07 abr 2020

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El día en que María de Soria-Santacruz entró en el MIT, una de las instituciones más prestigiosas del mundo, el temido techo de cristal que limita la carrera de muchas mujeres científicas se derrumbó bajó sus pies. Este logro, sin embargo, quedó matizado por una barrera mucho menos visible pero igual de pesada. "Me sentí orgullosa de lo que había conseguido, pero al verme rodeada de gente tan brillante empecé a temer de que me vieran como un fraude", relata la ingeniera aeroespacial barcelonesa, ahora afincada en el célebre Jet Propulsion Laboratory de la NASA. "Sentía que el éxito de los demás se debía a su talento y el mío solo era cuestión de suerte. O, en el mejor de los casos, solo era por todas las horas extra que le dedicaba al trabajo. Entonces descubrí que sufría del conocido como síndrome del impostor", explica en una conversación con este diario.

La prestigiosa científica que superó el síndrome del impostor (leer noticia)