Ir a contenido

Qué triste y desesperanzador documental el que nos acaba de ofrecer 30 minuts (TV-3). Morir en solitud se titula. Tres realizadores japoneses nos han enseñado lo que está ocurriendo en su país: cada vez aparecen más ancianas y ancianos, que viven solos, muertos en su domicilio, sin que nadie les haya echado en falta en días, semanas, meses, años incluso. Mientra dura su vida laboral, sus relaciones con el mundo son normales. En cuanto se jubilan, quedan desconectados. Se encierran. No se relacionan. Nos hablaron del caso de una persona que llevaba tres años muerta. Saltó la alarma por las moscas y el olor que salía de los respiraderos de su piso. Aquí también sabemos lo que es eso. Hace poco, en la Ciudad Lineal de Madrid, encontraron a una ciudadana momificada en su casa. Llevaba 15 años muerta. ¡Ah! Lo terrible no es que te mueras. Lo pavoroso es que nadie se haya enterado que has dejado de existir. O sea que mucho antes de morir ya eras socialmente un difunto. Salió un ingeniero japonés, jubilado, metido en su minúsculo pisito, que decía: «Sé que voy a morir solo. Ya me he hecho a la idea». Y volcado sobre un cuenco de rroz iba comiendo tristemente, taciturnamente, sin demostrar placer alguno, con sus palillos.

Morirás solo, aunque tengas la tele encendida (leer noticia)