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Confía A-3 TV en que la constante aparición de esculturales estríperes en su serie Toy Boy actuarán como gancho y elevarán la audiencia de manera colosal. Por ahora parece que el gancho engancha menos de lo que se esperaba. No es por falta de esfuerzos ni de ganas. El protagonista --que interpreta Jesús Mosquera-- no escatima buena voluntad. No hay capítulo –y ya llevan tres emitidos– en que no salga cuatro o cinco veces en tanga. Cuerpo espectacular. Y el Club Inferno, que es donde ejecuta su arte con otros tres o cuatro boys también esculturales, se llena cada noche de señoras, de muchachas, de personal femenino en general, que celebran despedidas de solteras y despedidas de casadas, y disfrutan una barbaridad tocando a los boys con sus manos, besándoles, prendiéndoles en el tanga billetes de 20 o 50 euros sobre la marcha, y se arman unas juergas sensacionales. He advertido que cuando se celebra una despedida de casada la orgía alcanza mayor intensidad. Es natural. Una despedida de soltera en el fondo es celebrar un amarre, una forma de encadenarse. La despedida de casada en cambio es la liberación, es mandar a la porra al pollastre. Y eso provoca en las damas una excitación muy particular. Los estríperes del Club Inferno hacen siempre un número provocador impecable. Pero a pesar de la excitación del estriptís, la serie, repito, no acaba de enganchar.

Estríperes frente a las plataformas de pago (leer noticia)