¿Qué nostálgico no recuerda aquellas tardes de sesión continua? He vivido el cine desde dentro. Durante años trabajé como operador de cabina en salas de Barcelona y Sant Boi. Para los que amamos el cine y la técnica de la proyección cinematográfica, era estimulante tener todo a punto: limpiar los objetivos y el espejo de la linterna, ajustar los carbones, cargar la cinta al proyector, hacer empalmes con acetona. Por cada proyector, un operador, como marcaba el sindicato. Ya no existen las marcas de cambios de rollo, ni los sacos con las cajas de las bobinas. La ciencia y la tecnología evolucionan inexorablemente y hacen desaparecer oficios más tradicionales. Primero fueron las lámparas Xenón, después los platos horizontales, la sustitución del acetato por el poliéster (ya no se rompía la cinta), los procesadores de sistemas de sonido dolby y finalmente la digitalización. Siempre nos quedarán películas como 'Cinema Paradiso' o 'Malditos bastardos' que nos recordarán cómo eran las proyecciones.
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