01 abr 2020

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Elisabeth Muñoz vive en Barcelona desde febrero del 2018. En Colombia, su país, trabajaba de auxiliar de enfermería. Aquí ha trabajado de lo que ha podido. Hasta enero trabajó en un restaurante, haciendo tareas de limpieza. Tiene asilo político, permiso de trabajo y sus títulos sanitarios en trámites de homologación. Todo eso y, sobre todo, está llena de impotencia al verse atada de pies y manos por una mera cuestión burocrática. Y Elisabeth no es la única. En solo cuatro días han formado un grupo de unos 50 sanitarios de toda América Latina con al menos dos cosas en común: las ganas de poner su granito de arena en la lucha contra el coronavirus y la imposibilidad de hacerlo por no tener los títulos homologados en España (y, en algunos casos, estar en situación irregular).

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