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Otro arbitrario golpe de autoridad de la Junta Electoral Central. Aliada con Instituciones Penitenciarias, han prohibido que Junqueras (y por carambola, Puigdemont) participase en el debate que TV-3 emitió la noche del martes. Dejo a los analistas políticos que valoren la trascendencia política de esta prohibición. Desde un punto de vista televisivo, certifico que ha sido un error monumental. Nos han cercenado un espectáculo escénico de primera magnitud. Habría sido bárbaramente interesante ver frente a frente en un plató –aunque estuvieran a distancia– al presidente que eligió escaparse y al vicepresidente que eligió quedarse. Al margen de la política, ese encuentro, ese face to face –aunque fuera a través de plasmas– habría sido de una potencia televisiva colosal. El factor humano en este caso habría sido formidable. Un tremendo contraste. ¡Ahh! A esta Junta Electoral Central creo que le pasa una cosa digna de estudio psiquiátrico. Es un organismo que regula los debates televisados y da la impresión de que la tele le produce urticaria. Es una situación disparatada. Es como si a alguien que abomina del fútbol le pusieran de árbitro en un Barça-Madrid, pongamos por caso.

Un político en un 'pendrive' no engancha (leer noticia)