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Tras más de dos años de náuseas, espasmos y mucha angustia, España tiene por fin, de forma convenientemente acreditada, su primer tragasables, disciplina extrema que, si la cuestión a debate fuera otra, podría decirse que es el Everest de los faquires, pero visto en qué consiste, será mejor afirmar que es la Fosa de las Marianas de las artes escénicas. Lo ha logrado Jaime Oms, alias Fakir Testa, con una espada de 43 centímetros de hoja, más que suficiente, porque la Asociación Internacional de Tragasables (sí, lectores, esos existe) exige un mínimo de 38. Es de acero turolense. De momento, tal vez porque cuesta cogerle cariño a algo que te ha hecho sufrir, no le ha puesto nombre. Cuando lo haga, que no sea, por ejemplo, Excálibur, porque en este espectáculo es fundamental ‘desclavar’ la espada. Desde que se lleva a cabo un cómputo más o menos exacto de incidentes con tragasables, o sea, desde finales del siglo XIX, ha muerto o sufrido irreversibles heridas uno de estos artistas cada cinco años.

El primer tragasables con D.O. ibérica (leer noticia)