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Todas las defensas compartían un objetivo prioritario: negar el alzamiento y la violencia, requisitos necesarios para considerar rebelión lo vivido en el otoño de 2017 en Catalunya. Como mucho, admitieron, hubo desobediencia. Quizá desórdenes públicos y hasta "actos concretos y minoritarios de resistencia a la autoridad", pero nada más. Por no haber ni siquiera se declaró la independencia, ni se arrió la bandera de España. Y hasta se acató la aplicación del 155 de la Constitución. El documento Enfocats en el que se basan las acusaciones fue "humo" y la coordinación entre cuerpos policiales el 1-O, "un fraude".

Desobediencia, sí; rebelión, no (leer noticia)