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Sorprendido el Gran Wyoming de que en los medios de comunicación se haya generalizado llamar al diputado de Podemos Alberto Rodríguez por el mote, El Rastas, en lugar de por su apellido real, clamaba en El intermedio (La Sexta) con mucho enfado: «Basta, basta, a Pedro Sánchez nadie le llama El guapo, ni a Gabriel Rufián El chatarras». Y en un gesto muy hermoso de mímesis capilar con el diputado canario, se puso Wyoming también unas rastas y gritó: «Saquemos a Franco de una vez del Valle de los Caídos y metamos ahí a Bob Marley». ¡Ah! Este asunto de los motes es grave. En política más. El virtuoso socialista Carlos Solchaga, por ejemplo, lleva soportando desde que fue Ministro de Economía (1985) el mote de El enano de Tafalla. En México es peor. En las últimas elecciones del año pasado los boletos ya venían impresos con el mote del político en lugar de con su nombre, como el tremendo caso del diputado Alan Jesús Falomir Sáenz, que en las papeletas electorales aparecía como El cabrito de Chihuahua.

Motes sin fronteras: el caso de 'El Rastas' (leer noticia)