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Difícil acceso al mercado inmobiliario

Los jóvenes ya no compran casas enteras: invierten ‘a trozos’ en vivienda desde los 100 euros

La tokenización inmobiliaria ya supera los 100 millones de dólares en inversión y gana peso entre pequeños ahorradores en plena crisis de acceso a la vivienda

Una pareja joven observa los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria, algo que cada vez es menos común o más difícil para este perfil

Una pareja joven observa los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria, algo que cada vez es menos común o más difícil para este perfil / Tomàs Moyà - Europa Press

Marcos Rodríguez

Marcos Rodríguez

Madrid
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Aunque hay excepciones, el acceso a la vivienda en propiedad se ha convertido en una carrera cada vez más cuesta arriba para los jóvenes. Con precios al alza, los tipos de interés todavía elevados y una oferta insuficiente –España arrastra un déficit estimado de 730.000 viviendas–, comprar un piso completo está fuera del alcance de buena parte de la población. Pero en paralelo empieza a consolidarse una alternativa: invertir en vivienda sin comprarla, a través de pequeñas participaciones digitales desde apenas 100 euros.

Este modelo, basado en la tokenización inmobiliaria, basada en la misma tecnología que las criptomonedas (blockchain), permite fraccionar la propiedad o los derechos económicos de un inmueble en activos digitales –tokens– que los inversores pueden adquirir de forma sencilla a través de plataformas online. En la práctica, supone trasladar al ladrillo una lógica similar a la de comprar acciones.

El crecimiento de este mercado empieza a ser tangible. Plataformas especializadas como Reental han superado ya los 100 millones de dólares de inversión acumulada en proyectos inmobiliarios tokenizados, con rentabilidades medias en torno al 13% anualizado en algunos casos, según datos del sector. Solo en abril, canalizó más de 5 millones de dólares en financiación en apenas un mes, reflejando el aumento del interés incluso en un contexto de incertidumbre económica.

Estos hitos no hablan solo de velocidad, sino que también hablan de confianza, de acceso global a activos reales y de lo que ocurre cuando la tecnología elimina las fricciones entre el capital y la oportunidad. Frente a la incertidumbre, el inversor no esconde la cabeza cual avestruz, sino que busca refugios tangibles y de alto rendimiento

Fernando Ors

— Presidente de Reental

“El inversor ya no necesita grandes capitales para acceder a activos inmobiliarios. La tecnología elimina fricciones y conecta directamente el capital con la oportunidad”, explican desde el sector. La clave está en la accesibilidad: cualquier usuario puede diversificar pequeñas cantidades en distintos proyectos, algo impensable en el mercado tradicional.

Perfil joven

Este cambio también se observa en el perfil del inversor. Según distintas plataformas, una parte creciente de los usuarios tiene entre 25 y 35 años y destina entre 100 y 300 euros mensuales a este tipo de inversiones como forma de generar ahorro a largo plazo. A ellos se suman perfiles más maduros que, ante la dificultad de comprar vivienda o la baja rentabilidad de otros activos, optan por este modelo como alternativa.

En paralelo, están surgiendo nuevos actores que combinan la tokenización con modelos operativos propios en el mercado inmobiliario. Es el caso de plataformas que adquieren viviendas antiguas, las reforman y las destinan al alquiler –a menudo por habitaciones– para maximizar la rentabilidad. Los inversores participan en los ingresos sin necesidad de gestionar el activo.

“Permitimos invertir en vivienda desde solo 100 euros de forma completamente digital, sin tener que comprar ni gestionar una propiedad”, explica para EL PERIÓDICO Robin Decaux, CEO y fundador de una de estas plataformas: Equito App. Según detalla, la integración tecnológica es clave: desde la selección de inmuebles mediante inteligencia artificial hasta la gestión del alquiler y la distribución automática de rentas.

Este tipo de modelos busca resolver dos problemas a la vez: facilitar el acceso a la inversión y, al mismo tiempo, reactivar parte del parque inmobiliario envejecido con edificios de más de 50 años. “No vamos a poder construir lo suficiente a corto plazo. Una de las soluciones pasa por rehabilitar y optimizar las viviendas existentes”, sostiene Decaux, que defiende el impacto social de este enfoque al ampliar la oferta de alquiler asequible.

Más allá de los casos concretos, el fenómeno forma parte de una tendencia global. La tokenización de activos inmobiliarios se ha consolidado como uno de los segmentos más dinámicos dentro de los llamados activos del mundo real (RWA, por sus siglas en inglés). El mercado global, que ya mueve miles de millones de dólares, podría escalar hasta varios billones en la próxima década, impulsado por la entrada de capital institucional y el desarrollo regulatorio.

Regulación y normativa

En Europa, el avance de marcos normativos como MiCA ha contribuido a dotar de mayor seguridad jurídica a este tipo de inversiones, uno de los factores clave para su adopción masiva. No obstante, el sector aún enfrenta retos importantes, como la educación financiera del inversor minorista, la liquidez real de estos activos o la fragmentación regulatoria internacional.

Con todo, la dirección parece clara. La vivienda, tradicionalmente un activo ilíquido, caro y reservado a grandes patrimonios, empieza a transformarse en un producto más flexible, accesible y digital. Para una generación que difícilmente podrá comprar casa en el corto plazo, invertir “a trozos” en el mercado inmobiliario ya no es una idea futurista, sino una opción cada vez más real.