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Avanzando hacia la urbe del siglo XXI

Barcelona busca consolidarse para afrontar los retos de futuro
Texto: Anna Solà

Las ciudades, como las personas que habitan en ellas, se adaptan constantemente al contexto y a los retos actuales. Los ejemplos sobran cuando hablamos de Barcelona, si tenemos en cuenta los cambios que fomentó el Pla Cerdà o la celebración de los Juegos Olímpicos. La covid-19 ha sido el catalizador de una nueva reforma de la capital catalana impulsada por el Ajuntament de Barcelona: el objetivo es consolidar la ciudad y poder avanzar hacia los retos que plantea el futuro en cuanto a sostenibilidad y el cuidado tanto de la población como del sistema económico de la ciudad.

Barcelona es mucho más que plazas, calles y edificios: por ello, el nuevo urbanismo de la ciudad, a través del cual se está planteando la regeneración, integra las variables económicas y climáticas, así como la sostenibilidad y justicia social. Paulatinamente, se están llevando a cabo modificaciones para facilitar que la capital catalana se convierta en una ciudad del siglo XXI, más justa, saludable, inclusiva, diversa y productiva. Y en la que se deja atrás el dominio del vehículo privado para dar espacio a la ciudadanía, al comercio de proximidad ya la naturaleza.

Las actuaciones se integran en el programa integral de transformación urbanística Superilla Barcelona, que tiene un único objetivo: regenerar la ciudad para poner la vida en el centro. Es decir, hacer de Barcelona un lugar más habitable, donde la vida de todas las personas pueda desarrollarse en total plenitud, con bienestar y una buena calidad del aire, del medio, de la habitabilidad, de la salud y con menos ruidos. Asimismo, la ciudad es un espacio para vivir, por lo que la regeneración preserva todos los elementos que confieren carácter a la capital catalana, como su historia y memoria.


Reflexión colectiva


El escenario pospandémico ha hecho emerger el futuro de los modelos urbanos a escala internacional, especialmente si tenemos en cuenta el papel de las ciudades como lugares en los que vive más gente –la ONU calcula que el 70% de la población vivirá en ciudades en el 2050– y en los que, por ende, se consume más energía y se generan más emisiones. La respuesta a estas emergencias pasa por erigir un nuevo modelo de ciudad más resiliente y capaz de afrontar las problemáticas existentes, que en Barcelona se concretan en la crisis climática, la habitacional y social y la económica, además de preparar la ciudad para afrontar futuras posibles pandemias con las menores consecuencias posibles.


En este sentido, la pandemia ha dejado importantes lecciones que son imprescindibles integrar en el replanteamiento de los modelos urbanos, como la importancia de establecer vínculos de proximidad, contar con espacios que promuevan la vida comunitaria y la actividad física y fomentar la cohesión de los tejidos sociales y vecinales.


Diferentes urbes de todo el mundo están haciendo modificaciones en su trama urbana

Con proyectos como Superilla Barcelona, el consistori es protagonista en el debate sobre los modelos urbanísticos del futuro. Sin ir más lejos, los últimos informes de la ONU destacan el proyecto barcelonés como ejemplo a seguir en materia de sostenibilidad, junto con las iniciativas comunitarias de Liubliana, París y Munich, en Europa. También ha jugado un papel importante en la organización de las jornadas Superilla Barcelona. La ciudad después del covid-19 y ha participado activamente en la COP26 y el grupo de liderazgo climático C40, en los que políticos, expertos en diferentes materias y técnicos de las ciudades comparten experiencias y promueven los diferentes rumbos que pueden tomar las ciudades. Las preocupaciones son comunes: es necesario dar con un modelo que fomente la transición ecológica y cuide la vida cotidiana en todas sus dimensiones. Cambiar el futuro del planeta requiere transformar el presente de las ciudades como Barcelona, y urge empezar cuanto antes. Para ello, el gobierno municipal barcelonés afronta de forma proactiva los retos del futuro para construir una ciudad pensada para ser vivida (y disfrutada) por sus ciudadanos y ciudadanas. Ha impulsado una serie de medidas, actuaciones y normativas municipales principalmente urbanísticas pero con objetivos que van más allá del asfalto. Las actuaciones del plan Superilla Barcelona se dividen en cuatro ejes –transformación del espacio público, mejora de barrios y recintos, reactivación de tejidos económicos e impulso de la movilidad sostenible– y tienen emblemas tan reconocibles como las primeras superillas o la transformación de la avenida de la Meridiana.


Este plan cambia las reglas del juego y ya ha empezado a transformar las calles y la movilidad. Impulsa la regeneración urbana, con medidas sociales, ambientales y económicas, que mitiguen la crisis ecológica y habitacional que vivimos desde la defensa del interés público y que conlleven la mejora de los diferentes tejidos que hay en la ciudad, tanto el ciudadano y vecinal, como el económico o el urbano en sí mismo.