca de ellos. Desde el punto de vista más visual, este programa se puede encontrar en la página web de la compañía y se trata de un mapa digital -similar a Google maps o Google Earth, por ejemplo- en el que se pueden encontrar, representados con marcadores, todos los pilotos del mundo apuntados en el sistema.
Samper Sáez aclara que ellos simplemente dan la herramienta, los especialistas que aparecen en el mapa tienen «libertad absoluta». «Ofrecemos la herramienta y obtenemos beneficios a través de la retención de un porcentaje de las ventas de los operarios», explica. Destaca que poseen un canal abierto para atender a sus peticiones y conocer sus necesidades: «Nos adaptamos a ellos, más que nosotros al sector».
Con respecto al área económica agrícola, Dronemur emplea sus equipos para realizar análisis sobre el estado de los campos. Declara que, a través de una cámara multiespectral, por ejemplo, pueden detectar «si las plantas tienen poca agua, si hay una plaga, etcétera».
Las cámaras multiespectrales son aquellas que permiten ver múltiples bandas del espectro electromagnético, es decir, cosas que el ojo humano no puede como el infrarrojo. El uso de estas cámaras desde el aire permite al agricultor hacer una muy buena radiografía de sus cultivos.
Sin embargo, el director de la entidad señala que sirven también para muchas otras funciones. En épocas de lluvia pueden generarse zonas inaccesibles para los trabajadores: «Si el agricultor no puede entrar, el dron se puede encargar de aplicar un producto necesario para las plantas», expone.
De igual manera que para el campo son útiles, sus tecnologías resultan muy atractivas para el área de la energía fotovoltaica. Los vehículos no tripulados pueden captar, con cámaras especializadas, roturas entre los paneles solares y recopilar datos sobre los mismos para hacer un profundo seguimiento de su estado.
Para esto último, explica Samper Sáez, crearon el sistema KingSolar: «Esta tecnología la creamos a partir de una deficiencia que había en el ámbito de la energía fotovoltaica que era unificar todos los datos generales que se necesitan para una planta». Se trata de un software que permite reunir todos las estadísticas «bajo un mismo ordenador». Las cifras se recopilan en base al trabajo de campo que hacen los operarios y que luego comparten con la compañía. Profundiza en que para este tipo de energías renovables se suelen utilizar objetivos térmicos para detectar la degradación de los paneles, pero también los técnicos para captar las anomalías más superficiales.
El punto diferenciador de este producto es que permite recrear con exactitud al elemento real y, por tanto, detectar con claridad los errores y los métodos a emplear para ponerles solución.
Uno de los fuertes que tiene este programa es la posibilidad de crear gemelos digitales -son réplicas virtuales de objetos físicos que simulan en tiempo real la composición y comportamiento, en caso de que lo tenga, del elemento-. Las copias que es capaz de generar el sistema, según el líder de la sociedad, «valen para el campo, para las plantas fotovoltaica... valen para todo». Además, se les pueden añadir a los ya recopilados con anterioridad.
El proceso, en palabras del CEO, suele ser el siguiente: «El cliente llama a alguno de nuestros operarios para que haga, por ejemplo, una termografía; posteriormente los datos se envían a la base que los recopila». Una vez tienen las cifras, hacen un análisis de los problemas y se lo comunican al cliente.
Antonio Samper Sáez, CEO de Dronemur: «No estamos preparados para los drones en el ámbito civil»
La juventud es un dolor de cabeza en algunos momentos, pero también es un tesoro en muchos otros. Cuando se han visto pocos abriles, la incertidumbre pega más fuerte que nunca, la opinión del resto importa demasiado y las dudas sobre la validez o no para una actividad determinada ocupan la mayor parte del cerebro. No obstante, al mismo tiempo, no existen ataduras, no hay mucho que perder y se suele manifestar un hambre voraz por querer comerse el mundo a cada paso que se da; las emociones son mucho más intensas en todos los sentidos. En esto radica la clave de Dronemur, una organización formada por miembros de poca edad que ‘han tirado hacia adelante’ con talento y, sobre todo, muchas ganas.
¿Cómo empezaron en este sector para Defensa?
A través de Caetra, de cierto modo. Entramos al proyecto justo en sus inicios y fue por el tema de los drones, por la dualidad que sabemos que tienen y que se podía explotar. Recibimos la invitación del Info y estábamos un poco confusos, pero todo se fue aclarando luego. Y desde ese momento hasta ahora, ha cambiado todo mucho en el mundo, se están utilizando mucho más estos equipos y parece que vamos camino de ver conflictos casi en su totalidad protagonizados por ellos
¿Qué proyectos tienen de cara al futuro?
En el futuro cercano queremos seguir desarrollando nuestra pata principal, el directorio para los pilotos de drones. Contamos con muchos operarios internacionales que están trabajando y necesitan una centralización de datos. También seguir desarrollando nuestro trabajo para la agricultura y la generación de energía fotovoltaica, ya que hay muchísimos informes entrando al mismo tiempo y tenemos que gestionarlo.
¿Qué es lo más complicado del directorio?
Que la gente viene un poco perdida con el tema de la normativa, es compleja. Hay que darle salida a través de la propia plataforma y no sólo en España, ni en Europa. Todo esto lo hace más difícil: normativas y legislación diferentes.
¿De qué sitios tienen pilotos?
De todo el mundo. Hay gente de España, de Europa, de Sudamérica. Puede ser complicado juntarlos a todos con las diferencias entre países. Por eso, queremos aprovechar los algoritmos de Inteligencia Artificial que van saliendo que nos permiten desarrollar software y plataformas con mucho menos tiempo invertido.
¿Cómo ha sido la experiencia de emprender?
Ha sido divertida, pero costosa. En el equipo somos tres jóvenes. Lo bueno de esto es que nos ha permitido pivotar mucho y tener capacidad de maniobrar y de ser flexibles, ya que no tenemos muchas cargas, ni a nivel familiar ni a nada que nos ate. Eso nos ha permitido ser más libres y hacer alguna que otra ‘locura’ en este campo.
¿Desde cuando se encuentran en el sector?
Empezamos a emprender con 15 años. Desde ese momento hemos estado con negocios digitales. Llevamos prácticamente una vida haciendo proyectos, lo que nos ha permitido fracasar, aprender y madurar otros como los que tenemos ahora mismo entre manos. Hay muchos que teníamos y que no se han acabado lanzando, pero es normal y nuestra juventud nos ha dado ese impulso para seguir con otras cosas. Se fracasa mucho, pero cuando se consigue sacar algo adelante es muy satisfactorio.
¿Se está consiguiendo llenar la deficiencia que había en las Fuerzas Armadas con respecto a los drones?
Si nos comparamos con otros países de Europa como el que está en conflicto, vamos muy retrasados. También lo estamos en cuanto a actualidad, hace falta modernizar los equipos. De todas formas, sí que se han hecho inversiones de unos 200 millones para la adquisición de algunos de Clase 1 y de Clase 2 y para modernizar los equipos antiaéreos. Además, ahora se ha creado una unidad, dentro del ejército de tierra, destinada a los drones. Hace no mucho hicieron un concurso de eso en Alemania y los pilotos de la Legión española fueron los ganadores. En resumidas cuentas, no estamos atrasados en cuanto a la adquisición de los equipos, sino en cuanto a la capacidad para neutralizarlos.
¿Y en el ámbito civil, estamos preparados?
No, ni en el ámbito militar ni en el entorno a pie de calle. Hoy en día cualquier persona puede coger una de estas máquinas voladoras y hacer algún tipo de barbaridad. Tenemos el ejemplo muy cerca, no paran de venir casos de Ucrania en los que se cuelan en una base naval. Imagina que pasa eso en Cartagena, ¿estamos preparados? Por eso es importante entrenar estos sistemas antiaéreos. Nos queda mucho, pero vamos avanzando poco a poco.
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