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A mí los espaguetis ya no me gustan si no les meten triple dosis de peperoncino. O sea, mi paladar se ha pervertido y solo encuentra gusto cuando están all’arrabbiata. Con los debates políticos pasa igual. La tele nos ha acostumbrado a la pirotecnia, al petardazo, al impacto. Buscamos salsa picante. El otro día lo dijo Pablo Iglesias en El hormiguero (A-3 TV), quejándose de que solo haya un debate con los cinco candidatos: «Será estilo monólogo, uno detrás del otro» y reclamaba debates con mordiente. En el debate del viernes en TVE-1, el moderador Xabier Fortes les decía: «¡Todos contra todos, todos contra todos!». Les animaba. Comprendámosle. Lo hacía con buena intención. Sabía que sin combates cuerpo a cuerpo, no hay minuto de oro ni nada. A pesar de estar la tremenda Cayetana, no se consiguieron peleas resaltables. Pero ocurrió un lance al final, cuando los debatientes ya se despedían: Aitor Esteban (PNV) le negó el saludo a Espinosa de los Monteros (Vox). Pasó de él. No quiso estrecharle la mano. Fue al final, repito, pero con ese gesto cualquiera de las cadenas de los imperios privados habría sacado petróleo. Es más, en lugar de dar el encuentro por terminado yo creo que lo habrían prolongado. El cacao estaba asegurado.

"¡Racista!", "¡Fascista!": la salsa 'arrabbiata' (leer noticia)