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Conectividad

Un Mundial por 6.000 euros: seguir a la Selección se ha convertido en un lujo al alcance de pocos

Asistir a los partidos del Mundial y de la Selección española ha pasado de ser algo asumible para cualquier persona con un sueldo medio a una experiencia cada vez más exclusiva para los aficionados al fútbol

El elevado coste de las entradas de esta edición y el hecho de que el torneo se celebre, por primera vez, en tres países, son dos de los motivos que explican esta tendencia

Varias personas asistiendo a un partido de fútbol desde la grada

Varias personas asistiendo a un partido de fútbol desde la grada / IA

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Hay sueños futbolísticos que, en España como en el resto del mundo, se transmiten de generación en generación. Uno de ellos es seguir a la Selección en los torneos, compartir la emoción con miles de aficionados y vivir esa experiencia en primera persona, y no a través de una pantalla. Al fin y al cabo, el fútbol siempre ha sido considerado el deporte del pueblo.

Hasta hace poco, viajar a un Mundial era un objetivo bastante asequible para los aficionados españoles. Solo hacía falta comprar las entradas para los partidos con antelación, buscar un hotel económico, pedir vacaciones... y ponerse en camino. Pero el Mundial 2026 está cambiando las reglas del juego. 

Por primera vez, el Mundial se celebra simultáneamente en tres países (Estados Unidos, Canadá y México) y abarca 16 ciudades. A los precios de las entradas se suman los vuelos transatlánticos, los desplazamientos internos y decenas de pequeños gastos que convierten el viaje en un proyecto de varios miles de euros. Por eso, hoy en día muchos aficionados españoles ya no se plantean si merece la pena ir. Lo que intentan es encontrar nuevas formas de ahorrar para que el viaje sea, al menos, posible

El porqué de todo ello

Según las estimaciones de diversos servicios turísticos y publicaciones futbolísticas, viajar al Mundial puede costar alrededor de 6.000 euros. Y eso contando con comprar con antelación las entradas, que distan mucho de ser las más caras del estadio, y con que controles tus gastos, desde el transporte y el seguro de viaje hasta el alojamiento.

Pero el principal gasto son las entradas, y es precisamente aquí donde las reglas han cambiado más, especialmente para asistir a un partido de alto nivel. El Mundial 2026 no solo es único por su geografía; es también el primer campeonato con un sistema de precios dinámicos como los aficionados al fútbol no habían visto nunca. La lógica es sencilla: a mayor demanda, mayor es el precio. 

Formalmente, las entradas para algunos partidos costaban solo 52,60 euros. Pero ahí está el truco: solo estaban disponibles a través de las federaciones nacionales, y muy pocos consiguieron realmente hacerse con ellas. En la venta libre, se pueden encontrar entradas desde 105,21 euros, aunque para la mayoría de los aficionados terminan costando mucho más. Por ejemplo, para el partido España-Cabo Verde se podía conseguir una entrada por entre 438,37 y 1.135,37 euros, mientras que para el duelo España-Uruguay, el precio en el mercado secundario empezaba en 1.315,10 euros.

Si el partido es de gran expectación, el precio de una sola entrada puede multiplicarse varias veces. Por ejemplo, el coste de la Categoría 1 para la final del 19 de julio en el estadio MetLife de Nueva Jersey subió gradualmente desde los 5.585,52 euros al inicio de la venta hasta casi los 9.636,55 euros. Poco después aparecieron también las localidades premium, por 28.909,65 euros.

En el Mundial de 2022 en Catar, los precios eran muy distintos. Durante la fase de grupos, los aficionados locales podían comprar entradas desde 9,65 euros, los extranjeros desde 60,50 euros, y la entrada más cara para la final costaba hasta 1.409,09 euros.

Como puede verse, la diferencia es notable. Quizás por ello han surgido dudas sobre la política de precios del torneo. Incluso antes del inicio del campeonato, dos organizaciones —Football Supporters Europe (FSE) y Euroconsumers— presentaron una queja formal ante la Comisión Europea. En su opinión, la FIFA, al ser el único vendedor de entradas para el Mundial, se ha aprovechado de su posición de dominio y ha impuesto a los aficionados unas condiciones que serían imposibles en un mercado competitivo. Por su parte, los fiscales generales de los estados de Nueva York y Nueva Jersey han iniciado una investigación oficial contra la FIFA por posibles prácticas desleales en la venta de entradas para el Mundial 2026. 

Un hombre celebrando el triunfo de la Selección española en el sofá de su hogar

Un hombre celebrando el triunfo de la Selección española en su salón / IA

Los aficionados se ven obligados a adaptarse

En estas circunstancias, muchos seguidores intentan ahorrar como pueden. Algunos eligen asistir solo al partido más importante, en lugar de a tres, por ejemplo. Otros buscan alojamiento en las afueras, donde pasar la noche resulta más económico. Otros, en cambio, se organizan con amigos, alquilan apartamentos para varias personas o incluso viajan en autocaravanas. En resumen, hoy en día el aficionado al fútbol —quiera o no— se está convirtiendo en un gestor de viajes.

Se encarga de combinar vuelos, calcular traslados y elegir el alojamiento con el objetivo de optimizar cada partida de gasto. Así, un vuelo de España a Norteamérica cuesta aproximadamente entre 800 y 1.200 euros (si se compran los billetes con antelación). Debido al formato del torneo, los aficionados también tienen que gastar más en traslados entre Estados Unidos, Canadá y México. A esto hay que añadir que los precios de los hoteles han subido notablemente: por ejemplo, en Guadalajara el coste medio del alojamiento ha aumentado un 132%, en Monterrey un 112% y en Nueva York alrededor de un 33%.

Otra de las partidas del presupuesto de viaje para el Mundial 2026 es la conectividad. Si hace unos años la mayoría de la gente simplemente activaba el roaming, caro e impredecible, de su operador nacional, hoy en día los viajeros más experimentados buscan de antemano opciones más rentables. Por ejemplo, el 'Football Fan Plan 2026', del proveedor suizo de eSIM Yesim, ofrece 10 GB de datos con una cobertura ininterrumpida en los tres países anfitriones: Estados Unidos, Canadá y México. Por supuesto, la conexión no es ni de lejos la parte más cara del viaje al Mundial, pero de ella depende el funcionamiento de todos los demás servicios en línea. Por eso es importante planificarla, calcularla y contratarla con antelación.

¿Qué significa esto para el fútbol «del pueblo»?

¿Significa esto que el gran fútbol se está convirtiendo poco a poco en un lujo? Indiscutiblemente, el aumento de los precios está cambiando nuestros hábitos como aficionados. Y no solo eso; está cambiando la propia atmósfera del fútbol mundial.

Para millones de españoles, la Selección no es solo un equipo. Es una tradición familiar, viajes con amigos, emociones compartidas y recuerdos para toda la vida. Pero hoy, cuando para muchos el coste del viaje equivale a varios meses de sueldo, poco a poco se está abriendo una brecha entre dos tipos de aficionados: unos que pueden apoyar al equipo desde las gradas y otros que solo pueden hacerlo frente al televisor.

El Mundial 2026 podría convertirse en el más exitoso comercialmente de la historia, pero, al mismo tiempo, en uno de los menos accesibles para los aficionados de a pie. Y esto podría ser motivo de preocupación, según señalan algunos expertos. Por ejemplo, el profesor de gestión deportiva Simon Chadwick advirtió que esta política podría alejar a los aficionados tradicionales, precisamente a aquellos que han convertido el fútbol en lo que es hoy. Por su parte, el director de Football Supporters Europe, Ronan Evain, señaló que el fútbol necesita hinchas, no solo espectadores. 

El fútbol sigue siendo del pueblo. Los viajes, ya no

El fútbol sigue uniendo a generaciones, pero el camino hacia las gradas se ha estrechado. Cuando una sola entrada puede costar lo mismo que unas vacaciones y el viaje completo ronda los 6.000 euros, es difícil no definirlo como un auténtico proyecto financiero.

Todos quieren saber quién ganará el Mundial 2026. Pero hay otra pregunta que no suele plantearse en voz alta: ¿seguirá siendo el Mundial una fiesta para millones de aficionados o se convertirá poco a poco en un evento al que solo unos pocos podrán asistir?