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La primera vez que Henry Cobeñas se dejó poseer por el payaso fue en el primer cumpleaños de su primogénito, Rubén. Le dijo a su mujer, Rosa, que había que hacer las cosas “como Dios manda”, llamó a su tía en Perú para pedirle el traje y el día señalado arrasó en el escenario con gracia, carisma e ingenio. Se bautizó a sí mismo Popi y empezó una carrera en el mundo de las fiestas infantiles que más tarde amplió al mundo de las fiestas de adultos y más tarde al de las bodas. Le fue tan bien que poco a poco ha reclutado a sus hermanos para cubrir la demanda: primero Pipo, luego Popita y al final Pepo.

"¡Payaso Popi, haz la risa!, me dicen los niños" (leer noticia)