20 sep 2020

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Es muy posible que la gran diferencia entre el Sant Jordi de verano y un Sant Jordi normal, celebrado en su fecha, sin virus de por medio, sin mascarillas ni distancias de seguridad y con las grandes avenidas entregadas a la celebración, es que en cualquier otro día del libro y la rosa resulta imposible hurtarse a la fiesta, mientras que el de este jueves bien podía pasar desapercibido para alguien en cuyo camino no se cruzara una librería. Va, como se ha repetido en los últimos días, por barrios, lo que quiere decir que en cada pueblo y ciudad fue distinto, pero el denominador común es que no fue la fiesta acaparadora de siempre, la que ni el más atolondrado de los turistas podía dejar de notar. El paseo de Gràcia y la Rambla Catalunya de Barcelona, tradicionales columnas vertebrales de la celebración, estaban vacíos. Fue una jornada que, básicamente, se vivió en las librerías. Pero allí, bueno: allí sí se notó la fiesta.

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