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Crisis vivienda

Manuel: "Vivo en la calle teniendo un trabajo, prefiero dormir en la calle y poder comer que estar en una habitación y no hacerlo"

Expone la realidad de la vivienda: ni un trabajo puede asegurarte un piso

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Uno de los usuarios del centro Cedia 24 Horas para personas sin hogar de Cáritas hace la cama de su cuarto.

Uno de los usuarios del centro Cedia 24 Horas para personas sin hogar de Cáritas hace la cama de su cuarto. / JOSÉ LUIS ROCA

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Cristian Miguel Villa

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Ni siquiera tener un trabajo a jornada completa garantiza hoy poder acceder a una vivienda. Esa es la realidad de Manuel Heredia, un mozo de almacén que trabaja ocho horas al día, cobra 1.200 euros al mes y, aun así, duerme en la calle.

Trabaja ocho horas al día, cobra 1.200 euros y aun así duerme en la calle

Manuel explica su rutina diaria: despertarse a las 5 de la mañana, arreglarse y coger el tren para entrar a trabajar a las 6 y 20 de la mañana. Ahí pasa 8 horas como mozo de almacén, se ducha y se prepara para iniciar la misma rutina al día siguiente.

Pero sí, lo verdaderamente peculiar de la vida de Manuel Heredia es que a pesar de tener un trabajo y rutina que podría definirse como 'clásica', vive en la calle. Y desde Cáritas ya avisan de que esta es una realidad cada vez más frecuente.

Según el último informe citado por las entidades sociales, hasta 1,4 millones de trabajadores son pobres pese a contar con un empleo estable. Eso es lo que lleva a personas como Manuel a tener que tomar una seria decisión: comer o vivir bajo un techo.

En el caso de Manuel, lo dice sin tapujos: "Prefiero vivir en la calle y poder comer que estar en una habitación y no tener comida." Y es que la realidad es que los precios de la vivienda, tanto en compra como alquiler, ponen a muchas personas como Manuel en esa misma tesitura, explica en 'ARA'.

Para pasar sus noches, Manuel simplemente coge cartones y todo cuanto tiene a mano y se acerca a una biblioteca para dormir. Es lo único que le permite su sueldo de 1.200 euros actualmente.

Lógicamente, Manuel se relaciona con muchas otras personas que tampoco pueden permitirse una vivienda y conoce de cerca lo difícil que es mantener una rutina estable cuando se vive en la calle. Él insiste en que quiere mantener sus rutinas, su higiene y su dignidad pese a las dificultades.

El objetivo de Manuel es ahorrar todo lo posible mientras vive en la calle para intentar acceder a una vivienda a finales de año. Su caso no es una rareza aislada, sino una advertencia incómoda: cuando trabajar ya no basta para tener un techo, el problema de la vivienda deja de ser una preocupación económica y se convierte en una emergencia social.

Fuente: Sport