POR FIDEL MASREAL

Como el efecto de lanzar una piedra en un estanque: un sinfín de réplicas concéntricas. Así ha sido y sigue siendo el impacto de los brutales atentados de Barcelona y Cambrils, de los que se cumplen cinco años.

El seísmo no paró de crecer: de un hecho de una violencia extrema se pasó a un doble atentado, luego se conoció que el objetivo era causar el mayor daño nunca provocado en Europa, y más adelante se supo que el cerebro de los ataques está por descubrir.

Además, se constató el fracaso de la supuesta integración entre jóvenes en un pequeño municipio como Ripoll y el efecto terrible del discurso del odio. Y por si no había suficiente tensión social e impacto internacional, el caso se politizó y llegaron teorías conspirativas, hoy desvanecidas tras la sentencia judicial y la contundencia de los Mossos en su investigación.

El seísmo emocional de lo sucedido sigue vivo, las víctimas reclaman volver a ser el epicentro y la policía advierte de que pese a que Estado islámico está en horas bajas, no se puede bajar la guardia. El estanque sigue removido y sólo un mensaje parece concitar consenso: actuar enseguida ante cualquier discurso de odio. 

Cinco de la tarde del 17 de agosto del 2017. Una furgoneta irrumpe en la zona peatonal de la Rambla a toda velocidad y se lleva por delante 13 vidas y un centenar heridos en un macabro recorrido de 600 metros.

El rastro de dolor y pánico en el corazón de Barcelona es devastador. El autor del brutal atropellamiento logra salir corriendo por el mercado de la Boquería.

Las víctimas proceden de 34 nacionalidades distintas. El impacto internacional es inminente, con los precedentes de atropellos en Niza , Berlín, Londres y Estocolmo.

Todo el centro de la ciudad queda en shock y acordonado por la policía. Se trata del peor atentado terrorista en España desde el 11-M del 2004. Se activan todas las alarmas.

La gravedad de la situación crece exponencialmente cuando, pocas horas después, cinco terroristas con cinturones explosivos falsos intentan sembrar el terror en Cambrils.

A bordo de un coche, se saltan un control policial, hiriendo a una agente de los Mossos. Atropellan a varios peatones y cuatro de ellos son abatidos por el agente compañero de la policía herida.

El quinto atacante huye y acuchilla a una mujer. La policía también lo mata a tiros. Una mujer también fallece en el atentado tras ser embestida.

Los hechos podrían haber sido mucho peores. De hecho, se preparaba el mayor atentado terrorista de Europa.

Eso se comienza a intuir al comprobar que la explosión que tuvo lugar el día antes en un chalet de Alcanar no fue fortuita: los terroristas de la célula yihadista preparaban un atentado de grandes dimensiones con explosivos, que estallaron. 

La intención de la célula yihadista liderada por el imán Abdelbaki Es Satty era cometer el mayor atentado terrorista en Europa: un ataque simultáneo en Barcelona y París, con la Sagrada Família, el Camp Nou y la Torre Eiffel como objetivos.

La Rambla de Barcelona primero y el paseo marítimo de Cambrils después fueron el plan 'B'.

El 21 de agosto, los Mossos matan a tiros el autor del atentado de Barcelona al autor del atentado de Barcelona, Younes Abouyaaqoub, en una zona de cavas cercana a Sant Sadurní D’Anoia.

Estaba en un viñedo y dos policías le dan el alto. El joven mostró un cinturón explosivo como los de los terroristas de Cambrils, gritó “¡Alá es grande!” y corrió hacia los agentes. Los policías lo mataron a tiros. Tenía 22 años.

La actuación de la policía catalana es elogiada por la ciudadanía. Pero el caso entra en una evidente politización, a pocas semanas del referéndum independentista. El soberanismo saca pecho por la actuación de los Mossos d’Esquadra.

El rey Felipe VI recibe gritos independentistas de rechazo, en la manifestación unitaria.

Una parte del independentismo ha mantenido, incluso hasta la fecha, que el CNI tuvo una relación con el imán de la que no se han dado explicaciones suficientes e incluso se pone en duda que Es Satty falleciera en Alcanar.

La conclusión judicial y policial, años después, es que el caso está cerrado.

La onda expansiva de lo sucedido llega a Ripoll, con una pregunta generalizada:

¿Cómo es posible que un grupo de jóvenes vinculados familiarmente e integrados en la población de Ripoll se radicalizaran de manera tan rápida y devastadora, sin haber dejado señales de su proceso de adoctrinamiento a manos del imán Es Satty?

Catalunya y el conjunto de España reabren debates como integración, salafismo, convivencia, ascensor social y prevención de los discursos de odio.

Los atentados también generan un precedente. En la sentencia a los acusados de la célula, en mayo del 2021, se reconoce de forma pionera a las víctimas físicas y psíquicas del terrorismo. La Audiencia Nacional condena a penas de 53, 46 y 8 años de cárcel a los acusados por los atentados.

El tribunal declara a Houli y Oukabir miembros de la célula terrorista, pero no les condena por los atropellos. El tercer acusado es considerado culpable de un delito de colaboración por prestar la furgoneta. La sentencia no menciona al CNI, al que se vinculó con el imán Es Satty.

El tribunal sí considera probado que tras su paso por la cárcel por traficante, ya trató de radicalizar a dos jóvenes en Castellón.

Una fuente presente en la comparecencia del director del CNI, Félix Sanz Roldán, en el Congreso en el 2018, revela que Es Satty dejó de ser confidente policial en el 2014.

El seísmo llega a nuestros días porque existen incógnitas vivas. EL PERIÓDICO publicó en 2018 que el cerebro del atentado sigue libre y se mueve por Europa. Las fuerzas de seguridad tenían localizado al autor intelectual desde pocas semanas después de los ataques.

El imán era el enlace con el ideólogo. El comisario jefe de los Mossos Eugeni Sallent, afirma todavía hoy en declaraciones a EL PERIÓDICO: “Hay espacio para preguntarse si hubo alguna conexión directa o indirecta EI. Es Satty se considera un soldado de EI y así lo indica en su testamento vital.

En este sentido, desde el primer momento el EI reconoce que es un ataque suyo y por tanto es lícito preguntarse si había una comunicación previa en la que decía que atentaría, si se había establecido alguna relación con algún otro operativo en Europa. Pero la investigación llegó a un callejón sin salida.”

El impacto de los atentados seguirá vivo durante años en la retina de los familiares de las víctimas, por la brutalidad de lo sucedido, y de los profesionales de los servicios de emergencia, Mossos, Cruz Roja y en los ciudadanos que vivieron directa o indirectamente los hechos.

El trabajo psicológico con todos ellos sigue su curso pero las imágenes permanecerán durante años en el recuerdo, junto a la única repercusión en positivo: la solidaridad de la ciudadanía.

En cuanto al riesgo de atentados, Eduard Sallent, comisario de la Prefectura de los Mossos d'Esquadra, reclama atender al "ascensor social" porque "Es importante que todas las personas que viven en Catalunya, sean como sean y vengan de donde vengan, tengan la presunción de que tienen la igualdad de oportunidades".  "La situación de Estado islámico está deteriorada pero no podemos bajar la guardia", sostiene en una entrevista a EL PERIÓDICO.

Sallent es claro a la hora de dar carpetazo a teorías conspirativas sobre el CNI: " Desde hacía tiempo trabajábamos con el CNI en la lucha antiterrorista, en la detección y neutralización de células terroristas. El contacto era muy ordinario. Es una afirmación arriesgada, decir que estaba detrás del atentado y que había estado en contacto con Es Satty. No le doy veracidad".

El comisario celebra hoy sin tapujos la coordinación con el ministerio del Interior y el resto de fuerzas policiales españolas y europeas. Y se queja de la politización que sufrió el caso. Lo dice sin tapujos: "no la podemos obviar. Se produjo. Generó una caja de resonancia entorno a nosotros que fue poco edificante."

Documental sobre el atentado del 17-A de
EL PERIÓDICO

"Es un dolor difícil de superar, un dolor que nunca acaba de cicatrizar"

Un reportaje de EL PERIÓDICO

Textos:
Fidel Masreal
Infografías:
Francisco José Moya
Edición gráfica
Álvaro Monge
Coordinación y diseño:
Ricard Gràcia y David Jiménez